La feliz gobernación

Opinión: Tren de falacias, por Ángel Montiel

20.09.2017 | 08:13
Opinión: Tren de falacias, por Ángel Montiel

Ya no hay lugar para las protestas porque el objetivo se ha conseguido», ha dicho el diputado del PP Francisco Bernabé. Qué ocasión para permanecer callado. Porque han sido precisamente las protestas las que han facilitado que se consiga (aunque, de momento, solo de palabra) el objetivo. El día que se inaugure el Ave en una soterrada estación del Carmen, los murcianos no tendrá absolutamente nada que agradecer a Bernabé ni a sus otros compañeros de partido en los escaños del Congreso, esos que votan allí lo contrario de lo que sus colegas autonómicos votan aquí (véase la supresión de los aforamientos). Todo se lo deberán a la lucha incesante, razonada, con alternativas practicables y pacífica de esa aldea de galos de la zona sur de la capital agrupados en torno a la Plataforma Prosoterramiento. Los que cobran un sueldo público por defender las demandas de los vecinos no se han merecido las nóminas, ya que los vecinos han tenido que hacer su trapajo por ellos y, más escandalosamente, contra ellos.

¿Qué se ha conseguido? Un compromiso verbal del actual ministro de Fomento, que movió el culo la semana pasada para venir a Murcia, al inicio de las obras en superficie (lo único constatable, de momento) para tratar de desmovilizar a una Plataforma que ya ha sido ninguneada reiteradamente por promesas similares de los antecesores de De la Serna, de consejeros de Obras Públicas o Fomento (entre ellos, el propio Bernabé en su día) o de los que fueron todopoderosos dirigentes del PP, Valcárcel y Cámara. En más de treinta años de lucha por el soterramiento (diez con Gobiernos regionales del PSOE, y veintipico con el PP en el poder) esa Plataforma ha escuchado todo tipo de compromisos, promesas presupuestarias para la realización del soterramiento (antes incluso de que se inventaran los Ave) y anuncios de plazos nunca cumplidos, eso sí, con espectaculares vídeos de realidad virtual para consumo de ingenuos. ¿Por qué tendrían los plataformos que mostrar ahora una nueva fe si lo que hay presupuestado y en ejecución es tan sólo ´el Ave por arriba´?

Los compromisos verbales del ministro, hechos a calzón quitado (así se planifican las obras públicas en España: sobre la marcha, e improvisando por tramos), alcanzan a los presupuestos de 2018, que nadie puede garantizar que se aprueben ni aun sobornando al PNV y al diputado socialista canario, a la vista de los reducidos apoyos con que cuenta el Gobierno popular en el Congreso que, además, verá previsiblemente reducida su capacidad presupuestaria después de que Cataluña vuelva a chupar nuevos planes especiales de inversión en las negociaciones que se iniciarán tras el 1-O. Y una vez el Ave en el Carmen en superficie ¿no aparecerán nuevos argumentos, incluso razonables, acerca de que lo prioritario es avanzar las conexiones con Cartagena y Lorca antes que insistir en el soterramiento, pues al fin y al cabo el tren ya está en Murcia y tal y tal?

Hay algo evidente: el Ave va a llegar en superficie, justo contra lo que viene luchando la Plataforma, que se constituyó para soterrar las vías. Por tanto, es una burla pretender que se callen y esperen pacientemente a un futuro soterramiento en un ya te veré ministerial, otro más. Resulta sorprendente que cuando, en el trazado de una autopista o una línea de tren, los ingenieros se tropiezan con una montaña o una cordillera no duden en taladrarla en costosísimos túneles, en vez de escalarla, pero si encuentran a su paso barrios poblados de gente opten por demediar el espacio público, tirar por el camino de enmedio y arrinconar a las personas. Y, encima, lo hacen apelando al bien general de la mayoría de la población no afectada, como si pudiera obtenerse un bien a costa de causar un mal.

Pero en el argumentario de los agiprop del Gobierno constan algunas tonterías más que no merecerían reseña si no fuera porque hacen daño a la inteligencia. Por ejemplo, que si se hiciera una estación provisional en Beniel a la espera del soterramiento habría que desplazarse en coche hasta esa localidad. ¿Acaso los usuarios de Bullas, por ejemplo, o de cualquier otro lugar de la Región podrían prescindir del coche para tomar el tren en el Carmen? ¿Y por qué si Renfe traslada a los pasajeros en autobús desde Granada a Antequera para el viaje en Ave hasta Sevilla mientras concluyen las eternas obras entre las dos primeras ciudades no podría dar igual servicio entre el Carmen y Beniel? Molestias para los viajeros sí, pero ¿por qué es preferible sustituirlas por las molestias a los vecinos?

Otro mantra es que las movilizaciones de la Plataforma despiertan la actividad de los grupúsculos violentos en sus márgenes. Si tomáramos esto en consideración nadie podría convocar jamás protestas contra el Gobierno, que tal vez es lo que se pretenda. Ese esquema nos llevaría a suprimir la romería de la Fuensanta, pues entre los peregrinos se dan abundantes casos de bebedores compulsivos e incontinentes practicantes de la cópula matutina, actos contrarios al buen y pacífico fin del transporte de la imagen.

El auténtico objetivo conseguido, según lo firmado y contratado al día de hoy, y de lo que no habla Bernabé, es el de convocar las próximas elecciones autonómicas con la foto de la inauguración del Ave en el Carmen. Quieren hacer un tenderete electoralista por la vía de urgencia. Y para esto están empezando a montar una costosísima, y según el Gobierno, efímera, infraestructura que constituye un gasto tan prescindible como absurdo.

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