Arte culinario en los genes

José María Núñez conquista desde 2010 a los murcianos con la cocina vasca y navarra que aprendió de su madre, María Isabel, que con apenas diez años le inculcó la pasión por este oficio

17.12.2017 | 04:00
Arte culinario en los genes

Hay trabajos que se aprenden por mera obligación. Otros, sin embargo, se cruzan en el camino de las personas por casualidad o, simplemente, gracias a la influencia de un ser querido. Éste es, por ejemplo, el caso de José María Núñez, que lleva casi cuatro décadas dedicándose a un oficio, el de la cocina, del que se enamoró a primera vista cuando tan solo tenía diez años de edad. La responsable de ese idilio que todavía perdura es su madre, María Isabel, a quien siempre agradecerá el hecho de que, siendo un niño, le hiciera «partícipe» de las comidas que, al igual que los integrantes de cualquier familia de clase media de su tierra, elaboraba «con muchas horas de fuego».

«A mi ama le tengo que agradecer los ocho años que estoy trabajando en Murcia y los treinta y dos que llevo cocinando», asegura el propietario de El Obrador de Txema, un restaurante ubicado en la avenida Francisco Jiménez Ruiz de Murcia (frente al Hotel AC), con el que desde el año 2010 acerca a los murcianos los deliciosos platos de las cocinas vasca y navarra, ofreciendo, posiblemente, la mejor ecuación de Europa calidad-precio-cantidad.

José María Núñez es la imagen de este prestigioso local, donde se puede degustar, sobre todo, «cocina vasca, pero casera, no de autor». «Mi cocina es un plato fresco, una calidad alta y una guarnición extra», apunta.

Su llegada a la Comunidad Autónoma de Murcia le sirvió para escribir un capítulo más de la brillante historia que arrancó en el momento que dio sus primeros pasos en el sector de la hostelería.

Con la lección bien aprendida gracias a su madre, y pese a que apenas tenía 15 años, Teresa Goñi Larrea (a quien define como su «maestra, segunda madre y consejera») le dio la oportunidad de aprender el oficio en el popular restaurante Casa Otano, ubicado en la calle San Nicolás, en pleno centro de Pamplona.

Durante los trece años que trabajó en Navarra se acentuó una vocación que mantiene intacta a pesar de que son ya más de tres las décadas que se ha entregado «en cuerpo y alma» a los proyectos en los que se ha embarcado. «Para mí, esto no es un trabajo sino una forma de vida y una victoria o un elogio es que el cliente vuelva a tu restaurante para sentarse en tu mesa, que es la suya», explica.

Denia fue su segundo destino y allí se ganó la confianza de un público «con mucho dinero y exigente». «En Murcia, la clientela es diferente y trabajo mucho con los hoteles, sobre todo el AC, en el que se hospeda gente que año tras año repite su visita a mi local». En este sentido, añade: «Nunca he diferenciado la posición o la cartera de un cliente, independientemente de que se gaste 15 ó 40 euros».

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