21 de octubre de 2018
21.10.2018
Salud

Cuarenta años de la revolución de la píldora

La legalización de este anticonceptivo en 1978 permitió a las mujeres ejercer libremente su sexualidad y separarla de la reproducción

20.10.2018 | 18:42
Cuarenta años de la revolución de la píldora

A principios de octubre de 1978, con la modificación del artículo 416 del Código Penal, que prohibía la prescripción, venta y publicidad de cualquier método anticonceptivo, España abría la puerta a la píldora anticonceptiva que, a pesar de no estar legalizada, usaban en aquel año cerca de ocho millones de españolas, a quienes se les prescribía para corregir trastornos menstruales, según la Sociedad Española de Contracepción (SEC). Esta pequeña pastilla marcaría un antes y un después en la sexualidad de la mujer.

«La píldora logró que la mujer pudiera tener relaciones sexuales sin tener que estar tan pendiente del riesgo alto de embarazo, es decir, logró separar las relaciones sexuales del plano reproductivo», afirma el doctor Javier Valdés, especialista en obstetricia y ginecología, quien recuerda que antes de su legalización se prescribía para tratar dolencias ginecológicas. «Su primer uso en España fue para corregir ciertos trastornos, como los ciclos menstruales abundantes y/o dolorosos», afirma. Así, los trastornos ginecológicos sirvieron como subterfugio para prescribir este medicamento con fines anticonceptivos.

«En España fue un término medio entre legalización y autorización, porque ya se prescribía para tratar distintos tipos de enfermedades ginecológicas, que se empleaban como una especie de tapadillo. La despenalización fue en realidad una generalización de lo que ya se sabía que estaba sucediendo», explica Emilio López Bastos, psicólogo.

«Una auténtica revolución»

En opinión de este experto, su legalización como método anticonceptivo fue «una auténtica revolución». «La legalización de la píldora anticonceptiva fue uno de los puntos de inflexión más importantes en la evolución de la liberación, no solo sexual, sino también social y económica de la mujer porque le dio la posibilidad de tener un control completo sobre su vida y poder planificar el proyecto de vida que quería tener con mucha más conciencia de lo que es la sexualidad, ya que antes de ese momento lo que determinaba la sexualidad de la mujer, en general, era el miedo o el riesgo de embarazo», argumenta.

Pero López Bastos va más allá al asegurar que no solo supuso un paso de gigante en la sexualidad femenina, sino en la sexualidad en general. «Fue un cambio de la experiencia de la sexualidad, de mayor apertura, de mayor exploración de la mujer sobre su propia sexualidad, de la búsqueda de su propio placer y de su propia identidad, por lo que fue uno de los hitos más importantes de la sexualidad», sostiene.

Sin embargo, o tal vez por esto mismo, la píldora anticonceptiva ha sido un fármaco muy demonizado por ciertos sectores y que aún hoy despierta cierto recelo.

«Yo creo que esto se debe a un clima social que afecta a otras parcelas. El hacer hincapié en los peligros y en las consecuencias negativas es una manera de entender el mundo que atraviesa toda la sociedad. La sexualidad está muy dirigida al placer del hombre, muy genitalizada y centrada en la penetración», explica. Este afán de control explica también, en su opinión, que no se haya conseguido «ni generalizar ni universalizar» el acceso a los métodos anticonceptivos. «El acceso a una educación sexual positiva tampoco se está consiguiendo de forma generalizada y cuesta mucho», afirma.

El doctor López Bastos también recuerda que la legalización de este anticonceptivo ha evitado muchos embarazos indeseados y muchos abortos, al permitir a la mujer decidir sobre su maternidad. «La responsabilidad del embarazo ha recaído siempre sobre la mujer. Uno de los grandes efectos positivos de su autorización fue el evitar la cantidad enorme de abortos ilegales y en condiciones insalubres, y que llegó a tener consecuencias muy dramáticas», afirma.

Por su parte, el doctor Javier Valdés sostiene que detrás de la demonización de este método anticonceptivo se esconden creencias religiosas y asegura que, aunque como todo fármaco tiene efectos secundarios muy bien estudiados, a lo largo de estos años «ha demostrado su valía». Además, añade que desde las primeras pastillas a las que se comercializan ahora ha habido un importante avance y que hoy son mucho más efectivas, eficaces y seguras.

Para la sexóloga Emma Placer, la píldora fue una liberación para la mujer. «Hace 40 años, la reproducción y la sexualidad estaban íntimamente relacionadas. La perspectiva de la sexualidad puramente biológica/reproductiva ponía cadenas a la parte más importante de la sexualidad, la psicosocial. Esto puede parecer difícil de entender hoy, pero en ese momento, separar la reproducción del placer sexual fue una liberación para la mujer», sostiene.

Embarazo y responsabilidad

Para Placer, este método anticonceptivo está aún demonizado. «Por una parte, está el tema político-social: ¿Por qué es solo responsabilidad de la mujer evitar el embarazo? Esto no es muy igualitario. Y por otro lado, hay muchos mitos y falacias sobre sus efectos secundarios: aumento de peso, dolor de cabeza y mastasia. Sin embargo, se ha demostrado científicamente que ninguno de estos afecta a más de un 1,3% de las usuarias», sostiene Placer, que añade que los estudios científico-farmacológicos de mayor recorrido corresponden precisamente a la píldora.

«Se ha investigado mucho y siempre ganan los beneficios. Además del principal, evitar embarazos no deseados, disminuye la dismenorrea, el dolor pélvico y la dispareumia, y un estudio más amplio, de 40 años de seguimiento, ha demostrado que las mujeres que toman la píldora tienen menos riesgo de contraer enfermedades cardiovasculares», explica la sexóloga, quien concluye: «Nos ha dado libertad sexual. Ahora podemos elegir con los datos en la mano».

Por su parte, Chis Oliveira, catedrática de Filosofía y especialista en educación sexual, asegura que la píldora anticonceptiva permitió a las mujeres tener unas relaciones sexuales más seguras y placenteras. «El miedo al embarazo no es compatible con el placer. Yo siempre hablo del placer de la seguridad. Indudablemente, la píldora supuso a las mujeres tener más control y más libertad sobre su sexualidad», asevera. Respecto a los recelos que aún despierta este método, la catedrática reconoce que al tener un componente hormonal siempre supone una alteración en la fisiología de la usuaria, por lo que corresponde a esta tomar la decisión de si merece la pena o no correr ese riesgo.

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