Estelas en la mar

Nervios en el PP

22.06.2016 | 04:00
Nervios en el PP

A Rajoy lo conocimos repartiendo (o mandando repartir) sobres marrones, ahora sabemos que también reparte certificados de buena conducta. ¡Que vienen los malos! avisa. Y al oír hablar de malos, a cualquiera que haya vivido en este país en los últimos años lo primero que le viene a la mente son los Bárcenas, los Rato, los tesoreros de Génova, los pandilleros de la Gürtel, de la Púnica, de Novo Carthago, de la Umbra, y no sigo. Pero, no. Los malos no son los que han saqueado este país, los que desde el radicalismo más corrupto han tejido tramas mafiosas aprovechándose de sus cargos para forrarse, ni quienes por acción u omisión han sido sus cómplices. Los malos, para el líder del PP, son otros. Son los que no han gobernado todavía pero, según las encuestas, podrían estar en condiciones de hacerlo.

Pocas cosas están siendo tan patéticas en esta campaña electoral como las intervenciones de Rajoy. Que un dirigente de este pelaje siga siendo dueño y señor del PP a estas alturas dice mucho del PP y de sus circunstancias. Pero dejemos de lado a quien políticamente le quedan cuatro telediarios y hablemos de lo que importa. De lo que puede pasar el próximo domingo. Podría ocurrir, por ejemplo, que la lista más votada fuera la de Iglesias y Garzón, o sea, la de los ´malos´. Las expectativas electorales de Unidos Podemos van creciendo como una marea firme y constante que ya se acerca a las costas electorales del PP. Seguiría defendiendo entonces la derecha que debe gobernar el partido más votado. Probablemente no. Pero no habría que tomárselo en cuenta. La democracia, ya se sabe, es para algunos un ropero bien surtido con trajes a medida para cada ocasión.

Sin descartar lo anterior, lo que sí se da por hecho es que habrá ´sorpasso´. Un adelantamiento que podría no quedarse sólo en un simple cambio de posición hegemónica dentro de la izquierda española, sino ir más allá. Me refiero al hecho de que Unidos Podemos y el PSOE rocen o alcancen, como señalan algunas encuestas, la mayoría absoluta de diputados.

Se mire como se mire, de lo que haga el PSOE tras la elecciones del 26J dependerá en gran parte el futuro de este país. No es una responsabilidad pequeña. De ahí que no se entienda su resistencia a desvelar qué pactos prefiere tras los comicios. Como partido de izquierdas, tendría que entender que su programa de cambio progresista sólo puede cobrar vida dentro de la izquierda. El espejismo de una gran coalición lo condenaría inevitablemente a la pasokización. Defraudar las expectativas de una mayoría de españoles que también, según las encuestas, se inclinan por un pacto de Gobierno PSOE-Unidos Podemos sería un error histórico de dimensiones colosales.

Pero para forjar este acuerdo, ya apuntábamos la semana pasada, hará falta mucha flexibilidad y mayor sentido común. Tendrán que hablar, acercar posturas, consensuar, renunciar a maximalismos: nada nuevo que no hayan hecho ya en Comunidades Autónomas y Ayuntamientos.

El convencimiento de que una mayoría de izquierdas puede estar a la vuelta de la esquina explica el nerviosismo que ha cundido en el PP, que prometió hacer una campaña ´positiva y constructiva´ y ha terminado recurriendo al miedo y al tremendismo. El registrador de Santa Pola se alza ahora como un dios justiciero que pide premiar a los buenos y castigar a los malos en las urnas. Pero como por sus obras se le conoce es posible que hasta le hagan caso lo electores.

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