Mis profesores favoritos

Antonio Díaz Bautista, el catedrático pintor

Antonio Díaz Bautista

Antonio Díaz Bautista

Pascual Vera

Pascual Vera

Si este cronista cierra los ojos y echa la memoria atrás es capaz de volver a ver por el Claustro de Derecho de la Universidad de Murcia a numerosos profesores con los que convivió y con los que se cruzó una y mil veces alrededor de aquel patio de 23 metros de lado poblado por 72 columnas y diversos arcos que han constituido desde tiempo inmemorial aquella facultad de Derecho que conoció en los 70.

Uno de ellos, sin duda fue Antonio Díaz Bautista, personaje flemático y elegante donde los haya poblador de aquel pequeño universo en el que convivíamos entonces buena parte de los universitarios murcianos.

Murciano de pura cepa, nacido en la murcianísima plaza de Camachos y casado con otra profesora nuestra, Carmen María Cremades Griñán, profesora de Historia Moderna. En esa universidad estudió Magisterio y Derecho, ampliando este en Alemania. 

Premio Nacional de Bachillerato y el Premio Extraordinario Fin de Carrera de su promoción. En el período final de su carrera como estudiante de la universidad de Murcia, Díaz Bautista había sido uno de los ganadores del premio de pintura que la Universidad de Murcia celebró en 1965 para conmemorar los 50 años de su creación. De la categoría de aquel concurso da cuenta el hecho de que los ganadores, junto al joven Antonio, y tan jóvenes como él, resultaron José Luis Cacho y Francisco Saura Mira, elegidos por un jurado del que formaban parte los críticos de arte de los diarios La Verdad y Línea, José Ballester y Cayetano Molina respectivamente, así como los pintores Muñoz Barberán y Molina Sánchez, el catedrático de la Complutense Antonio Bonet, y Jorge Aragoneses, director de la Casa de la Cultura. Díaz Bautista daba a conocer así una característica que le acompañó durante toda su vida: su pasión por la pintura, con ese estilo clásico, preciso y elegante que siempre imprimió a su obra. 

Aún tuvo una segunda pasión, que también permaneció con él durante toda su existencia: su afición a la música clásica, como prueba su nombramiento como presidente de la Asociación Pro Música de Murcia.

Y una tercera: su entusiasmo, que era verdadera devoción a decir de algunos, por las cosas de la tierra. De su tierra. De nuestra tierra. Otra querencia que él no dudo en plasmar en numerosos escritos y también en su obra pictórica, reproduciendo en el lienzo paisajes y rincones de nuestra huerta, costumbres y elementos populares de esta tierra, que él aprehendía en sus cuadros para impedir que se desvanecieran del todo. 

Queda, por supuesto, una cuarta predilección, que seguramente marcó todas las demás: el Derecho Romano, del que fue catedrático en 1985 por la Universidad del País Vasco, y desde un año después, y ya hasta su muerte en 2013, de la de Murcia.

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