PRUEBA

Mazda CX-3 1.5d AWD, el 'SUV' compacto ideal

A medio camino entre un compacto urbano y un ´crossover´, esgrime los argumentos del diseño, la dotación y una mecánica suficiente

31.10.2016 | 11:16
El formato de 4,28 metros de longitud es válido para pequeñas familias que buscan un vehículo de proporciones moderadas pero de uso polivalente; el diésel empuja bien y es agradable de conducir

Fresco y muy bien rematado, el Mazda CX-3 completa por abajo la familia ´SUV´ del fabricante japonés. Su acertado formato de 4,28 metros de longitud le hace encajar en el cada vez más tedioso tráfico urbano, al tiempo que le permite trayectos largos gracias a su aplomo y a un habitáculo que aprovecha muy bien todos los espacios. Detrás, si bien dos personas viajarán mejor detrás que tres, el hueco es suficiente y las plazas son cómodas por el ángulo del respaldo. Además de eso, el maletero tiene una capacidad de carga de 350 litros, nada mal para el tamaño del coche, con la practicidad del fondo que se puede poner a dos niveles de altura para compartimentar los objetos. Delante se disfruta de una anchura similar a la de un vehículo de un segmento superior y los materiales empleados tienen buen aspecto. El diseño es limpio, no hay muchos mandos que distraigan y todo se encuentra a la mano, incluida la palanca del cambio, lo que facilita su manejo. En la parte superior del salpicadero está la pantalla de 7 pulgadas del sistema multimedia, que se gobierna mediante un selector giratorio y unos botones en la zona del freno de mano. Para ir finalizando con el interior, podemos mencionar que hay varios huecos para alojar nuestros objetos cotidianos, algo que no siempre encontramos en muchos de los coches que pasan por nuestra redacción.

La gama del Mazda CX-3 la componen dos mecánicas de gasolina, ambas con un bloque de dos litros, con 120 y 150 CV y una diésel de litro y medio con 105 CV. Las cajas de cambios pueden ser manuales de seis marchas o automáticas del mismo número de relaciones. Una cosa interesante de este modelo es que puede contar con la tracción total, algo poco común entre los de su clase. Va de serie con el motor más potente y es opcional en el de gasóleo. El gasolina de 120 CV, es siempre de tracción delantera. Nosotros hemos contado para esta ocasión con un bonito CX-3, dotado del propulsor diésel unido a la interesante tracción total, que aumenta bastante sus posibilidades.

Más que suficiente para una conducción ágil, el motor diésel propuesto de 105 CV es bastante silencioso, responde bien desde pocas vueltas y es muy elástico, por lo que no hay que recurrir demasiado al cambio. Una cosa llamativa es que puede subir mucho de vueltas, pues corta a 5.800 (algo pocas veces visto en un diésel), pero no vale la pena estirar tanto porque por encima de las 4.000 revoluciones su poder empieza a decaer. La sensación de agilidad descrita viene dada por un peso contenido del coche, 1.350 kg (no hay que olvidar que monta todo el sistema de tracción total), y por la respuesta alegre desde abajo del motor. También el ajuste de las suspensiones aumenta la sensación de aplomo, y eso que el CX-3 es un poquito más alto que un compacto equivalente. En el capítulo del gasto, nuestro Mazda CX-3 1.5D AWD homologa una media de 4,7 litros por cada 100 km, un valor destacable que poco ha diferido en nuestras pruebas, menos de un litro más conduciendo sin prestar mucha atención al consumo.

Hay tres acabados disponibles en el Mazda CX-3, Style, Luxury y Luxury Premium. De serie monta elementos como programador de velocidad, botón para arranque, llantas de 16 pulgadas, radio con manos libres ´Bluetooth´, ordenador de viaje, climatizador, asistente al arranque en pendientes, testigo de presión de neumáticos y sistema de frenado de emergencia en ciudad. El nivel Luxury aporta a ese listado asientos de cuero y tela, información proyectada encima del tablero de instrumentos (Head Up Display), navegador con el sistema multimedia MZD con pantalla de 7 pulgadas, sonido Bose y control vocal (entre otras muchas funcionalidades), acceso sin llave, cámara de visión trasera, sensor de lluvia y luces, y ópticas y pilotos traseros Full Led. El acabado de referencia Luxury Premium añade la tapicería de cuero blanco y los asientos delanteros calefactados, entre otros. En opción hay disponibles una serie de elementos de seguridad, como el control de crucero por radar, el aviso de ángulos muertos en los retrovisores, la alerta por tráfico cruzado al ir marcha atrás o el cambio automático de luces de carretera y cruce.

En resumen, el Mazda CX-3 es diferente, sirve para cualquier ámbito y está bien acabado. Con el motor diésel descrito de 105 CV no defraudará por su silencio de marcha, poquísimo gasto y buenas prestaciones. Su precio de partida es de 22.645 euros con la caja manual y la tracción a las ruedas delanteras. El de esta prueba con la misma caja de seis marchas y tracción total cuesta desde 26.680 euros y si lo preferimos con el cambio automático arranca en los 28.480 euros.

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