Ida y vuelta

Apología de Mariano

17.09.2016 | 04:00
Apología de Mariano
Apología de Mariano

Ahora en serio, ¿qué obsesión le ha entrado a este país con decir que Mariano es tonto? A mí me gusta mucho un programa de humor catalán llamado Polonia donde al pobre no lo tratan ni de malvado español, ni de derechista peligroso (que viene a ser el ataque estándar que el programa dedica a todos los no-catalanes, y también a algunos catalanes, con los que no comulga), sino de tonto. ¿Pero es Mariano tonto? O por centrar la pregunta en términos más exactos: ¿es Mariano tonto comparado con la media de los españoles?

He ahí mi duda. Porque en esta vida todo depende de con quién te compares. Es decir, si comparamos a Mariano con Newton tal vez salga mal parado, no lo niego. ¿Pero quién demonios saldría bien parado comparado con Newton? El pobre Leibniz lo intentó y el malvado pero genial físico inglés se vanaglorió de haberle roto el corazón al buen alemán.

Así, ¿realmente si comparásemos a Mariano con el español medio concluiríamos que es tonto? Para ello deberíamos determinar cómo es el español medio. ¿Cómo se puede hacer semejante estudio? Difícil sin examinar a todos los afectados. Pero relativamente sencillo si, como haré aquí, se desprecian los datos exactos y se construye la teoría desde una serie de hipótesis basadas en alegres prejuicios y estereotipos.

Yo sostengo que Mariano no es más tonto que el ciudadano español estándar. Lo cual tampoco quiere decir gran cosa, no se crean, pues, y he ahí mi teoría construida sobre prejuicios y estereotipos, el español medio es mediocre, vulgar y bastante más tonto que listo. ¿Que cómo estoy tan seguro? Señora, no sé usted, pero yo me veo en el espejo todas las mañanas.

Saber si Mariano es o no es tonto en términos generales es una cuestión cuyo discernimiento excede la longitud de este análisis quedando para la pluma de otros exégetas de la Marianidad, pero lo que no es, en ningún caso, es más tonto que la media de los españoles. Muy al contrario, la gran virtud de Mariano es que es fiel reflejo de la sociedad que le sigue votando ufana elección tras elección.

Mariano es el prototipo de español de su generación y, de hecho, de todas las generaciones. Es majete, desenfadado pero sin perder las formas, amante de los deportes televisados y fiel seguidor de tomar una cervecita y fumarse un puro con los amigos. Mariano es el parroquiano que todos imaginamos acodado en la barra del bar leyendo el periódico deportivo. El cuñado con el que hacemos pareja de dominó o mus. El compañero que cuando vamos a pedirle que le dé una oportunidad a nuestro hijo tonto no lo duda porque sabe que todos tenemos hijos tontos. Hoy por ti, mañana por mí. Mariano es español, demonio. Pura cepa. Pata negra. Si Homer es el americano prototipo, Mariano es el español por antonomasia. Al llamarle tonto a él nos llamamos tontos a todos nosotros.

Por de pronto, ¿qué nivel de estudios tienen los españoles? No es que tener más títulos dé más inteligencia, pero, al menos, sí da más conocimientos, lo que no poca gente confunde con la inteligencia. Mariano es licenciado en Derecho. No está mal. No toda la población española tiene un título universitario. Y muchos de los que lo tienen no trabajan en lo suyo, por lo que en la práctica es como si no lo tuvieran. Mariano es registrador de la propiedad con una oposición aprobada. Es un buen empleo. Lo de la oposición aprobada demuestra memoria, lo que tradicionalmente también ha sido confundido con la inteligencia en España.

¿Habla idiomas Mariano? Nein. ¿Pero los habla usted, my friend? ¿Entonces qué critica? Mariano, como buen español, lleva toda su vida aprendiendo inglés y no hablando ni papa. Yo me lo imagino dándole a la sin hueso con las guiris (su guiri es Merkel, eso es duro) como mi amigo Antonio, que conoce tres idiomas: español, español a gritos y español a alaridos. Con razón los alemanes nos llevan tiesos como un palo. Pero, ¿acaso lo haría usted mejor? Porque aquí todo el mundo se rio del cup of tea de la ínclita alcaldesa de Madrid, pero yo no escucho a nadie hablar mucho mejor que Paco Martinez Soria, que en Hay que educar a papá se enorgullecía de decir butiful.

¿Demuestra Mariano en su discurso una fluidez de palabra y de mente aceptable? Bueno, ahí cedo un poco, una persona que en sede parlamentaria se hace un lío y reconoce que su partido ha venido a engañar a la gente no es que sea Demóstenes, pero oiga, el que hubo en su puesto antes que él se descolgó con que había hecho un acuerdo para follar a los rusos (que había que ver la cara que a su lado puso el presidente Medvedev cuando lo oyó) y al anterior aún se le recuerda la regresión tejano-cantinflesca en la que estaba trabajando. O sea, que si Mariano se traba no es porque le falle la neurona, es porque es muy natural y muy español confundirse al hablar en público. Que le puede pasar a cualquiera.

En definitiva, que Mariano somos todos. Mariano es usted. Mariano soy yo. Y si el personal le vota es porque, en definitiva, se identifica con él. Mariano caminando deprisa, Mariano con Bertín, Mariano en el Carrusel Deportivo? Es uno de los nuestros. El que vemos lavando el coche los domingos. Al que nos encontramos en el súper. Paseando al perro. Echando los sobres? en el buzón. ¿Cómo no votarle? Más aún si se piensa que frente a él están el guaperas de clase, el repelente niño Vicente y Chucky, el muñeco diabólico. Los más odiados del curso, no te los pierdas.

Cualquiera que diga que Mariano es tonto lo que debería hacer es reflexionar y preguntarse: ¿y si lo mejor que hemos encontrado para gobernar este país es un tonto, en qué lugar me deja eso a mí? Ahí queda eso.

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