Crisis covid-19

Confinamiento con peluches

Los juguetes de sus nietos ayudaron a Conchita a pasar la cuarentena y acabaron protagonizando un cuento infantil

Conchita, en su casa, con su cuento infantil y los peluches que lo protagonizan.

Conchita, en su casa, con su cuento infantil y los peluches que lo protagonizan. / Israel Sánchez

ALBA MARQUÉS

Como muchas otras personas mayores, a sus 81 años Conchita Marín Noarbe pasó sola en su casa ubicada en el barrio del Carmen, Murcia, el confinamiento general que se decretó en España en marzo del pasado 2020 y duró hasta mayo de ese mismo año. Pese a que estuvo durante dos meses sola en su piso, se sintió arropada por una compañía muy especial e inesperada. Un suricato, un delfín, un oso panda y un gato, los peluches de sus nietos, le ayudaron a sobrellevar mejor la cuarentena y acabaron convirtiéndose en los protagonistas de un libro de cuentos infantiles escrito por ella.

Nacida en Guadalajara, Conchita formó su familia en Murcia y se siente «más murciana que el pastel de carne», expresa ella misma a esta redacción. Antes de jubilarse, trabajó como profesora de Primaria en el municipio de Mazarrón, en la pedanía murciana de La Ñora y en Roldán (Torre Pacheco). Durante los años que le duró ese empleo ya entonces le gustaba escribir e inventarse cuentos para los niños.

Durante el confinamiento, sus hijas le dejaban la compra en el rellano de su vivienda y en una de esas ocasiones le dejaron el peluche de uno de sus diez nietos, un suricato. Más tarde, otros días le fueron llegando las ‘mascotas’ de otros nietos: un delfín, un gato y un oso panda que «dormían en una cama al lado de la mía, me hacían compañía», manifiesta la octogenaria. «Empecé a hacer historietas con ellos, escenas que se me ocurrían. Un día les puse en la ventana con banderitas de España por lo del aplauso sanitario, otro día les puse mascarillas, otro a jugar, otro los lleve a una playa que monté en mi terraza...», narra Conchita. Así, empezó a crear pequeñas viñetas con ellos y a hacer fotografías que mandaba a través de WhatsApp al grupo de la familia.

«Nos reíamos mucho, mi familia se divertía y ya llegó a un punto que si pasaban días y no mandaba una viñeta me la pedían». Fue entonces cuando llegó la idea de acompañar las fotos con un texto y hacer un cuento infantil. «Me llenó mucho el proceso, me mantuvo entretenida y a mi familia también; mis nietos se divertían, les hacía mucha gracia», cuenta con risa Conchita, quien plasmó esos cuentos en un libro infantil al que tituló ‘Las mascovid y Abuela’, una edición que sacó con la librería murciana Diego Marín para regalársela a la familia, pero «después se enteraron en el colegio que trabajé y me lo pidieron también, por lo que hicimos otra edición para vendérsela a ellos». El libro ha sido presentado en algunos colegios de Murcia y Conchita no descarta que, si más gente se lo pide, saque otras ediciones.

«Desde siempre he escrito, es algo que me gusta». En ocasiones anteriores Conchita ya había creado algunas historias para sus nietos y confiesa que escribe una especie de diario desde que falleció su marido, como si le contara a él lo que le sucede en el día a día. Además, suele viajar con sus seis hermanas y después de cada escapada tiene por tradición escribirles un resumen divertido de la aventura. Una afición a la que no le ha perdido ganas, ya que recientemente se ha presentado a un concurso de relatos de la biblioteca del Carmen.

Así, con la publicación de ‘Las mascovid y Abuela’, Conchita ha cumplido una meta que además le ha supuesto ayudar a combatir la solead y la desidia en plena pandemia, sobre la que dice «estar un poco cansada, pero con buen ánimo». «Tengo muchas aficiones, además de escribir. También me gusta buscar cosas en el ordenador, leer... En fin, soy animosa, estoy muy bien de salud, entonces no me siento agobiada ni aburrida», afirma Conchita, quien aclara que lo que más rabia le da es no poder hacer los viajes del Imserso que solía llevar a cabo junto a sus hermanas. «Te vas adaptanto a vivir en tiempos de coronavirus, también por la edad; lo siento más por la gente joven, me da mucha pena», añade. Conchita espera que la crisis sanitaria «acabe pronto» y, sobre el paradero actual de los peluches que han inspirado su libro, dice misteriosa que «para saberlo, hay que leerse el final del cuento».