26 de mayo de 2014
26.05.2014
Bajo el título 'Palabra, lugar'

Ejercicio de memoria

Pinturas en acrílico y fotografías manipuladas forman la colección de obras que el artista Antonio Gómez expone en el Museo de Bellas Artes de Murcia

26.05.2014 | 04:00
Ejercicio de memoria

Para Kandinsky «el blanco actúa sobre nuestra alma como el silencio absoluto. Este silencio no está muerto, rebosa posibilidades vivas? es una nada llena de alegría juvenil o, por decirlo mejor, una nada antes de todo nacimiento, antes de todo comienzo?» Las diferentes creaciones que muestra Antonio Gómez (Valencia, 1962) en una de las salas del pabellón El Contraste del Museo de Bellas Artes de Murcia, MUBAM, se entregan al espectador envueltas en una atmósfera delicada, que se inicia en colores blancos y se declina en gamas de grises hasta llegar al hermético croma negro. Las 32 obras expuestas, pinturas y fotografías modificadas, se acercan al arte fotográfico, utilizando nuevos cánones de la pintura figurativa.

Antonio Gómez, licenciado en Bellas Artes por la Universidad de San Carlos de Valencia, pasó su infancia en Jaca, después viviría en Huesca y Avilés. Reside en Cartagena desde 1995, ciudad en la que ejerce como profesor de Dibujo de Enseñanza Secundaría en el Instituto Isaac Peral.

Su primera exposición la presentó en Huesca hace 27 años, y desde entonces ha mostrado su trabajo de manera individual tan sólo en 15 ocasiones. Gómez también escribe poesía y algunos de sus versos acompañan a las imágenes que se reproducen en el catálogo de Palabra, lugar. Escribe el pintor-poeta: «Pero la felicidad no es revisable, está en un sitio lejano, y en la caja habitaban/ el tiempo y el espacio ajenos. Todo eso murió, y, ahora, ya puede estar/ vivo».

También Antonio Gómez es ilustrador de libros. Tenemos en las manos el poemario Nación del sueño, escrito por la poetisa murciana Carmen Piqueras, cuya portada y varias páginas interiores son obra del artista valenciano, que también ha creado imágenes para libros de los poetas Ángel Paniagua y Vicente Velasco. Mari Carmen Sánchez-Rojas ha escrito en el catálogo de la exposición que «en cuanto en sus Fotografías, trabajadas sobre papel y modos acuarelistas, aparecen en ellas niños, hombres y mujeres, o bien sus retazos, semiocultos por blancas veladuras que aportan un toque mágico e indefinido a estas representaciones un tanto fantasmales, un toque mágico acentuado, muchas veces, por la presencia de unas hojas que pretenden ser instantes suspendidos de la memoria del pintor».

El origen de todas las piezas expuestas en el MUBAM arranca de una reflexión sobre la fotografía. El artista ha rescatado imágenes que su familia guardaba en una caja de hojalata en cuyo interior hubo galletas en un lejano día. La memoria colectiva de su familia se concentra en una obra expuesta que no lleva título, realizada en técnica mixta sobre papel, dividida en 40 fragmentos, midiendo 2,50 centímetros de alto por 1,93 de ancho. La pieza es una imagen adulterada que se crea a partir de una foto tratada por el autor, donde se aprecia la figura de una niña tocando el piano, su tía abuela materna Olegaria Campos Garrido, que falleció en 1922, a los nueve años de edad. La fotografía familiar siempre ha estado muy presente en las vidas de los antepasados del artista, expuesta en diferentes lugares, en las casas de sus bisabuelos, de sus abuelos, de sus padres y ahora en la vivienda de Antonio Gómez.

«Con mis ideas, recupero el recuerdo, lo transformo e intento revisar y trabajar la emoción producida al observar durante tantos años la fotografía de aquella niña tocando el piano». El mismo ejercicio de reconstrucción de la memoria, el autor la traslada a sus obras pictóricas, y lo materializa en un gráfico visionado en blanco y negro, colores ubicados en los extremos de la escala cromática y que simbolizan el comienzo y el final de la existencia. En las pinturas de Gómez predomina el blanco, aquel blanco que otorgaba -tal vez- una cualidad asintótica, de búsqueda idealizada, en la obra Cuadro blanco sobre fondo blanco, que Kazimir S. Malévich realizó en 1918, desde donde se transmite cierta «solidificación» de unos personajes opacos que, a modo de figurines, el pintor arrastra hacia la superficie del lienzo conservando la sombra alargada del suprematismo por los ejes geométricos que figuran en algunas de las obras, donde fluye poéticamente la perenne estabilización de lo perfecto.

En las paredes del MUBAM se cuelgan, hasta el próximo día uno de junio, 22 obras en técnica mixta sobre papel y 10 pinturas en acrílico sobre lienzo, además se incluye un vídeo-arte, de más de ocho minutos de duración, «que recoge el proceso mecánico e intelectual que transmite la memoria colectiva de la televisión. Un personaje, Alberto Soler, toma vida y lee poemas», explica el artista, que durante el mes de marzo ha mostrado su instalación Había una casa, en un espacio expositivo de la Universidad de Granada, en un Carmen rehabilitado con vistas a la Alhambra. Y ya prepara su próxima presentación con nuevas obras, que se producirá en el mes de noviembre en la galería Chys de Murcia.

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