11 de febrero de 2018
11.02.2018
Reportaje

Las cuatro plumas

Un proyecto de la Universidad de Murcia pretende recuperar la memoria de la residencia de verano y su influencia en Águilas, así como la aportación al periodismo de Jesús de la Serna, Salvador Jiménez, Miguel Ors y Pérez Calderón

15.02.2018 | 21:57
Las cuatro plumas

«Era una constante juerga», recuerda Marita de la Serna de sus vacaciones de verano en Las cuatro plumas. El origen de esta residencia, construida en la playa del Hornillo de Águilas, donde convivieron (y aún lo hacen sus hijos y nietos) cuatro insignes periodistas, lo relata con detalle uno de los dieciocho niños que residieron en las cuatro viviendas adosadas; la hija de Jesús de la Serna, inspirador y promotor del proyecto.

Cuenta Marita en su blog algunos de los episodios más sobresalientes de la vida en Las cuatro plumas, una comunidad de amigos en la que destacaba la sobresaliente personalidad de sus promotores: al citado Jesús de la Serna, que fue presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid y de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE); se suman el periodista murciano y poeta Salvador Jiménez López, que fue corresponsal de ABC en París y director de Comunicación de Iberia; y Miguel Ors, (el único de los cuatro que aún vive), de 90 años de edad. Fue destacado periodista de deportes, ingresó en TVE en 1957 especializándose en programas y retransmisiones. También fue subdirector de los diarios Pueblo y El Imparcial, y columnista de ABC y de La Razón. Casado con Margarita Villarejo, es padre de cinco hijos y abuelo de once nietos.

Miguel Pérez Calderón, casado con Mercedes Lorente, murió el 30 de diciembre de 1990, a los 63 años de edad; era doctor en Derecho y profesor titular de Ciencias de la Información en la Universidad Complutense y en el CEU; fue redactor jefe y director de informativos de TVE (1981-82) medio en el que creó y dirigió el programa Primera Plana; fue autor de varias obras y dirigió la redacción del Libro de Estilo de RTVE.

Los cuatro periodistas fueron miembros del Jurado del Premio de Novela Ciudad de Águilas, que sumó cinco ediciones (1968-1972).

Un proyecto iniciado en la Facultad de Comunicación y Documentación de la Universidad de Murcia pretende recuperar la memoria de lo que significó esta residencia de verano en la vida cultural de Águilas, y en especial la aportación al periodismo de dos de sus promotores: se realizan Trabajos Fin de Grado, codirigidos con la profesora María Verónica de Haro, sobre la trayectoria profesional de Jesús de la Serna y de Salvador Jiménez.
Además, se pretende programar un curso de verano en las Aulas del Mar de la UMU, que se impartiría en Águilas, y se editará un libro con testimonios literarios y gráficos.

Construida en el Hornillo
Marita de la Serna, testigo esencial de aquellos años, cuenta en su blog que la llegada de la familia De la Serna Ramos a Águilas (ambos progenitores, periodistas) se produjo en el verano de 1962.

El periodista, entonces director adjunto del diario Pueblo, informado de que en Águilas se registraba el clima más adecuado (cálido y seco) para combatir la enfermedad de su hija Victoria, aquejada de reuma al corazón, fijó su residencia de verano en la población murciana.

Cuatro años más tarde, en 1966, cuando en el entorno profesional de Jesús de la Serna se dieron a conocer las excelentes características de las playas de Águilas, los cuatro amigos adquirieron un solar en la entonces solitaria playa del Hornillo, frente a la isla del Fraile, cerca del emblemático embarcadero de mineral, pasarela sobre el mar para el cargamento de barcos, hoy en desuso.

Como la Torre Eiffel
Se construyó en 1903, el mismo año que la Torre Eiffel (está declarado Bien de Interés Cultural, con categoría de monumento) y muestra las mismas características de grandes remaches en el enlace de las distintas piezas de hierro. Salvador Jiménez, cuenta Marita de la Serna, decía que era como si la monumental torre de París se hubiera tumbado en aquella bellísima playa del Hornillo, dotada de unas vistas maravillosas y de amaneceres que han quedado en la retina de todos los residentes.

La construcción de las cuatro viviendas adosadas duró un año; se trata de un edificio de dos plantas, con un pasillo central, descubierto, por el que se accede a las viviendas, dotadas también de amplias terrazas; la adjudicación, supongo que por sorteo, quedó así: en la planta superior, a la derecha, la familia De la Serna Ramos; en la parte inferior los Ors Villarejo; arriba, a la izquierda, los Jiménez Burillo, y abajo los Pérez Lorente.

La comunidad de insignes vecinos contó con papelería propia, impresa con el logotipo de la casa, estampado también en distintos objetos para obsequiar a los visitantes, tales como cerillas, ceniceros, barquitos en botellas y otros souvenirs para obsequiar a periodistas, escritores, actores, autoridades de distinto nivel, banqueros, familiares y amigos.

La casa disponía también de un libro de firmas para que plasmaran una dedicatoria y dejasen constancia de su visita personajes de la época. Las visitas del actor aguileño Paco Rabal eran frecuentes: él y su hijo, el también actor Benito Rabal, dirigieron y rodaron una película, sobre la actividad de la residencia y la personalidad de sus moradores, que se tituló Las 400 plumas.

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