Galardón

Premio Velázquez para el compromiso con el arte de Isidoro Valcárcel Medina

El creador murciano recibe el galardón de las Artes Plásticas más importante de España por su sólida y coherente trayectoria, según destaca el jurado, que valora además su influencia en las generaciones jóvenes

09.10.2015 | 00:13
Premio Velázquez para el compromiso con el arte de Isidoro Valcárcel Medina

Su sólida y coherente trayectoria de medio siglo así como su sobresaliente aportación al arte desde su compromiso ético, político y social han hecho a Isidoro Valcárcel Medina merecedor del Premio Velázquez de las Artes Plásticas 2015. El galardón, concedido por el ministerio de Educación, Cultura y Deporte y dotado con 100.000 euros, es un reconocimiento institucional a un creador cuya obra sobresale con especial significación en las artes plásticas, en el ámbito de la cultura española e iberoamericana.

Cuatro horas fueron necesarias para que el jurado, presidido por el director general de Bellas Artes, Miguel Ángel Recio, llegara a un fallo en el que también han querido reconocer el hecho de que Valcárcel Medina se ha convertido en un referente crítico en la escena artística contemporánea internacional.

Nacido en Murcia en 1937, es uno de los artistas más representativos del llamado arte conceptual. Su arte se relaciona más con las situaciones y la realidad que con la producción de objetos. La trayectoria de Valcárcel Medina está marcada por su actitud comprometida y el alejamiento de los circuitos convencionales del arte, así como por la inmaterialidad de sus prácticas conceptuales.

La artista Esther Ferrer, Premio Velázquez 2014 y miembro del jurado, comentó que la deliberación había sido larga porque todos los candidatos se lo merecían «pero al final yo creo que ha sido lo justo». Ferrer destacó la importante trayectoria del galardonado, «en la que hay que tener en cuenta su posición no solamente con relación al arte, sino con la sociedad en general». Todo su trabajo, «de una coherencia increíble», es como una obra de arte. «Una obra que está formada por partes, pero es su posición lo que forma una obra de arte, que además se nota porque tiene una influencia evidente en las generaciones jóvenes».

Valcárcel Medina, Premio Nacional de Artes Plásticas 2007, se mostró muy contento con el premio. «No tengo nada en contra, al contrario», subrayó el artista para quien la crítica es fundamental en la creación. Siempre al margen de la ortodoxia, en la otra orilla, el creador que estudió Arquitectura y Bellas Artes cree que él no cambia: «Las orillas sí cambian y los límites, que son impredecibles, son los que cambian», y sostiene que «todo arte es concepto».

Desde su primera exposición en 1962, donde partía de una abstracción que tendía hacia lo elemental, evolucionó hacia estructuras constructivas caracterizadas por su simplicidad formal. Tiempo y espacio son factores presentes en su primer periodo, mientras que en los años siguientes realizó piezas cada vez más simplificadas en su estructura.

De la denominada por el propio artista como 'pintura habitable' pasó a la construcción de lugares, a través de la práctica de environments, performances y la ejecución de instalaciones.

Tras su etapa pictórica, se abrió un segundo periodo que se inició con la intervención de grandes dimensiones en el espacio urbano, como Estructuras tubulares, obra realizada específicamente para los Encuentros de Pamplona de 1972.
A partir de entonces inició un ciclo de obras orientadas a describir los diversos movimientos y espacios de la ciudad, a las que siguieron piezas articuladas mediante encuestas, anuncios públicos, fotografías anónimas, exámenes colectivos, diccionarios o grabaciones telefónicas.
En los ochenta, Valcárcel Medina se aproximó a la arquitectura, implicándose en las realidades que se derivan, por ejemplo, de la creación de un pantano o del movimiento okupa. En marzo del pasado año, presentó una obra reciente en el Museo de Bellas Artes de Murcia, dentro del proyecto Arte en Murcia, en el que participó además impartiendo una conferencia.

Su obra ha ido evolucionando desde propuestas objetuales susceptibles de llegar a ser mercancías artísticas hasta una desmaterialización que favorece la aparición de una actitud que transforma la conciencia de la percepción no tanto en obra de arte sino en experiencia de arte. Esta actitud es la que le permite interrelacionar la vida con el arte, y el arte con una reflexión crítica y provocadora de la realidad.

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