Ida y vuelta

Amando a Trump

12.03.2016 | 01:28
Amando a Trump

¿Quién no puede amar a Donald Trump? Un tipo que se presenta en un caucus (especie de asamblea popular para la elección de los candidatos de los dos principales partidos de EE UU a la presidencia) preguntando a la concurrencia qué demonios es un caucus. WTF is a caucus, my friend? Eso digo yo. Qué carajo será. Y más aún, a quién le importa. No a Donald. Cuando uno es multimillonario, colecciona esposas e hijas casi tan hiperbólicamente oxigenadas como su propio cabello, se dedica a superar día a día su propio récord de soplagaiteces y aun así aparece como el candidato favorito del Partido Republicano, el más votado, el más popular, el cada vez más amenazadoramente cercano a la Casa Blanca€ pues oye, lo que sea o deje de ser un caucus bien le puede importar un pito. O dos.

La gracia del asunto es que él era uno de los candidatos que se presentaban en ese caucus. Y la mayor gracia es que fue el más votado. Para que después digan de lo importante que es la formación. Pues no. Te presentas voluntario a algo que ni sabes lo que es y van y te eligen. Como debe ser. Tonterías las justas. Eso de decir cosas sensatas, tener un programa de Gobierno lógico (siquiera tener un programa), plantear cambios racionales y tener el Estado en la cabeza es, con perdón, una mariconada. Los hombres de verdad, esto es, los hombres como Trump no necesitan ninguna de esas mandangas. Les basta con un atril, una concurrencia ganada de antemano y empezar a darle candela a todo lo que se menee. Los inmigrantes: a patadas con ellos; los mejicanos: a cascarles un muro en la jeta y que encima lo paguen ellos; los chinos: ladrones de empleos; el ISIS: los vamos a bombardear hasta que vayan a misa todos los días; el Papa: un maricomplejines; Obama: un traidor; Hillary: una mentirosa; sus rivales para la candidatura del Partido Republicano: unos patanes; el tipo ese que se acaba de levantar para protestar por las salvajadas que profiero en este mitin: a ver, que los seguratas lo echen a la calle y suerte que no lo cojo yo porque le daría un puñetazo (esto lo dijo textual).

Lo que más me gusta del circo de tres pistas en que se ha convertido la campaña presidencial estadounidense merced al bueno de Donald es que de todos los protagonistas del mismo resulta insultantemente evidente que el que menos se toma en serio a sí mismo es el propio Trump. Si alguien es consciente de que su espectáculo es sólo eso, un espectáculo, es él. Basta con mirarle a los ojos. Nos mira y nos dice: hace falta ser tontacos. Me estoy riendo en vuestra cara y me seguís el juego.

Yo, que soy (cada cual tiene sus vicios extraños) aficionado a la lucha libre americana, ya saben, esa de los tipos enormes que entrenan en la farmacia y que se pegan, pero no se pegan, pero hacen el paripé, pero gritan mucho, pero al final nada de nada, yo, decía, que me gusta el tema este de las castañas de plástico, aún recuerdo la aparición estelar de Trump hará unos cinco años. Se jugó con el dueño de la franquicia de forzudos quién de los dos se rapaba al cero. Un combate entre sus favoritos así lo resolvería. Ganó el de Trump y el otro fue afeitado en directo y por el propio millonario. Como en el espectáculo de la lucha libre lo divertido es tirar del hilo durante semanas (hablan más de lo que se sacuden), estuvieron una temporada sacando a Trump en directo. Se subía al ring, cogía el micrófono, gritaba€ Llegó a hacer un amago de pelea revolcándose por el suelo. Puro espectáculo americano.

Claro, tomarse en serio a semejante individuo es complicado. Lo divertido es ver como la mayoría sí lo hace. Como teorizan sobre el fin del mundo en el caso de que Trump alcance el poder. Que si es el símbolo del populismo que nos invade. Que si es el resultado del empobrecimiento de las clases medias blancas americanas. Que si es a la política gringa lo que Le Pen a la gabacha. Que si se haría amigo de Putin antes que de los líderes demócratas. Que si esto, que si lo otro. Estoy de acuerdo. Todo eso es cierto. Pero, tal vez, el factor que más se ignora es que Trump no sólo es un histrión, que lo es, sino que es un histrión que sabe que es un histrión y que juega a ser un histrión. Es un hombre del espectáculo criado en la más superficial de las ciudades (Nueva York) y formado en la más superficial de las épocas (vivan los ochenta y viva Gordon Gekko). Si por un casual llegara a ser presidente no tendría por qué ser necesariamente el fin del mundo. No creo que levantara el famoso muro con Méjico, ni tampoco que le arreara a los chinos. Lo más probable es que primero se partiera de la risa y después hiciera simplemente lo que más le conviniera a él personalmente. Pretende ser presidente exclusivamente por satisfacer su ego y su presidencia consistiría en eso. Mucho gesto rimbombante, pero posiblemente pocas nueces. A mí, personalmente, me da más miedo Cruz, por ejemplo. Ese sí que se lo cree de verdad. Trump es un sujeto que ha sido del Partido Demócrata, que ahora es del Republicano y que mañana será reina de los mares. Lo que le permita pasárselo bien y quedarse contento en su mismidad.

Puestos a señalar gente peligrosa, mucho más peligrosos son unos tipos a los que en sede judicial ya consideran más banda mafiosa que partido político. Y no señalo a nadie, Mariano.

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