14 de mayo de 2011
14.05.2011
La Opinión de Murcia
Terremoto en Lorca. Visita

La ruta del desastre y la desolación

Los príncipes recorren la ciudad de Lorca para conocer de cerca los daños causados por los temblores y contemplan el edificio de la calle Infante Juan Manuel que se vino abajo y la iglesia de Santiago, que se ha quedado sin techo

14.05.2011 | 03:01
Los príncipes de Asturias escucharon a los vecinos de Lorca durante su visita.

Los príncipes recorrieron ayer en autobús las zonas de Lorca más dañados por los terremotos del pasado miércoles y saludaron a los vecinos que se congregaban en las calles por las que pasaban a pie. En la escalinata de la iglesia de Santiago, que ha conservado su torre y los muros exteriores, pero se ha quedado sin cubierta, Don Felipe se lamentó de los graves desperfectos que han sufrido los edificios históricos de la ciudad y se mostró convencido de que la coordinación existente entre todas las administraciones ayudará a recuperar el patrimonio artístico.

La cruz de Santiago, con su concha suspendida sobre la fachada, imprime una falsa impresión de solidez, a pesar de las grietas de la torre, que desaparece al abrir las puertas, cuando se ve la nave central convertida en una escombrera a cielo abierto. La tarde del terremoto había ensayo de los niños de primera comunión y, afortunadamente, tras el primer temblor decidieron abandonar el templo.

Sin embargo, en la ruta del desastre y la desolación, Don Felipe y Doña Leticia quedaron mucho más impresionados al visitar las ruinas del edificio de la calle Infante Juan Manuel que se vino abajo causando la muerte. Lo que fueron las paredes del inmueble han quedado superpuestas una sobre otra, dejando asomar los enseres de sus propietarios. Entre los escombros aparece una planta ya casi seca y una cortina de color claro, cuya gemela sirvió para cubrir el cuerpo de una de la víctimas.

Durante el recorrido, los príncipes estuvieron acompañados por el presidente de la Comunidad Autónoma, Ramón Luis Valcárcel, y su esposa, Charo Cruz. Cuando caminaba por la calle Juan II, unos inmigrantes marroquíes le mostraron al príncipe a su hijo que iba en una silla de ruedas, momento que aprovechó Don Felipe para darle un beso, mientras que el padre les hacía una fotografía. Al llegar a la plaza de San Vicente, se sacudió los pies después de haber pasado por encima de los escombros caídos a la calle desde lo alto de los edificios. Después, regresaron al Huerto de La Rueda para saludar a los representantes de los Cuerpos y de los servicios públicos que operan en la ciudad y atienden a los vecinos sin casa.

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