Verderías

Enseñanzas de un semáforo

16.09.2016 | 04:00
Enseñanzas de un semáforo
Enseñanzas de un semáforo

En la ciudad de Murcia hay un insólito semáforo en el que los coches se detienen aunque esté en verde. Parece raro, y por eso supongo que debo explicar esto con un poco más de detalle.

El semáforo en cuestión está en el mismo centro de la capital murciana, en la calle de Correos, esquina con la plaza Cetina. Habré también de decir que se sitúa justo bajo la ventana de mi despacho, o sea que es comprensible que conozca yo este semáforo como jamás hubiese pensado que llegaría a conocer un semáforo. Es mi particular intimidad semafórica.

Ocurre que en la calle Correos, al menos en su último tramo, el tráfico está bastante pacificado. La conversión desde hace ya años de una vía de tráfico salvaje en una calle más o menos razonable para el tráfico y con aspecto de lugar controlado para el coche en el entorno de las áreas peatonales del centro urbano, ha conducido a que parezca que el peatón tiene cierta prioridad sobre el vehículo. Justo por eso, en el semáforo que protagoniza esta historia con moraleja, no es raro que aunque los coches lo encuentren en verde muchos de ellos se detengan para ceder el paso al peatón que lo tiene en rojo. Por lo menos eso me pasa a mí algunas veces, aunque ni mucho menos siempre, claro.

La enseñanza de este extraño hecho para mí es bastante clara. Cuando se actúa sobre el tráfico y el aparcamiento en superficie, cuando se pacifica una zona y pasa el suficiente tiempo de ello, la gente, y en particular los conductores, lo admiten como una situación perfectamente normal y lo incorporan autónomamente a su particular mapa mental de la urbe.

No hay crisis si se actúa sobre el tráfico de un área. Pasados los primeros momentos de unas cuantas voces carpetovetónicas que protestan, se olvida y se admite. No hay crisis tampoco, todo lo contrario, cuando los años pasan y es difícil incluso recordar que tal preciosa, amable y animada zona peatonal estuvo protagonizada hasta no hace tanto por los coches. ¿Alguien quisiera entrar ahora a Santo Domingo o a la plaza de la Catedral con su coche? ¿No es lo más normal, lo más lógico, que esto no ocurra?

Justo hoy comienza a celebrarse la Semana Europea de la Movilidad de 2016. En esta celebración infinidad de ciudades europeas, incluida Murcia, programan actos e intentan reforzar entre los ciudadanos la idea de la necesidad de que nuestras ciudades giren hacia la amabilidad, la sostenibilidad y el raciocinio en la manera de movernos. El semáforo de nuestra historia y tantas otras situaciones urbanas con moraleja nos enseñan no sólo que esto es perfectamente posible sino que es bueno, necesario, urgente y que, a pesar de los pesares, a pesar de lo que parezca en un primer momento en que alguna de las intentonas pueden ser criticadas por una minoría con mucha voz, es una cosa socialmente bien aceptada. Larga vida, entonces, a la movilidad sostenible.

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