La Murcia que se nos fue

Del crimen del confitero a las rogativas

Además, recordamos cómo llega a Murcia desde Cartagena la campana María de la Fuensanta

27.09.2016 | 19:11
Del crimen del confitero a las rogativas

EXTRAÑO CRIMEN EN LA PLATERÍA
Un extraño crimen conmocionó a la sociedad murciana en 1770. Eran vísperas de Navidad y en las casas de la alta sociedad se preparaba todo para tan entrañables celebraciones. El suceso que les relatamos, tal como consta en las actas de la ciudad, ocurrió una madrugada cuando un afamado maestro confitero se dirigía a la casa de don Francisco Mandri para preparar dulces de chocolate. Los hechos, según se recogen, ocurrieron así. «A las cinco de la mañana hirieron de muerte al maestro confitero Tomás Carreras, en la Platería y en el callejón donde tiene su casa Don Francisco Mandri, y murió el dicho maestro confitero dos días después de haber recibido las mortales heridas. El muerto iba a preparar chocolate a casa de dicho señor Mandri, y estando llamando por la reja que hay en el dicho callejón para acceder a la casa, lo cercaron cuatro hombres diciéndole que callase. Entonces él dijo llamando al criado de la casa ´Félix, no abras´, presumiendo que eran ladrones que iban a robar en casa tan principal de esta ciudad. Ellos que vieron frustrado su intento, se retiraron y uno dijo: «Es mejor matarlo por si nos ha conocido», tal como refiere en su declaración el criado Félix, que siguió todos los acontecimientos desde el interior de la casa. Uno de los que se había ido volvió sobre sus pasos y el tiró un carabinazo en toda la cabeza. No se sabe quiénes fueron pese a la intervención de los señores justicias. El maestro confitero Tomás Carreras se da por muerto dos días después de tan lamentable suceso».

LA FUENSANTA Y NUESTRO PADRE JESÚS EN ROGATIVA
El siglo XVIII se despidió en Murcia con una serie de sucesos que sumieron a la población en un periodo de ruina y precariedades de los que se tardarían muchos años en salir adelante. Sequías pertinaces, epidemias, plagas de langosta e incluso terremotos afectaron a todos los habitantes de la ciudad ya de por si empobrecida. Vamos a centrarnos en una rogativa especial que se llevó a cabo en 1792 ante la pertinaz sequía y la ruina de la huerta y el campo. «Siendo martes de Pascua de Resurrección, a día diez del mes de abril, del año de nuestro Señor de mil setecientos y noventa y dos, al amanecer de dicho día trajeron desde su ermita del monte a la Virgen de la Fuensanta, en rogativa ante la falta de agua y la desolación de los campos. El día veinticinco, cuando la imagen estaba en la ciudad y se había realizado la novena de rogativa, empezó a llover durando hasta el día veintinueve sin cesar en ningún momento. Al día siguiente se celebró solemne procesión de acción de gracias por las calles que atraviesa la del Corpus. Acompañó a la sagrada Virgen la imagen de Nuestro Padre Jesús, que también estaba de rogativa. Viendo que la sequía había cesado y que las aguas que cayeron en gran cantidad habían sido muy beneficiosas para los campos y las huertas, a día nueve de mayo al atardecer llevaron a la Santísima Virgen de la Fuensanta de nuevo a su ermita del monte».

EL CAMINO DE ESPINARDO SE ESTRENÓ CON EL SIGLO
Una de las obras más importante que se llevaron a cabo en la ciudad de Murcia, nada más comenzar el siglo XIX, fue la puesta en valor, ensanchamiento y abovedado de acequias para construir el necesario camino de Espinardo en lo que hoy conocemos como la zona de la Seda donde, anteriormente, estuvo la fábrica de Sedas de la ciudad. También era conocido como las Puertas de Castilla, al encontrarse en el entorno una de las puertas de la muralla que recibía ese nombre por ser la salida natural hacia aquellos territorios. Este camino dando su lamentable estado y sobre todo el tráfico que soportaba al enlazar con el que continuaba hasta Madrid fue objeto de numerosas demandas por parte de entidades y gremios que pedían constantemente al Concejo su arreglo y reparación. Llama la atención que ya, en aquellos albores del siglo XIX, se empezaron a abovedar acequias y taparlas para ensanchar los caminos tan necesarios para las comunicaciones. No es nada nuevo, por tanto, cuando vemos que a día de hoy se sigue con esta práctica. El acta del Concejo fechada en abril del año 1805 da cuenta de estas obras. «En el mes de abril de aquel año de mil ochocientos compusieron por orden del Concejo el camino de Espinardo y mudaron algunas varas de tierra de donde estaba la Puerta de Castilla y se acabaron las obras un año después en el año de mil ochocientos y uno. También abovedaron la acequia que hay enfrente del costado de la iglesia de las Angustias al objeto de ensanchar el dicho camino. Y del mismo modo se realizaron obras en la casa del fielato de dicha puerta conocida como la de Castilla. El dicho camino fue utilizado en su nueva construcción en el año de mil ochocientos dos pagados todos los gastos ocasionados por el Concejo de esta ciudad».

UN PINTOR OLVIDADO
En el centro de la ciudad de Murcia, cerca de las plazas de Santa Catalina y las Flores, existe una calle que figura como calle Pascual, pero en realidad pocos, o casi nadie, conoce quien fue el tal Pascual y por qué se le dedicó una calle en esta zona de la ciudad. Precisamente en un lateral donde estuvo en tiempos el edificio del Contraste. Se trata del pintor José Pascual y Valls. La relación de José Pascual y el Contraste fue intensa y personal no exenta de cierto tinte romántico. José Pascual había nacido en el seno de una familia humilde en 1820. Su padre se dedicaba a la factura de paños, pero esta condición modesta de la familia no le impidió finalizar su carrera de arquitecto y cosechar varios premios a lo largo de su vida profesional. Si bien su pasión era la pintura. La obra que le llevó a la fama fue precisamente la que realizó decorando el techo del Teatro de los Infantes (actual Romea) y que desapareció tras el pavoroso incendio de 1862. Con el fin de pintar los lienzos del techo del teatro, solicitó al ayuntamiento que le cedieran un salón del edificio del Contraste, a modo de estudio y almacén para sus materiales. Y allí realizó su obra. Fue tal la unión que tuvo con el desaparecido edificio que, una vez concluido el trabajo, José Pascual, se instaló en el palacio solo. Siguió viviendo en el ángulo Norte-Este del Contraste, colocando en una esquina un biombo y un colchón a modo de alcoba. Allí pasó gran parte de su vida y fue en ese lugar, precisamente, donde le encontró la muerte. El 7 de mayo de 1866, a las seis de la mañana, el pintor Pascual y Valls fallecía en aquel improvisado dormitorio del Contraste solo y sin nadie a su alrededor. Tenía 46 años de edad. Le encontraron muerto horas después. Había dicho a sus amigos que no le enterrasen en fosa alguna y que lo hicieran en la común sin poner ni dar ninguna pista que indicara el paradero de sus restos. Así se hizo. Años después, la Comisión de Monumentos, le dedicó una placa en el Contraste que decía: «En este salón pintó el techo del Teatro de esta capital, el malogrado pintor murciano don José Pascual y Valls, y en el sitio que ocupa esta lápida exhaló el último suspiro el 7 de mayo de 1866 a las seis de la mañana». Hoy el Contraste no existe. Fue derribado de una forma extraña e ilegalmente, pues era un edificio protegido. Con el derribo se perdió también la placa que recordaba la figura del artista murciano. Sus pinturas desaparecieron pasto de las llamas en el incendio que destruyó el teatro, y solo queda la calle que el ayuntamiento de Murcia dedicó a su memoria precisamente en el lateral del Contraste donde estuvo instalado en sus últimos años. Pero poca gente en esta ciudad sabe que ese Pascual que da nombre a la calle pertenece a uno de sus hijos más ilustres que ha quedado en el olvido para siempre.

LLEGA A MURCIA DESDE CARTAGENA LA CAMPANA MARÍA DE LA FUENSANTA
Este fue el viaje y, posterior colocación en la torre de la Catedral de Murcia, de la célebre campana bautizada con el nombre de María de la Fuensanta. Una campana de enormes proporciones para la época y que fue realizada en la ciudad de Cartagena. Las actas capitulares del año 1777 refieren con todo detalle este acontecimiento. «Hizo la campana del reloj de esta Santa Iglesia Catedral don Vicente Carbonell, vecino y maestro campanero de la ciudad de Cartagena y natural que es de la de Mataró. En dicho día tres de febrero del año de nuestro Señor de mi setecientos y setenta y siete salió dicho señor con ella desde Cartagena a la ciudad de Murcia. Para pasar el puerto estuvieron tres días y en todo el camino siete días. El día diez, festividad de Santa Escolástica Virgen y san Guillermo de Aquitania, lunes de Carnestolendas, a las tres de la tarde, entraron en esta ciudad de Murcia y depositaronla al pie de la torre y puerta de la Iglesia Catedral que mira a las cadenas. El día doce, miércoles, la pesaron y pesó cuatrocientas y cincuenta y tres arrobas de metal nuevo, que hacen ciento trece quintales que, a cuarenta y dos pesos el quintal, puesta en la torre, importa cuatro mil setecientos cincuenta y seis pesos, siete reales y diecisiete maravedíes. A las cuatro y media de la tarde la tocaron para entregarse de ella el Cabildo. El día veinte la bendijeron y pusieron por nombre María de la Fuensanta. El quince de mayo, San Isidro Labrador, jueves de la semana, a las seis y cuarto de la mañana la empezaron a subir a la dicha torre con dos tornos, en uno había trece hombres y el otro quince. Llegó a lo alto de la torre a las siete y cuarenta minutos. El día veintiuno, festividad de Santa María del Socorro, miércoles de la semana, la pusieron en el sitio donde está hoy, que es en la fachada que mira a las cadenas. El día veintitrés, día de la Aparición del Glorioso Apóstol Santiago, viernes de la semana, al toque de conjuro, fue la primera vez que la tocaron colocada en su lugar de la torre catedralicia. Siendo obispo de Cartagena el ilustrísimo señor don Manuel Rubín de Celis».

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