Estelas en la mar

El 'milagro' murciano

12.11.2015 | 04:00
Antonio Balsalobre

En 2011 había en España cerca de 4.300.000 parados. Cuatro años después tenemos 4.176.369. Oficialmente el paro está bajando. Imperceptiblemente, desde luego, pero lo suficiente para que Rajoy se aferre a estos datos para hablar de recuperación y dar por zanjada la crisis. La realidad, sin embargo, nos indica que en el mercado laboral hay hoy 435.800 ocupados menos y que el poco empleo que se crea es precario y de mala calidad. Algo no va bien, desde luego, cuando varios millones de trabajadores están cobrando un sueldo medio de 411,2 euros brutos al mes y muchísimos otros no son siquiera mileuristas. Y eso, mientras crece la brecha salarial. Mientras aumentan las remuneraciones de los que más ganan y caen los salarios más bajos. En la Región, los datos son todavía peores. Pero no lo suficiente, por lo visto, para retorciéndolos, quitarle un buen titular a Pedro Antonio Sánchez. Adulón y servil, sobreactuando a ratos, el presidente de la Región recibió el pasado viernes en Lorca a su jefe de filas, el que quita y pone en el PP, con un discurso triunfalista: «Europa vuelve a hablar del milagro español». Una fórmula tan gratuita como autocomplaciente que en ningún caso va impedir que en materia económica cada cual mire a su alrededor y saque sus propias conclusiones.No ha habido ningún milagro últimamente, señor Sánchez. Y mucho menos el de la multiplicación de los panes y los peces. Si cabe, el de la multiplicación de independentistas en la era Rajoy. A estos es a quienes de verdad se les ha aparecido la virgen. En cuatro años, el independentismo en Cataluña ha pasado del 25 % al 47 %. ¿Son todos los nuevos secesionistas atribuibles a la política de Rajoy?

Probablemente, no. Como tan poco lo serían entonces los pocos empleos, precarios y de mala calidad, que se han creado. Y ya que a PAS le gusta tanto hablar de milagros (no es la primera vez que lo hace), hablemos del suyo.

El que empieza, por cierto, con un repique de campanas por su elección, a cuenta de su amigo el cura de Puerto Lumbreras. Porque si alguien está de milagro en la presidencia de una comunidad autónoma es él. Hagamos memoria. Designado por Valcárcel para sucederle cuando el expresidente decide, en plena crisis, abandonar el barco y largarse a Bruselas como eurodiputado, Sánchez tiene que hacer frente a una imputación por presunta corrupción que imposibilita el relevo. Para guardarle el puesto en las autonómicas de mayo, el partido designa a un presidente interino, Garre, y maniobra mientras tanto para desimputar al delfín.

La andadura de Garre, un presidente ninguneado por su partido como ningún otro, se convierte, como era previsible, en un vía crucis que termina con su crucifixión (valga la terminología religiosa si hablamos de milagros). La rocambolesca situación se complica todavía más con la pérdida de la mayoría absoluta por parte de PAS, cuando todo indicaba que Garre, cuya forma de hacer política empezaba a calar entre la ciudadanía, la hubiera conseguido. El caso es que PAS se encuentra al día de hoy gobernando en minoría y en la picota. Pendiente de que Ciudadanos suelte el lastre o la justicia lo impute en el 'caso Auditorio' (varios de sus concejales, de cuando él era alcalde, ya lo están). De manera que su permanencia en el cargo durante esta legislatura va a depender más de las leyes sobrenaturales que de la lógica política. Pero dejemos a Sánchez con sus milagros. Que el nuestro, el que de verdad importa a la inmensa mayoría de los murcianos, es cómo llegar a fin de mes.

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