23 de febrero de 2018
23.02.2018
Carta abierta

La odisea en el hospital de Lorca de una madre y su hija atropelladas se hace viral

El marido y padre de las víctimas del accidente ha publicado un post en Facebook en donde cuenta con todo lujo de detalles los problemas que soportaron en el Rafael Méndez

23.02.2018 | 19:30
Hospital Rafael Méndez

El pasado 1 de febrero dos mujeres, madre e hija, fueron atropelladas y trasladadas al hospital Rafael Méndez de Lorca. Los problemas a los que se tuvieron que enfrentar en el centro médico han sido descritos en Facebook por Diego DC, marido y padre de las víctimas del accidente.

La indignación que ha provocado en redes sociales ha sido tal que, en menos de tres días su 'post' ha sido compartido 630 veces y cuenta con más de un centenar de comentarios.

Carta íntegra de Diego DC:

Carta abierta a la Dirección del Hospital Rafael Méndez de Lorca, a los profesionales y trabajadores que en el desarrollan su labor y a quien corresponda, incluidos por supuesto los políticos y responsables diversos de nuestra Sanidad.

Paso a exponer en ella lo acontecido a mi mujer e hija durante el periodo en que ambas han sido atendidas en Urgencias y han permanecido hospitalizadas en dicho centro a resultas de un accidente de tráfico ocurrido el pasado día 1 de febrero del corriente año, cuando fueron atropelladas, debido a un despiste del conductor de un automóvil, mientras atravesaban un paso de peatones.

Vaya por delante que mi intención, al margen de otras medidas que consideremos oportuno adoptar, es que los hechos y situaciones por los que ambas han pasado se conozcan, aún a pesar de lo que me cuesta dar este paso debido a que considero algo prioritario la privacidad de ambas, así como de todo lo referente a mi familia, si bien entiendo y considero que es de justicia que estos hechos se conozcan, principalmente por si sirven para concienciar a alguien y evitar situaciones similares en lo sucesivo, algo que por otra parte me permito dudar muy mucho dadas las circunstancias que concurren en dicho hospital y de las que estos días me están llegando innumerables testimonios negativos, que para mí tienen toda la veracidad dado que me son referidos bien en primera persona, bien por familiares directos de los afectados, aunque lógicamente me centraré sólo en aquello que hemos vivido (y sufrido) de forma directa.

Como digo ambas sufrieron un atropello al que acudieron en un primer momento médicos y sanitarios, así como la única ambulancia disponible del cercano Centro de Salud de Puerto Lumbreras, solicitándose tras las primeras valoraciones in situ una segunda ambulancia por parte del médico la cual tuvo que venir desde Lorca tardando, sencillamente, una eternidad, especialmente dadas las circunstancias.

Una vez ambas en el Servicio de Urgencias de dicho Hospital se procedió a realizarle una radiografía a mi hija y un TAC a mi mujer para descartar posibles lesiones en la cabeza, donde ambas habían recibido golpes con abundante pérdida de sangre, algo que por fortuna y gran alivio por nuestra parte tuvo un resultado favorable, con lo cual nos informaron de que no había lesiones y que ambas, en principio podrían marcharse a casa sin mayores problemas, a pesar de que mi hija se quejaba de fuertes dolores en la espalda y mi mujer en las piernas, además de por todo el cuerpo como no podía ser de otra forma dada la magnitud del atropello del que habían sido víctimas.

Y a partir de aquí empezamos con los despropósitos.

Como digo, mi hija se quejaba de fuertes dolores en la espalda mientras les decía a las enfermeras en repetidas ocasiones que estaba perdiendo sangre por la cabeza sin que nadie hiciese nada mas allá de intentar tranquilizarla ya que según ellas esa sangre no era más que suciedad adherida al pelo, procedente del enorme raspón que tenía en la cara, y poco más.

No fue hasta que se mareó, debido al dolor cuando un enfermero intentó acomodarla en la camilla, que decidieron hacerle un TAC, a resultas del cual nos informaron de que tenía cuatro costillas rotas, que después resultó ser que eran seis.

Mientras se dirigía a la exploración puso sus manos en la zona posterior de su cabeza y se la mostró, llenas de sangre, a quienes la llevaban en la camilla en ese momento, a resultas de lo cual decidieron, entonces sí, hacerle caso, siendo necesario aplicarle 11 grapas para coser la herida de la cabeza, esa que parecía no existir hasta ese momento.

Había llegado al hospital sobre las 10 de la noche y era la 1 de la mañana, 3 horas para que le prestaran atención a una herida que era más que evidente y nos dijeran que no se iba a casa, claro, que se quedaba internada, debido a las costillas rotas.

Y mientras tanto mi mujer permanecía en todo momento en la camilla en la que había llegado al hospital, y en la que le habían realizado el TAC e ignoro si hecho alguna otra prueba, algo que en este momento desconozco, aunque dudo muy mucho que así fuera.

Y llegamos al momento de comentar que en la actualidad el Hospital Rafael Méndez es un centro Universitario, lo cual implica que en él hay Alumnos en formación, los cuales van practicando y aprendiendo se entiende que bajo la supervisión de los profesionales ya acreditados que allí hay (a buena parte de los cuales no puedo sino felicitar por su labor, interés y forma de desarrollar su trabajo, es de justicia hacerlo ya que así lo vivimos también).

No puedo sin embargo felicitar al médico que valoró el corte que tenía mi mujer en la cabeza para dirigirse después a dos chicas, estudiantes de enfermería que lo acompañaban, para decirles que venga, que lo cosieran, abandonando a continuación la habitación.

Así que mi mujer tuvo que oír como una le decía a la otra:

-¿Tú has hecho esto alguna vez?. Porque yo no...
Respuesta: -Yo he visto hacerlo, creo que podré...

Mi mujer, que en ese momento digamos que no tenía el ánimo suficiente para reclamar al doctor en cuestión y enviarlo a donde debería les dijo que lo cerraran lo mejor que pudieran, y eso hicieron.

La cuestión es que en torno a las 3 de la mañana una persona que había sido atropellada por un coche, impactando contra el capó de dicho vehículo y saliendo después despedida para caer sobre el asfalto a unos 6 ó 7 metros de distancia, que se quejaba de dolor en las piernas y en otras partes del cuerpo, se encontraba en la misma camilla en la que había llegado, sin más reconocimientos ni más historias, y con el ALTA MEDICA EN LA MANO.

Informó a las enfermeras de que ella se quedaba allí, en el hospital, dado que mi hija sí que había sido ingresada, así que procedieron a traerle una silla de ruedas para que se acomodara en ella, diciéndole la enfermera que se bajase con cuidado y mientras estaba ella pendiente por si acaso se mareaba al bajarse.

Mareo no sé, pero lo que sí quedó claro es que al poner la pierna derecha en el suelo los huesos de la rodilla mostraron bien a las claras que iban por libre, ya que una parte de la pierna iba hacia un lado mientras la otra lo hacía al contrario.

Avisado el traumatólogo y tras el reconocimiento pertinente dictaminó rotura de ligamentos en la pierna izquierda y de ligamentos y rótula en la derecha. En una persona, no lo olvidemos, que había ingresado sólo unas horas antes, víctima de un accidente grave, y que TENÍA EL ALTA FIRMADA, un alta que a dicho médico le faltó tiempo para retirársela a la acompañante de mi mujer que en ese momento la tenía en la mano y romperla.

Así que tocaba enyesarle ambas piernas.

En el trayecto hasta el sitio donde iban a realizar dicha operación, una enfermera informó a mi Sra.de que le sangraba la cabeza.

-Sí, es que me han dado doce puntos, fue su respuesta.
-Ni puntos ni nada, que te sangra la cabeza!
-Resultado: Cuatro o cinco grapas le tuvieron que poner ya que los puntos que le habían puesto las estudiantes de enfermería un rato antes, sin la debida supervisión, se estaban soltando.

Y bueno, piernas enyesadas y nos informan de que así se queda hasta una nueva valoración y la inevitable operación quirúrgica de la que nos dan a entender que se llevará a cabo "quién sabe cuando"€ algo con lo que tuvimos mucha suerte ya que a la mañana siguiente hubo un hueco libre en quirófanos y el doctor Marcos Sanz, que desde luego cuenta con toda nuestra gratitud, procedió a realizar la operación y a informarnos cumplidamente de que esta a su entender había transcurrido de forma satisfactoria.

Aún nos quedaba por ver, entre otras varias cosas, como una enfermera se equivocaba dos veces con la medicación de mi hija en una misma mañana (la primera fue advertida por mi otra hija que la acompañaba en ese momento, la segunda se dio cuenta la misma enfermera minutos después y apareció corriendo a retirar las pastillas, cuando afortunadamente aún no se las había tomado)... la misma enfermera que le puso un gotero con calmantes y no lo reguló, con lo cual le entraba más cantidad de la necesaria provocándole mareos y suerte que el acompañante del momento se dio cuenta o la enfermera (no sabemos si estudiante) que apareció a tomarle la temperatura en el oído haciendolo sin percatarse de que tenía los tapones que se había colocado para poder dormir aún puestos... ignoramos cual fue el resultado de dicha medición.

Me queda por comentar que también hubo enfermeros muy profesionales, que llegaban con los estudiantes informándoles y ayudándoles a realizar las operaciones que en ese momento tocaban, supervisando cada paso y corrigiendo en caso necesario, igual que hubo enfermeras que preferían quedarse de conversación fuera de la habitación mientras los estudiantes hacían los cambios de agujas o lo que tocaba por su cuenta y "nuestro" riesgo.

Y bueno, por fortuna mi mujer e hija ya están en casa recuperándose, han conseguido "escapar" de allí (no sin que a mi mujer le dejaran la vía intravenosa puesta, teniendo que llevarla la ambulancia que la traía al centro sanitario local a que se la retirasen), lo que visto lo visto, no es poco.

Me gustaría que esto tuviera la debida difusión, si consigo que llegue a los profesionales sanitarios implicados y les sirve para tomar conciencia (que no dudo que en muchos de ellos ya existe, y a un muy alto nivel) evitando que se repitan estos y otros errores, me daría por satisfecho.

De los políticos y encargados de mejorar el sistema, aportando los medios necesarios para solucionar la masificación y evidente falta de personal existente (fue muy triste cuando una celadora se dirigió, a instancias mías, a un médico la noche en cuestión para consultarle algo referido a mi mujer y la repuesta que escuche de una persona entre agobiada y ansiosa fue: "Estoy atendiendo a tres pacientes a la vez, la veré en cuanto pueda") de esos digo, ni opino.

Sé que son caso perdido.

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