14 de enero de 2019
14.01.2019
Pasando la cadena

Tiempo de planta, poda y pelcañas

13.01.2019 | 23:22
Tiempo de planta, poda y pelcañas

Florentino hace de hortelano, aunque en realidad se metió hace un año en su laberíntico jardín. Detallamos sus desencuentros con Ronaldo y Zidane, y también anticipamos en verano el riesgo para él del efecto dominó. Y como consecuencia, ejerce una vocación tardía.

Armado de azada, tablachos, tijeras, serrucho y hocete, anda el hombre con los pantalones remangados y el perigallo al hombro para ver dónde hace los hoyos que cobijen a sus nuevos plantones y cómo los riega, y por dónde acomete la escarda de las plantas medianas y maduras. El invierno es buena época para tales menesteres.

Elegir y plantar jugadores tiene menos ciencia que podar antiguos, pues el mundo del fútbol está trillado: Vinicius, Brahim, Rodrygo o Cristo, sin olvidar a Aspas, Kane, Icardi o Piatek por aquello de lo urgente. La escarda y el hacha tienen más complejidad por las circunstancias individualidades y el objetivo. Hay tres reglas básicas, según mi tío don Pedro, un maestro en el sentido renacentista del término que atesoraba una cultura clásica sobresaliente. Me decía, «nene, te pones delante de lo que quieras podar y piensa que rama que cortes ya no echa, la que dejes seca o esmirriá tampoco, y de dos que se crucen corta una».

Así que el hortelano Pérez deberá saber qué vicios viejos cortar en sus frondosas figuras o la necesidad de serrar devenidos en palo seco. Y en el Madrid, sin extendernos, hay de todo: Bale, Asensio, Isco, Marcelo, Mariano y Lucas por mucha voluntad que pongan, y hasta Benzema; a un delantero del Madrid cabe exigirle la calidad que tiene y los goles que no tiene. A todos los hacía mejores la fructífera producción de Cristiano.

Lo peor son las urgencias. El Barça también navega aguas parecidas, pero más calmas; aún tiene a Messi y puede ir relevando con tiento. Y Simeone, ídem con sus atléticos. Están haciéndolo bien. Además, con los puntos de cara es más fácil pilotar. ¡Qué grandísima impericia la imprevisión de Florentino ante la marcha de su máximo goleador histórico! La soberbia, aun envuelta en hipócrita dignidad, ciega a los más capaces. Y esas urgencias maridan mal con las exigencias merengues. Con la Liga perdida y la Champions cuesta arriba y escaso motor, en cuanto toque un rival relevante Florentino Pérez cagará las plumas de las lustrosas aves que se zampó a cuenta de su desahogo con Cristiano, arropado, eso sí, por sus incondicionales, que fueron multitud dentro del madridismo. Ahora no recordarán y tendrá que soportar pitos y pañuelos, pero ese muermo va en el cargo. Ya le aconsejan algunos que se cuide de los pelacañas de febrero y marzo porque pueden helarte el corazón, como cantaba Machado de cualquiera de las dos Españas.

El otro huerto de Pérez es el del técnico. Con Solari amortizado en la urgencia bis tras Zidane y Lopetegui, la vieja aspiración florentiniana de Löw se abre camino. A pesar de las reticencias del todavía seleccionador alemán por el maltrato recibido también el año pasado por estas fechas, cuando lo llevaron en palabras dos meses Sánchez y Pérez, el Madrid es una salida airosa; su periplo con Alemania parece acabado.


¡Ay, los pelacañas murcianos!

También por aquí soplan pelacañas invernales; esos vientos ásperos que hielan cuerpos y almas. El Murcia se debate entre la cansera de Medina y el embargo de Gabriel y Galán. ¡Como recitaba esos poemas el Maestro Ibarra! Y por la sendica por donde vinieron las penas, parece que han llegado el juez y su compaña para dejar al Murcia también pelao.

Alguien se está equivocando, y lo siento. Una cosa es aligerar nómina y otra procurarse la cicuta de la murria. ¿Si ya el Murcia no tenía gol, y últimamente tampoco juego, sin Corredera y Aquino, por citar notables, quién proveerá?

Lo del goleador es grave. Si es cosa suya, como parece, malo; ensució el escudo con cada beso. Y si es del club, peor; era a quien más debían mimar. A la afición la mueve los goles, no la cordura. En esta poda alguien falta al respeto a Segunda B sin reparar en la pérdida de lo podado, por barato que sea el resto y lo que venga. Ojalá broten verdes fructíferos, la juventud es una apuesta ilusionante; pero en tres partidos malos aparecerían mengues con orejas tercerícolas.

Les regalé lo aprendido: «No descuiden lo deportivo?». Más valen cuatro decisivos que once dudosos.

Mientras, Cartagena y UCAM apasionan. ¡Suerte!

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