Pocos lugares han tenido que reinventarse como lo hizo el rincón insólito de esta semana: Puerto Lumbreras. En apenas unos años, pasó de convertirse en la puerta de entrada del Mediterráneo a Andalucía -donde los comercios de piel, cerámica y hostelería eran la imagen del último municipio de la Región antes de adentrarse en las maravillosas tierras andaluzas- a una ciudad que tenía que luchar, como la mayoría, para atraer visitantes que no iban de paso, sino buscando nuevos destinos y experiencias. Además, durante años, esta localidad albergó el único Parador Nacional de Turismo, actualmente en Lorca, lo que daba una idea de la importancia para el viajero de un lugar que se convirtió durante décadas en la última frontera.

Aún recuerdo mis primeros viajes a Puerto Lumbreras, cuando se tardaban dos horas en llegar allí desde la capital, camino a Granada o Málaga. Incluso a mediados de los ochenta fue el primer destino de mi hermano, en la extinta Cajamurcia, y allá que nos íbamos los lunes temprano para dejarlo y volver el viernes a por él. Aunque mis primeros contactos con esta localidad se remontan a mi infancia, cuando mi vecino de playa, Alfonso Guevara, hacía patria de su pueblo por la costa alicantina.

Ahora, la imagen de la ciudad ha cambiado, pero no sus gentes, hospitalarias, abiertas y que no pierden ocasión de mostrarte su disposición a hacer fácil la vida al visitante.

En La Posada, un lugar con más de veinte años de historia, Irene y Alfonso te hacen sentir en familia.

Me tomo un café en La Posada, un lugar con más de veinte años de historia, que se encuentra junto al Ayuntamiento; en su particular exterior merece la pena sentarse especialmente en los días de sol, de calor, cuando la brisa se agradece y, además, el servicio que prestan Irene y Alfonso te hace sentir casi en familia. Por cierto, en esta ciudad, su arroz con pava es fantástico, y sus platos -eso lo siguen conservando- son algo más que abundantes.

Han desaparecido aquellos negocios de antaño, pero la esencia la siguen manteniendo. Puerto Lumbreras es una ciudad que bulle en sus arterias principales, aunque por culpa de la pandemia que nos ha hecho mucho daño, su adaptación se ha ralentizado, pero estoy seguro que su Castillo, sus Casas Cueva y su Cabezo de la Jara, volverán a relucir y dar sentido a un lugar que aún tiene mucho que enseñar.

Desde su espectacular Castillo de Nogalte, símbolo de la ciudad, se pueden ver las Casas-Cueva y un pequeño auditorio en el que es fácil imaginar un concierto con unas vistas maravillosas.

Un paseo por las alturas

Antes de subir a su Castillo de Nogalte, les recomiendo que tras, desayunar en La Posada, se acerquen sin prisa a la carretera que les llevará a su Observatorio. Unos ocho kilómetros paseando un poco más cerca de las nubes.

No vayan rápidos, la carretera está bien, pero disfruten cada panorámica que les ofrece este espacio tan singular: desde aquí pueden observar desde el Valle del Guadalentín hasta sus Cuevas. Incluso les recomiendo que, antes de adentrarse en sus paseos astronómicos, avancen dos o tres kilómetros más en su coche, o si son deportistas, en bicicleta; al fondo, podrán ver la Sierra de María, y, bajo ella, Vélez Blanco con su Castillo. Y es que pocos lugares te ofrecen un mirador desde donde observar casi el 30% del territorio regional.

Paseos astronómicos

Deje el coche junto al Albergue, que por desgracia anda un poco descuidado, espero que pase pronto esta crisis y de nuevo sus instalaciones recuperen su razón de ser. Por cierto, si tienen oportunidad, este lugar por las tardes-noches, desde el abril al octubre, como decía el poeta, ofrece postales de cuento de dibujos animados, y si pueden concertar una visita guiada para observar las estrellas en verano, como se dice por aquí, disfrutarán como enanos.

En su Observatorio, que además cuenta con diferentes relojes solares y lunares, se pueden reservar visitas guiadas en verano para ver las estrellas.

Su recorrido por los diferentes relojes solares y lunares merece la pena, solo falta que el Ayuntamiento acondicione y ponga en valor puntos de agua, servicios y mesas, para convertirlo en un paseo con un valor añadido único y diferente.

Castillo y Casas Cueva

No te vayas de Puerto Lumbreras sin subir a su Castillo de Nogalte. Hacía tiempo que un lugar no me sorprendía tanto después de coronar su última cuesta. Sus vistas, sus Casas Cueva, su pequeño auditorio... todo ello bajo las faldas del símbolo de la ciudad, son simplemente espectaculares.

🎸 Nogalte Acústico

📢🎸‼️Mañana es el día‼️🎸 Este sábado desde las 21:00 h. el patio del Centro Cívico se inundará de magia, sentimiento y talento artístico, en una noche inolvidable. ❇️Además de LODE y Jose Ignacio, tendremos el placer de disfrutar con dos maravillosas cantautoras lumbrerenses, cuyas voces y guitarras hipnotizan: Amarela y Eliana Poveda. 👉🏻Reserva ya tu entrada 🎫 de forma totalmente gratuita esta mañana de 09:00 a 14:00 h. en el teléfono 📞 652 90 22 82. ❇️ También se podrá acceder al recinto sin reserva previa antes del concierto, hasta completar aforo. #NogalteCultural #CulturaSegura #disfrutapuertolumbrerasesteverano

Posted by Ayuntamiento Puerto Lumbreras on Friday, July 23, 2021

Es fácil imaginarse aquí un concierto, una obra de teatro, a cientos de niños y niñas visitando sus Casas Cuevas, donde los sentidos cobran especial relevancia, o cenando viendo atardecer. Estoy seguro que, más temprano que tarde, este conjunto que configura un lugar especial recuperará su esplendor.

Mientras miro absorto desde sus miradores su rambla, me cuentan hasta donde llegó aquella riada que anegó vidas y sueños

Mientras miro absorto desde sus miradores su rambla, me cuentan hasta donde llegó aquella riada que anegó vidas y sueños, hasta quince metros de altura llegó alcanzar la cota de agua. De pronto, el cuerpo se estremece con tan solo imaginar aquella catástrofe que dio la vuelta a medio mundo. Dentro de poco, en 2023, se cumplirán cincuenta años, una fecha que podría convertirse en el punto de inflexión para que la vida y el futuro vuelvan a aflorar en la cima de su Castillo.

Es ya tarde, dejo atrás sus calles y comercios, paso por aquel Parador Nacional que un día soñó con ser un referente formativo gastronómico.

Me vuelvo con mis pulmones llenos de aire puro y mi mirada repleta de recuerdos y paisajes. Merece la pena asomarse a esta tierra de fronteras, al menos, una vez al año.

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