El contenedor

Queridos Reyes Magos

05.01.2018 | 19:56

Queridos Reyes Magos. Así se llamó la sorprendente y preciosa exposición que en los años 80 se realizó en el Palacio Almudí, de Murcia con la colección de juguetes perteneciente a la familia Ballester, Mariano, Monique y Antonio, cuando todavía estábamos a tiempo de convertirla en un Museo con escasos precedentes en número y calidad. Cada día de Reyes recuerdo aquellas muñecas, los títeres, los trenes eléctricos; los juguetes a cuerda que no duraban mucho más que el día en el que los Magos de Oriente los habían dejado en los zapatos. Y el desencanto que nos producía ´pasarlos de cuerda´ con lo que dejaban de ofrecer su movimiento milagroso. Habría que hacer un monumento a ´la cuerda´, ese fleje metálico, intestino de nuestros viejos juguetes que les daban vida.

Todo, absolutamente todo, ha cambiado mucho; también la juguetería nacional. En Murcia éramos conocidos por los trabajos en cartón piedra, peponas o caballitos multicolores. Hasta hace poco en la acera de la carretera de Alcantarilla, la familia Rodríguez, los ofrecía milagrosamente en su supervivencia. Aquel tiempo de juguetes tenía su denominación de origen, en Ibi, Alicante, se fabricaban los juguetes mecánicos y eléctricos (hoy hay un Museo). El tren es la pieza que este pueblo ha dedicado con más atención. En Onil se fabricaban muñecas; en Denia, juguetes de playa, triciclos y bicicletas.

En los almacenes murcianos como El Bazar Murciano, o La Alegría de la Huerta, ambos en Platería, comprobábamos la llegada de novedades: cines, artículos de goma, ajedreces, juegos de bolos y muñecos grotescos, de Cataluña y de Pamplona, donde se fabricaban grandes cantidades de pelotas y balones. Eibar lanzaba al mercado escopetas y rifles de juguete; Madrid estaba especializado en la fabricación de la muñeca fina y Valencia proporcionaba afición a las cajas de costura y pequeños bastidores. De Zaragoza llegaban utensilios de cocina. Todo un mundo para la alegría infantil incontenible.

Cada época, románticamente, tuvo su juguete; rostros pálidos de porcelanas para muñecas; personajes de hojalata decorada y en movimiento. Ejércitos de soldaditos de plomo y los nunca olvidados indios y americanos de clara influencia del western y el duro Oeste. Siempre quise un fuerte de madera.

El juguete es un asunto serio y así se trata en museos como el Louvre de París donde se exponen ejemplares de las primeras civilizaciones. Aristóteles afirma que Arquitas fue el primero que construyó una paloma voladora de madera y que a su imitación fueron hechos pájaros, que eran arrojados al espacio por la chiquillería de su tiempo. Pero todo esto ocurrió ayer y hoy lo que es seguro nos queda, es la ilusión infantil de un juguete; porque lo demás en nada se parece.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine