Dos veces breve

Estiaje IV. Lectura

21.08.2015 | 20:13
Pedro de Silva

No pertenezco al grupo de varones (ellas no paran) que sólo leen un libro al año, en verano. Pero en vacaciones leo nada más algún cuento, y lo cavilo hasta destriparlo. Leyendo En lo alto para siempre, de David Foster Wallace, sobre la vacilación de un adolescente a punto de tirarse a la pileta desde un trampolín, me viene de sopetón mi propia imagen a esa edad, subido a un trampolín con gafas de buceo, sopesando si las gafas resistirían el impacto (usaba entonces gafas de buceo para nadar, pues me aterraba la entrada del agua por la nariz). Finalmente di la vuelta y dejé la pasarela. Mi ventaja era que no había gente detrás; también que, en el tránsito por el recuerdo hasta hoy, no pensé en ello luego en clave existencial, como sí hizo Wallace al escribir el cuento, transfigurando la experiencia (él luego, por cierto, se tiraría desde no tan alto, pero al fondo del pozo).

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