14 de abril de 2018
14.04.2018
Tribuna libre

14 de abril de 2018

14.04.2018 | 04:00

Una imagen vale más que mil palabras. Este es uno de los axiomas de la comunicación y es que la imagen que nos ha trasladado el régimen tripartidista borbónico es la mejor prueba de la vuelta al pasado de esta «España como problema», que decía Pedro Laín Entralgo.

Durante mucho tiempo venimos denunciando que el Gobierno del Partido Popular y sus adláteres tienen un ADN franquista que, en estas fechas, rebrota como las flores en primavera. Posiblemente mucha gente de buena voluntad no nos crea pensando que son manifestaciones exacerbadas o desaforadas fruto de la confrontación política entre la izquierda y esta derecha 'civilizada'. Lo hemos denunciado cuando realizando ellos la gestión de la crisis y de la economía, han beneficiado a las clases altas, a los que más tienen. Lo hemos denunciado cuando reprimen las protestas sociales que van contra la violencia que suponen sus políticas para la mayoría social y que favorecen a sus amigos: banqueros, especuladores y grandes empresarios.

Lo hemos denunciado cuando se encausa y encarcela a quienes denuncian esta situación, ejerciendo el derecho a la libertad de expresión y de información. Lo hemos denunciado cuando una justicia con reminiscencias franquistas y unas fuerzas de seguridad al servicio del poder golpean al pueblo del que ellos forman parte.

Lo hemos denunciado por los tics franquistas hacia la escuela y la educación pública, por no respetar las leyes o la Constitución que dicen defender que expresa que España es un Estado aconfesional, vamos, sin religión oficial. Y otros artículos que están ligados a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, como el derecho a un trabajo y a una pensión digna, vivienda, sanidad y educación para todas y todos, etc.

Ese viaje al pasado, ese viaje al blanco y negro de nuestra historia reciente, el viaje al postfranquismo que añoran las y los que nos gobiernan, todo ello tiene un profundo significado estratégico de control social. La vergonzosa vuelta a los años de la dictadura lo hemos visto en vivo y en directo, el ejemplo de los cuatro ministros cantando el himno de la Legión, las banderas a media asta por la muerte de Cristo o la Cospedal caracterizada con mantilla negra como la insigne Carmen Polo de Franco, nos han helado la piel y erizado el bello a muchos españoles y españolas.

Es un claro mensaje a sus huestes, y también un mensaje a navegantes: estamos en guerra y la vamos ganando nosotros. Ante esta grave situación no caben, por nuestra parte, medias tintas.

Veo en redes sociales, incluso en comentarios de bar con mucha indignación, propuestas muy revolucionarias pero, cuando se convocan acciones, cuando es el momento de actuar, no veo a muchas de estas gentes en las calles, ni organizadas para dar una respuesta coherente, contundente y unitaria ante esta situación. Reconozco que me invade la exasperación, solo superada por las movilizaciones de nuestros mayores y de otros sectores valientes en defensa de sus derechos.

Hemos dejado atrás los días de la Semana Santa, donde los que hoy tienen el poder (espero que en un día no muy lejano cambie de manos) siguen con la utilización de la fe de mucha gente, se llevan el agua a su molino para la defensa de sus intereses.

Ahora entramos en una semana significativa, importante para la izquierda y para las gentes que desean y anhelan que el mundo gire en otro sentido: la semana que conmemoramos la República y lo que política y socialmente significa. No nos quedemos en el recuerdo de lo que pudo ser y no fue por el criminal golpe de Estado fascista, sino por lo que queremos que sea.

Se nos presenta, pues, una semana y un día extraordinarios: hoy, 14 de abril de 2018, a diez años de la crisis y setenta de la solemne Declaración de los Derechos Humanos en la ONU. Una oportunidad irrepetible por la situación que vivimos, unos días en los que debemos mostrar mediante la acción pedagógica, que hay otra forma de hacer las cosas, que la República es el mejor de los regímenes posibles, pero no cualquier república (que diría mi admirado Julio Anguita) sino una república de trabajadores, laica, solidaria y federal.

No nos quedemos solo en esto. Hoy llenaremos las calles de esperanza, de ilusión y de rebeldía. Que la imagen que traslademos al pueblo español sea la de esa mayoría social que se une para decir 'basta ya', para denunciar que este régimen se nos ha quedado pequeño. Vamos a iniciar un proceso constituyente hacia la III República donde quepan todos nuestros derechos, ilusiones y que genere una vida digna para las generaciones futuras.

No perdamos la ocasión, vayamos hacia La III República, demos la batalla.

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