11 de febrero de 2018
11.02.2018
Inmigración

La vida después de la patera

Hasta 72 jóvenes extutelados extranjeros fueron acogidos en 2017 en una de las 13 viviendas de autonomía que Caritas tiene repartidas por cinco municipios de la Región

11.02.2018 | 12:49

Ellos representan a una generación de jóvenes inmigrantes que llegaron a las costas europeas en busca de una vida mejor, pero con un matiz. Llegaron con más habilidades sociales y laborales, tienen una formación previa y no han cruzado el mar Mediterráneo para «trabajar como jornaleros», sentencian los protagonistas de este reportaje. A sus espaldas tienen historias potentes, de superación, y frente a ellos esperan tener historias de éxito.


  Mohamed Tayeb aprende a cocinar en la Escuela de Hostelería de Cáritas y trabaja en el restaurante La Alborada de Murcia.

Son seis inmigrantes de entre 18 y 25 años que conviven en una de las 13 viviendas de autonomía que la ONG Cáritas tiene distribuidas por Murcia (9), Alcantarilla, Cehegín, Jumilla y San Javier. En 2017, estos pisos compartidos acogieron a 72 extutelados por la Comunidad Autónoma que han ido llegando desde hace años en pateras a Europa desde las costas africanas siendo menores de edad, pero que al cumplir los 18 años internados en un centro de menores, el Estado ya no se hace cargo de ellos y piden una plaza en esta ONG para tener una red de apoyo mientras se forman en idiomas y especializaciones laborales. En este piso ubicado en una de las pedanías al sur de Murcia duermen, comen y hacen su vida en familia 12 jóvenes, ahora mayores de edad, que estudian formaciones básicas, grados medios o para conseguir certificados profesionales en campos como la hostelería, albañilería, electromecánica o electricidad para lograr la ansiada inserción laboral. «Damos una red de acogida y de impulso que estos chicos inmigrantes necesitan para ver cumplidos sus sueños de optar a una vida mejor de la que tenían en sus países de origen», explica Roberto Alcázar, técnico de acompañamiento de Cáritas para estos jóvenes.


Djamel Ghali y Z. enseñan la habitación doble que comparten en una vivienda de autonomía al sur de Murcia. 
juan caballero 

Han llegado de Marruecos, Argelia, Mali, Ghana y Guinea a diferentes puntos de las costas al sur de Europa, como Z., que llegó a Lampedusa (Italia) con 16 años, desde Marruecos, pasando por Argelia, Túnez y, en Libia, pudo coger una patera. «No tenía oportunidades en mi país. Cuando llegué a Europa, a través de las mafias pude cruzar en coche Italia y Francia, hasta llegar a España, donde la policía me identificó por la calle y me ingresaron en un centro de menores», explica. Y es que la mayoría de estos jóvenes acababan en estas instituciones gracias a que eran interceptados por los cuerpos de seguridad vagando por la calle y, al hacerles una prueba ósea, determinaban que no tenían más de 18 años. Esto es, probablemente, lo mejor que les ha podido pasar en su periplo por Europa y España, ya que no hubieran tenido acceso a formaciones si no hubieran pasado previamente por un centro de menores y, después, ser acogidos por Cáritas.

Limpieza obligatoria los sábados
En la casa todos tienen una función, y están a las órdenes del jefe, S. A., que explica que los sábados por la mañana hacen limpieza a fondo de las ocho habitaciones y cuatro plantas que tiene la vivienda que comparten. S. A. vino de Tiearet (Argelia) donde estudiaba por las mañanas y por la tarde ayudaba a su padre en los campos de tomates y sandías que tenía: «Llegué desde Orán a Almería, y allí compré un billete de autobús para Murcia, me pilló la Policía y pasé por varios centros de Santo Ángel y Alguazas. Aprendí español y ahora estudio electromecánica y soy voluntario de Cáritas, como muchos de aquí, que ahora colaboramos para dar lo que en su momento nos dieron».

Empleo Los jóvenes se encuentran muchas trabas administrativas para poder trabajar
M. es quien más países ha recorrido. Llegó a Europa vía Turquía desde Argelia y ha colaborado a su corta edad en varios campos de refugiados en los últimos años. Estudió Negocios Internacionales y Derecho en Letonia, visitó gracias a la obtención de un visado la gran mayoría del territorio europeo y, estando ya en España, quiere aprender cuanto antes español para retomar sus estudios universitarios y acceder a un puesto de trabajo. «Los empresarios y autónomos que quieren contratar a alguno de estos inmigrantes que han hecho prácticas en sus negocios se encuentran con muchas trabas administrativas para poder contratarlos», explica Roberto Alcazar, «ellos ya tienen el permiso de residencia al residir en España más de tres meses, con lo que ya pueden acceder a estudios. Cuando llegan a Cáritas les ayudamos a solicitar el pasaporte, pero aún con eso les exigen el contrato, la declaración de la renta del empresario, no tener deudas con la Seguridad Social, un mínimo de facturación y otros requisitos que no ayudan a la inserción laboral de estos jóvenes, por lo que el permiso de trabajo se acaba retrasando más de un año». Sin embargo, Cáritas acaba logrando que algunos de estos inmigrantes encuentre un empleo.

La Región de Murcia acogió a un total de 330 Menores Extranjeros No Acompañados (MENAS) en 2017

Algunos de estos menores ya se han marchado con sus familias porque para ellos la Región es una zona de paso a otras comunidades autónomas o países europeos, donde están establecidos. Pero quienes vienen sin su familia son tutelados por la Comunidad Autónoma ya que, cuando llegan menores extranjeros, es competencia de la Consejería de Igualdad de Oportunidades darles protección, según dicha institución.

"Esta tutela se extiende hasta la mayoría de edad, aunque se ha puesto en marcha otro recurso de protección que supera nuestra obligación legal, porque cuando los jóvenes cumplen los 18 años, no podemos dejarlos solos. Ya que no tienen el apoyo económico y emotivo de una familia", explica la consejera Volante Tomás.

"De este modo, a través de una colaboración de la consejería con Cáritas y Cruz Roja, estos chicos pueden estar atendidos tras alcanzar la mayoría de edad. Para ellos, se han puesto en marcha dos pisos tutelados, donde pueden seguir preparándose y estudiando y, sobre todo, tener atención y un hogar".

Y es que, "por razones legales y humanitarias tenemos que atender a estos menores de edad que suben a una patera y ponen en riesgo sus vidas para buscar un futuro mejor", asegura Tomás, al tiempo que ha concluido "lo hemos hecho siempre y lo vamos a seguir haciendo".

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