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Camarero, una de espinacas

El Real Murcia sigue mostrándose como un equipo invencible en Nueva Condomina después de remontar a La Hoya con goles de Chavero y Carlos Álvarez - Los de Paco García son superiores en la primera parte, pero se ven superados tras la expulsión de Gassama en el minuto 55

25.01.2016 | 01:22

Los partidos del Real Murcia se parecen cada vez más a las películas de Rocky Balboa. Da igual que la entrega sea la primera o la séptima, no importa el guión ni la edad de Sylvester Stallone, tampoco es necesario preocuparse por el nombre del rival, porque, te pongas como te pongas, la historia siempre acaba en final feliz. Con un Rocky amoratado, sangrando, con la mandíbula desencajada, arrastrándose sobre la lona y con todas las apuestas en contra, siempre ocurre algo para que el ´Semental Italiano´ resurja de sus cenizas y acabe conquistando el título mundial.

Los que asistieron ayer a Nueva Condomina tuvieron un adelanto de la séptima parte de Rocky incluso una semana antes de que se estrene –llegará a los cines el próximo viernes–, por lo que, pese a ver como Carlos Martínez se gustaba para lograr el primer gol de La Hoya en un estadio de cuatro estrellas, pocos se sorprendieron que el intenso combate acabase cayendo del lado de un Real Murcia que, a la fortaleza que da la condición de superlíder, se une la mentalidad ganadora y la capacidad de reacción.

Pero el final de la historia, la celebración murcianista, no tuvo nada que ver con el comienzo de la película. Sobre todo porque mientras que los jugadores de La Hoya se desfondaron, multiplicándose en el centro del campo y aumentando la presión hasta el punto de hacer desaparecer al rival, los futbolistas de Aira, como reconocía el propio entrenador en rueda de prensa, se dedicaron a ver la hierba crecer. Es más, durante los primeros cuarenta y cinco minutos, estuvieron más ocupados en evitar los continuos resbalones –se desconoce si por el césped o por los tacos– y las múltiples imprecisiones que de frenar a un equipo visitante que puso sobre el tapete la libreta de Paco García, donde la presión se eleva al máximo y nadie se asusta cuando toca acariciar el balón.

Maniatado en el centro del campo y sin la chispa necesaria para encontrar la precisión ante un equipo peleón y pegajoso, los granas apenas inquietaron el área defendida por Salcedo. Incluso hay algo más. Es tal la confianza de José Manuel Aira en sus jugadores, que da la impresión que cada semana les pone una prueba más difícil para que vean que son capaces de superarla. Ayer, el leonés decidía saltar de inicio con diez jugadores. O esa es la impresión que dio después de ver la primera parte que realizó Javi López, el futbolista que ni disfrutando de mil y una oportunidades es capaz de dejar un detalle que permita mantener aunque sea una pequeña esperanza.

Paco García, por su parte, no quiso arriesgar. Bastante tenía en cubrir las bajas de hombres importantes como Pardo, Antonio López y Roberto Alarcón, y con intentar dar la sorpresa en un estadio inexpugnable. Y durante muchos minutos la apuesta salió bien al técnico murciano, que vio cómo sus jugadores no se asustaron al saltar a un campo en el que todavía no ha ganado nadie.

Tras unos primeros instantes en los que granas y hoyeros se miraron directamente a los ojos, el juego fue cayendo del lado visitante de la mano de Poley y Carlos Martínez, obligando a Armando a multiplicar sus funciones para no verse superado por todos los frentes y anulando a un Rafa de Vicente que, pese a dejar detalles y algún que otro balón filtrado que no fue bien entendido por sus compañeros, tuvo que nadar entre tiburones, que mordían y no con dientes de plástico.

El caos en el centro del campo murcianista provocaba un efecto dominó que llegaba a las posiciones de ataque. Chavero fue el único que lo intentó, aunque pocas veces con claridad y muchas con demasiada ansiedad, y Javi López no merece tener más líneas. Con este panorama, Germán, al que le tocó adaptarse a la delantera, tuvo que hacer la guerra por su cuenta y tirar de velocidad en una zona llena de minas, mientras que Azkorra apenas fue capaz de entrar en el juego.

Si Salcedo y la defensa de La Hoya vivían una mañana tranquila, en el Real Murcia la caballería tuvo que sacar brillo a la armadura. Pina intentaba sorprender por la derecha y Carlos Martínez dejaba muestras de calidad. El andaluz dio el primer aviso de que se había levantado con buen pie en el minuto 26 cuando intentó sorprender a Fernando. Dos minutos después era Bernal el que desaprovechaba una oportunidad única cuando, tras un rechace, el balón caía a sus pies. Pese a tenerlo todo a favor, su disparo se marchó alto.

Quitando algunos instantes en los que el Real Murcia intentaba sacar la cabeza como fuera, Carlos Martínez acabó de sentenciar el mal primer tiempo de los murcianistas cuando en el minuto 35, después de bailar con el balón y de quedarse en una situación inmejorable para hacer magia, se sacó un disparo que de un golpe eliminó todas las telarañas de la escuadra de la portería defendida por Fernando.

La condena no fue suficiente para el Real Murcia, que se permitió alargar aún más su peor cara, permitiendo incluso que Gassama, en el 39, tuviese otra clara ocasión que tampoco encontró puerta.

Solo en el último suspiro, cuando el colegiado ya señalaba el tiempo de descanso, José Ruiz, demasiado ocupado en defensa, se permitía darse un paseo por el ataque para servir a Javi López un balón en el que Salcedo estuvo más listo que el malagueño.

A la espera de que Real Murcia Televisión, previo pago de su correspondiente cuota, nos permita ver en directo lo que sucede en el vestuario grana en los descansos, nos conformaremos con especular. Porque, lo que es seguro, es que algo pasa. No es normal que, y ya son varias las ocasiones, en quince minutos un equipo pase de sentirse feo a verse guapo, que jugadores desconectados salgan dispuestos a meter la quinta velocidad y que la tristeza deje paso a la felicidad. Aunque mi madre, y ya conocen eso de la sabiduría materna, se empeña en repetirme que desde hace un mes el Real Murcia cuenta con apoyos importantes en el cielo, fuentes cercanas a la plantilla hablan de que José Manuel Aria ha cambiado el Aquarius por un buen bote de espinacas. Incluso personas del entorno del club, explican que, además, entre los vídeos de los técnicos aparecen varios capítulos de dibujos animados y que durante los descansos se ha cambiado el grito de guerra y ahora se escucha a todo volumen el ´Popeye el marino soy´.

Y como ustedes seguro que conocen alguna de las historias del personaje animado, pues ya saben lo que ocurrió segundos después de que Chavero y compañía digiriesen la dosis recomendada de espinacas. A la vez que el Real Murcia, ya con Carlos Álvarez y Sergio García en el terreno de juego, sacaba los músculos y La Hoya, más aficionada al brócoli, pagaba los esfuerzos de la primera parte, el partido fue cambiando de dueño y la balanza decantándose para el área defendida por Salcedo.

La jugada clave llegó en el minuto 56. Germán se marchaba en solitario en una de sus galopadas y nada más pisar el área, Gassama le derribaba obligando al colegiado a decantarse por la doble condena: penalti y expulsión.

Chavero, el Popeye de Aira, no acusó los nervios y batió a Salcedo para iniciar una remontada que si tardó más de la cuenta fue por las continuas pérdidas de tiempo y las trampas que en ese momento utilizó La Hoya para intentar frenar la reacción murcianista. Pero, a falta de ocho minutos para el final, y después de unos minutos en los que el Real Murcia solo pensó en ir a por la victoria, Carlos Álvarez aprovechaba un centro de Chavero y un error de Salcedo para confirmar que en Nueva Condomina solo ganan los de grana y que en la clasificación del Grupo IV el líder cada vez es más Superlíder.

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