Picar el folio

A Vicent Belenguer

18.07.2016 | 04:00
A Vicent Belenguer

Encabezo la misiva sin aplicar términos de cortesía o tratamientos formales que se suele dar a las personas para dirigirse a ellas por palabra o por escrito puesto que considero que esta suerte de individuo de la especie humana no merece tales consideraciones por mi parte.

Desde su publicación en las redes sociales he leído el famoso tweet muchas veces: por arriba, por debajo, de frente y de costado sin dar crédito en todas y cada una de dichas lecturas a la visión de unas palabras que significan todo y nada al mismo tiempo.

Por mucho que no comulgue con las corridas de toros y por ende con la faena de los toreros en los ruedos, me niego a emplear en esta columna términos como comprensión, entendimiento o alcance porque de alguna manera sería aceptar los signos terribles que forman un mensaje inadmisible, desprovisto toda humanidad.

La celebración de la muerte de cualquier ser humano y en especial de un joven de 29 años, recién casado y con toda una vida por delante significa todo y refleja el tipo de sociedad en la que nos hemos convertido en ese extraño camino que algunos osan entender como libertad. La mofa de la mortal cogida que el torero Víctor Barrio sufrió el pasado sábado en la plaza de toros de Teruel al mismo tiempo significa la nada, la inexistencia y la ausencia absoluta de cualquier cosa.

Por lo tanto, espero y deseo que el mensaje no haya afectado en lo más mínimo a los familiares y amigos del joven torero al tratarse de un conjunto de palabras desalmadas, crueles y brutales tecleadas por un trozo de carne con ojos que desde el atrevimiento que procura la ignorancia osa a considerarse a sí mismo como un ciudadano educado y civilizado cuando está muy lejos de alcanzar un mínimo de la categoría del resto de sus semejantes.

Espero con seguridad y credulidad que lo inhabiliten de por vida. Confío en que las más de 150.000 firmas para declarar su incapacidad como profesor se multipliquen y consigan que no vuelva a poner los pies en un aula no como merecido castigo sino como salvación y liberación de los alumnos que puedan verse contaminados por su inhumanidad e ignorancia.

Por repugnante que me parezca lo que ha escrito y lo repulsivo de sus pensamientos no me considero quién para juzgarle ni creo que nadie deba hacerlo, salvo los jueces encargados para ello. Considero que su falta de empatía y compasión y su razón cerril y obtusa son los barrotes perfectos de una celda que me temo lo tendrá a la sombra y desprovisto de libertad el resto de sus días.

Hay ausencias que dejan tras de sí desconsuelo, silencio y un espacio habitado tan solo por el vacío; otras, en cambio, suponen un soplo de aire fresco, vientos nuevos para la libertad y la justicia, la vocación, la felicidad y el amor.

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