Mi picoesquina

Chantaje marroquí

Cuando Zapatero hablaba de adoptar una actitud diplomática «inteligente y responsable» omitía que los forzados acuerdos con la diplomacia marroquí obedecen a las presiones de Francia

 02:54  

DIEGO JIMÉNEZ Las relaciones España-Marruecos parecen condenadas a mantenerse en un permanente tira y afloja. Por un lado, para muchos —no es mi caso— parece lógico que la diplomacia española aspire a no tensar en exceso, en cuanto a niveles de exigencia, esas relaciones con nuestro vecino del sur, en aras de garantizar la seguridad y la cooperación necesaria entre ambos países. Pero, dicho esto, lo que no es de recibo es que, también muy frecuentemente, asistamos a un permanente chantaje marroquí.

Todo arranca de los vergonzosos acuerdos de Madrid, de noviembre de 1975, por los que, con el dictador Franco entonces agonizante, se entregó el Sahara Español a Marruecos y Mauritania. De manera que todas las tensiones que han ido aflorando estos años entre los dos países tienen como origen esa vergonzante muestra de la debilidad diplomática española. Debilidad que se mantiene estos días. A título de ejemplo, el Consejo de Ministros español acaba de dar el plácet al nuevo embajador marroquí en España, Ould Souilem, un antiguo miembro del Frente Polisario, síntoma evidente de la especial sintonía existente entre Marruecos y España en el contencioso actual del Sahara. Y aunque es cierto que ese nombramiento no parece que pueda contribuir a favorecer las aspiraciones anexionistas marroquíes sobre la antigua colonia española, es evidente que, con Souilem como embajador en España, Marruecos quiere reforzar esas pretensiones de la monarquía alauita. Todo ello, repito, en un contexto de vergonzante debilidad diplomática española.

Cuando, hace unos días, Zapatero hablaba de adoptar, con respecto a las tensiones con Marruecos, una actitud diplomática «inteligente y responsable», omitía conscientemente que los forzados acuerdos entre las diplomacias marroquí y española —más allá de asuntos puntuales, como la cooperación policial conjunta a ambos lados de las fronteras— obedecen a las indudables presiones de Francia y, en menor medida, Estados Unidos, para el mantenimiento del statu quo en el Magreb. A nadie escapa el hecho de que la diplomacia de Rabat se ventila, muy frecuentemente, en el Elíseo. Como es notorio que, con ello, Francia, pretender mantener una permanente presencia en una región que constituyó su área de influencia en época colonial, hasta los procesos de independencia que se dieron en la década de los 60 del pasado siglo.
Por su parte, los sucesivos Gobiernos españoles han asumido el discurso marroquí de los riesgos que conlleva una desestabilización de la monarquía alauí (migraciones, narcotráfico, terrorismo…) y, obnubilados por el supuesto potencial de las relaciones económicas con su vecino del sur, han conseguido que Marruecos haya logrado el estatus de socio imprescindible de la Unión Europea y, al tiempo, blindarse ante exigencias externas. En efecto, desde hace algunos años, Marruecos ha ´vendido´ unas supuestas reforma y transición políticas que no son tales, pues muy pocos han sido los avances y muchos los retrocesos en materia de desarrollo, derechos humanos…

Por citar otro caso reciente, el nombramiento del embajador Souilem parece querer expresar, de cara a España, una respuesta al desenlace del caso Aminatour Haidar. Con la expulsión de la activista saharaui, Marruecos puso en una situación harto incómoda y delicada al Gobierno español. Y aunque el asunto se resolvió con la mediación de EE UU, las autoridades marroquíes eran conscientes de que el retorno de la activista al Sahara supondría un fortalecimiento de la contestación saharaui a las zonas ocupadas. El nombramiento, pues, de un ex saharaui como embajador marroquí en Madrid, junto con las recientes tensiones en Ceuta y Melilla, con seguridad alentadas por la diplomacia marroquí, parecen la réplica de Rabat al ´marrón´ que tuvieron que tragarse a finales de 2009.

Decididamente, parecemos condenados a plegarnos constantemente ante las pretensiones de nuestro vecino del sur. O lo que es lo mismo: a aceptar permanentemente el chantaje marroquí. Y mientras, el noble pueblo saharaui sigue esperando que el referéndum de autodeterminación, tantas veces anunciado y otras tantas postergado, pueda celebrarse algún día.

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