El ejemplar está preñado y hay que tener mucho cuidado con él. El ambientólogo José Antonio Oliver coge al caballito de mar con delicadeza y lo posa junto a una regla que tiene en su cuaderno: Once centímetros de longitud, macho y uno de los tres únicos caballitos que los miembros de la Asociación Hippocampus han avistado desde que retomaron los muestreos poblacionales tras el confinamiento. Este macho, que alberga en su interior parte de la esperanza de quienes entienden el caballito de mar como el máximo exponente del Mar Menor y un símbolo social, fue encontrado en la playa de Cavanna, en La Manga, el pasado 9 de junio.

Muestreo llevado a cabo por la asociación Hippocampus el pasado 9 de junio en la playa de Cavanna, en La Manga

Muestreo llevado a cabo por la asociación Hippocampus el pasado 9 de junio en la playa de Cavanna, en La Manga

Vídeo: José Luis Alcaide Sanjurjo

Solo uno de los tres quedó registrado en el muestreo dado que se encontraba dentro del censo visual que establecieron los miembros de la asociación para medir la población. El pasado sábado, Hippocampus halló otro caballito de una semana de vida, con tan mala suerte que tras fotografiarlo una anémona se lo comió. Estos datos son, a priori, malas noticias. «Hay suficientes indicadores que confluyen todos en el mismo sentido, y es que la población del caballito de mar en la laguna está realmente en peligro, como no lo ha estado nunca», explica Miguel Vivas, Doctor en Biología y técnico del Instituto Español de Oceanografía. «Y hasta no hace mucho tiempo eran cientos de miles y millones de ejemplares en el Mar Menor».

Los efectos de la DANA de 2019 y la presencia de especies invasoras en la laguna como el cangrejo azul han mermado poco a poco las poblaciones de una especie que durante las últimas protestas sociales por el estado del Mar Menor se ha erigido como un emblema.

En las recientes inmersiones se ha constatado la «decadencia de los fondos marinos» y señalan hacia el litoral de La Manga en el Mar Menor como uno de los últimos puntos donde la laguna puede albergar los pocos centenares de caballitos que quedan, tal y como apunta Cristina Mena, bióloga y presidenta de la asociación Hippocampus. «Es demasiado pronto para aventurar cifras, pero tenemos la certeza de que el tamaño de la población está en mínimos históricos».

En esa red de monitoreo continuo del caballito de mar en la laguna se sumaron hace años los pescadores de la cofradía de San Pedro del Pinatar, que reportan a la asociación el número de ejemplares capturados en sus redes y que luego devuelven vivos al mar. «Desde hace meses nos informan que no recogen prácticamente ningún ejemplar», señala Vivas, que añade que los caballitos utilizan las redes de pesca para sujetarse. Esta época del año es momento de cría y tampoco, reafirman los pescadores, ven ejemplares juveniles. «Estos suelen medir entre uno o dos centímetros antes de que se asienten en el fondo marino, pero no se han registrado». El Servicio de Pesca de la Consejería de Medio Ambiente, otros 'ojos' que tiene la asociación en el Mar Menor, tampoco ha localizado ejemplares recientemente.

El último censo poblacional de caballitos de mar en el ecosistema lagunar es de 2012, y la cifra de ejemplares ascendió hasta los 190.000 aproximadamente. En la última década, apuntan tanto Miguel Vivas como Cristina Mena, la población había tenido una recuperación importante que se vio truncada por la entrada de 90 hectómetros de agua dulce en el Mar Menor junto con sedimentos y nitratos por la DANA de hace ocho meses.

Este año la asociación terminará el nuevo censo y esperan que las administraciones centren sus acciones en recuperar la población. «Contamos con que este verano va a ser difícil para la laguna, con posibles nuevas anoxias, producción de sulfhídricos o la pérdida de la cobertura vegetal del fondo, que necesitan los caballitos para buscar alimento». Un golpe duro para los hipocampos.

Más investigaciones sobre la población del hippocampus

Las investigaciones y los estudios sobre la población de los caballitos del Mar Menor no existen salvo aquellas acciones que llevan a cabo desde la asociación Hippocampus para controlar a la comunidad en la laguna. Sus miembros reclaman más atención sobre esta especie olvidada por las instituciones y que, en su opinión, debería ser prioritario un control y monitorización año a año de la población por la comunidad científica.

«El valor simbólico que tiene es muy grande y justifica que las administraciones se tengan que poner manos a la obra», reclama el biólogo Miguel Vivas. Pide, por ejemplo, que el Instituto Español de Oceanografía realice estas investigaciones al igual que hace con otras especies como la nacra.