Estelas en la mar

Agotar el ámbito de lo posible

10.02.2016 | 04:00
Agotar el ámbito de lo posible

Hay días, últimamente, en que por los pasillos del Congreso se ve la figura de Don Quijote pasar. De «complexión recia y seco de carnes», el diputado Sánchez ha venido a dar en un extraño pensamiento. Y es que le ha parecido «convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su república», hacerse presidente del Gobierno.

Otros días es a Sísifo a quienes vemos empujando un peñasco por las escaleras del hemiciclo. Un peñasco que al llegar a las partes altas donde han colocado a los diputados de Podemos vuelve a caer rodando por su propio peso.

Sin embargo, no se percibe en su rostro ningún atisbo de amargura. Pese a las dificultades que sabe que va a encontrar en su camino, Sánchez se muestra confiado y hasta entusiasta. Los ´noes´ de unos y de otros, las puñaladas traperas, sus propias dudas y debilidades, los conjuros de sus barones, son hitos que un caballero andante debe superar si quiere gobernar esta isla Barataria. «¿Qué te parece desto, Sancho? „dijo don Quijote„. ¿Hay encantos que valgan contra la verdadera valentía? Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo, será imposible». (Valga de nuevo este guiño a Cervantes en el casi olvidado IV centenario de su muerte).

Sánchez lo tiene, desde luego, muy crudo, aun así no desespera. Y el que la sigue, ya se sabe, a veces, hasta la consigue. Ánimo y empuje no le faltan. Por momentos, Rajoy debe de estar retorciéndose en su sillón en funciones de la Moncloa. Haber sumado con la calculadora y no con las agallas, y sobre todo, no haber contado con la determinación de Sánchez, ha sido su último error. El penúltimo fue convivir durante demasiados años con un PP infectado de corrupción. Es verdad que con una mayoría tan exigua, y sin capacidad para seducir, la tarea de ser investido resultaba casi imposible. Pero haberse arrugado y apartado, no haberlo ni siquiera intentado, lo arroja definitivamente al círculo dantiano de los pusilánimes.

También miran de reojo a este ´loco´ los barones que señorean por esta confederación de reinos de taifas en que se ha convertido el PSOE y España. Sánchez se les escapa de las manos. Se escabulle como una pastilla de jabón. Porque juega a un equilibrismo que se podría encuadrar en lo que ahora se ha dado en llamar ´pensamiento lateral´. Frente al pensamiento tradicional de unir lo de siempre, esto es PSOE-Podemos e IU, Sánchez se ha lanzado a la tarea quijotesca de reconciliar lo que hasta ahora era, como el agua y el aceite, irreconciliable. Iglesias y Rivera, uno a su derecha y el otro a su izquierda, pero sentados juntos en la gala de los Goya, se resisten y marcan su territorio con líneas rojas ´infranqueables´. A Sánchez le corresponde levantar el puente.

En estos tiempos de negociación implacable, nos esperan semanas inciertas, agotadoras. ¿Prevalecerá lo que une sobre lo que separa? Más vale que así sea. Porque el fracaso de Sánchez conducirá inevitablemente a nuevas elecciones. Y no hay visos de que, tras ellas, cambie mucho el actual panorama político. Si cabe, podría salir reforzado el aspirante para intentar lo mismo. Podemos, por su parte, puede sufrir las consecuencias de ser percibido como un obstáculo para el entendimiento.

Decía León Felipe que desde que se murió aquel manchego, aquel estrafalario del desierto, ya no hay ´locos´ en España. Que todo el mundo está cuerdo, terrible, monstruosamente cuerdo. A tenor de lo visto, alguien se ha propuesto contradecir al poeta y volver a luchar contra los molinos de viento. Alguien que ha hecho suya las palabras de Camus y ha decidido agotar, no sabemos con qué resultado, el ámbito de lo posible.

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