Arsenio Pacheco 

"Garre siguió mis pasos cuando yo decidí votar contra la liquidación del Trasvase"

"Las llamadas de presión me las hacían a mí. Y las conversaciones de la portavoz del Grupo Parlamentario eran conmigo", explica el exdiputado

18.12.2017 | 19:52
Arsenio Pacheco, exdiputado del PP

Amigos. Colegas. Inseparables. Siempre juntos. Y en sintonía. Fue durante los años que coincidieron como diputados por el PP de Murcia en el Congreso. Ahora han cambiado de pareja. El martes de esta semana, Alberto Garre anunciaba que en febrero su plataforma se convertirá en partido, y al día siguiente a Arsenio Pacheco se le veía junto al presidente de la Comunidad, Fernando López Miras, participando ambos en la manifestación convocada por los regantes. Garre y Pacheco recibieron en 2008 sendas medallas del Sindicato Central del Trasvase en reconocimiento a su voto contra la toma en consideración parlamentaria del proyecto de reforma del Estatuto de Castilla-La Mancha que contenía la eliminación para 2015 del Tajo-Segura. Un voto a la contra de lo ordenado por su partido. No hubo venganza contra los rebeldes, pues años después Garre sería aupado incluso a la presidencia de la Comunidad. El pachequero, Garre, acabó rompiendo con el PP por su propia cuenta, y el abanillero, Pacheco, sigue en las filas de siempre, y admite que está ´angustiado´ por la disidencia de quien hasta hoy mismo sigue considerando su amigo aunque no mantengan interlocución. Más preocupado todavía porque aquel gesto de indisciplina mutua se ha convertido ahora en un arma política que parece favorecer a una de las partes con olvido de que la otra sigue estando cómoda en el PP. Arsenio, rebelde por un día.

Lo he visto en la manifestación de los regantes junto al presidente, López Miras. Hacía tiempo que no se le veía en el espacio público. Sigo formando parte de la directiva regional del PP. Y sigo intentando colaborar con mi partido. He venido a la manifestación de los regantes y he querido hacer visible mi presencia. Primero, como comunero que soy de la Comunidad de Regantes del Porvenir. Me llamó Fernando y me dijo que él iba a estar en la manifestación y que quería que yo estuviera a su lado. Y así ha sido.

Usted es medalla de oro del Sindicato. La ´otra´ medalla. Estoy muy orgulloso de ello. La recibí junto a mi amigo Alberto Garre. Amigo siempre, y ahora parece que adversario político. Los regantes nos entregaron sendas medallas y trescientos euros a cada uno, que donamos a Jesús Abandonado.

Esos trescientos euros fue el montante de la multa que les puso a ambos su querido partido por saltarse la disciplina de voto en el Congreso. La vida es así. Cuando estás en una organización, tienes que ser consecuente y asumir con responsabilidad las consecuencias de tus actos. Para bien o para mal.

El gesto por el que les multaron ¿fue para bien o para mal? El hecho de haber sido multado no es algo que me produjera satisfacción. Pero sí me dejó satisfecho el haber votado como lo hice. Dormí muy bien, con una gran tranquilidad de conciencia.

Vamos a contar esa historia. Estamos hablando, en 2008, de la toma en consideración por el Congreso de la reforma del Estatuto de Castilla-La Mancha, que incluía la liquidación del trasvase Tajo-Segura. Dos diputados del PP por Murcia, Alberto Garre y usted, votaron contra la admisión a debate de esa cuestión. Sí, aparte de la medalla, mi actitud también me trajo alguna otra consecuencia, como un ictus que sufrí al poco.

¿Por la tensión que vivió entonces? No fue para mí una situación agradable y, ya digo, me trajo consecuencias.

Usted se enfrentaba a la política de su partido en una cuestión muy concreta. ¿Tan grave es eso? Yo advertí desde el primer momento que no iba a votar a favor de la liquidación del Tajo-Segura. Lo dije en Murcia y en Madrid. Tuve mucha zozobra interior. Alberto Garre, que sabe de Derecho, razonaba que aquello no iba a ser viable. Yo dije que a mí me daba lo mismo. No sé tanto de Derecho, pero tengo mi conciencia. No habría sido capaz de pasear por las calles de Abanilla o de cualquier otro lugar de la Región y que alguien se me acercara para decirme: «Usted apoyó que se cargaran el trasvase». Esa sensación pesaba como una losa.

Esa inquietud, deduzco, la compartía con Garre. Yo se la comentaba. Él me daba sus razonamientos. Decía: vale, pero esto vamos a verlo, vamos a estudiarlo, vamos a hablarlo con el partido... Yo le decía: tú habla con quien quieras, pero yo voy a hacer lo que tengo que hacer. Seis meses antes había muerto mi hijo y ese pesar actuaba sobre mí. ¿Qué habría pensado él si hubiera visto a su padre votar contra el trasvase? Mi conciencia me decía que mi hijo no me habría perdonado aquello.

¿Garre pensaba en ese trance lo mismo que usted? Él me decía que aquello no se podía votar así. Que la gente no lo entendería.

¿Qué ocurre cuando llega el momento de la votación? Todo empezó un martes por la mañana, en una reunión del Grupo Parlamentario en la que se ordena la actividad de la semana y las posiciones que debe tomar el partido en cada cuestión. Se habló de la toma en consideración del Estatuto de Castilla-La Mancha, y desde la dirección del Grupo dieron varias razones para admitirlo. Decían que aquello no suponía nada, que no se fijaba nada, que no llevaría a nada. Pero a mí, la mera posibilidad de que en el año 2015 dejara de existir el travase ya me producía escalofríos. Estamos en 2017, y el trasvase todavía está ahí.

¿Usted intervino en aquella reunión? Sí, fui el único diputado murciano que lo hizo. Expliqué mi posición. Esa tarde se iba a celebrar la votación y anuncié que mi voto sería negativo. Reconocí que faltaba a la disciplina de voto, e invité a que tomaran contra mí las medidas que consideraran necesarias. Yo las asumiría.

¿Qué respuesta recibió? Me dijeron que hablara con mi presidente.

¿Con Valcárcel? Sí.

¿A Garre también le dijeron que hablara con Valcárcel? Garre estaba en la reunión, pero allí no se manifestó. Por tanto, no le dijeron nada. Garre me dijo: «Arsenio, voy a estar contigo. Solo no te quedas». Me pidió que en el último momento, antes de votar, le hiciera una señal acerca de qué iba a hacer, y él haría lo mismo. Antes de esto, yo ya me había manifestado en Murcia, donde hice unas declaraciones en que manifesté que antes me cortaría el dedo que emplearlo para votar contra el trasvase. No indiqué a ninguno de mis compañeros lo que tenían que hacer. Era cosa mía, y no quería ser héroe ni mártir. Solo cumplir con mi conciencia.

Bien, y entonces llamó usted a Valcárcel, tal como le habían indicado en Madrid que hiciera, ¿no? Me llamó él a mí.

¿Y qué le dijo? Arsenio, mira a ver, la cosa está complicada, hay que superar esta situación, es sólo una toma en consideración que no va a ir más allá del primer paso parlamentario, y cosas así... Le dije que era muy desagradable tener que hacerlo y que durante toda la tarde había estado recibiendo presiones de miembros de la dirección del Grupo. Le dije que si querían que me fuera del Congreso o que me muriera, me lo dijeran, pero que yo tenía claro lo que iba a votar. Cuando apelé a la memoria de mi hijo, me respondió: «Ante lo dicho, no insisto más. Haz lo que tú decidas. No insisto más».

¿Y no insistió? No, la verdad es que no.

Pero otros sí lo hicieron hasta el último momento. Sí, desde la dirección del Grupo sí insistieron. Después, lo entendieron.

Bien, llega el momento de la votación. ¿Qué ocurre? Yo estaba en la última fila, en el gallinero. Es la mejor zona, porque tú los ves a todos y la mayoría no te ve a ti. Lo controlas todo. En el momento de la llamada al voto, Alberto se giró y me hizo un gesto con el dedo pulgar hacia arriba, como preguntándome si mantenía mi actitud. Yo le respondí con el pulgar hacia abajo: voto en contra.

¿Cree que si en el último momento usted se hubiera arrepentido, Garre no se habría saltado la disciplina? Él me dijo que solo no me iba a dejar.

¿Sugiere que lo hizo por amistad con usted o por la misma convicción? Somos amigos, y no quiero dejar de serlo. Él siguió los pasos que yo tomaba.

Pero, por lo que dice, no podemos saber si él habría votado ´no´ en caso de que usted se hubiera echado atrás... No lo sé.

¿Garre sufrió también presiones antes de la votación? No. Las llamadas me las hacían a mí. Y las conversaciones de la portavoz del Grupo Parlamentario eran conmigo.

Supongo que a él no le presionaban porque no había dicho en el Grupo que votaría ´no´. ¿No es eso? En la reunión del Grupo no se manifestó, pero me acompañó. Y también lo hizo con su voto en el momento final.

Me parece deducir que usted cree que lo hizo por amistad. Lo hizo por amistad, pero también porque debió entender que cualquier otra actitud lo comprometería en la Región de Murcia.

Otros diputados murcianos votaron que sí. Así fue.

Y alguno se escabulló saliendo al servicio, como García Legaz. Cada uno toma las decisiones que entiende oportuno, todas respetables.

Algunos de los que votaron que sí para mantener la disciplina, tal vez pensarían que usted es un ´bienqueda´... Alguno de una provincia limítrofe vino a reprocharnos el voto en términos parecidos: «Tú vas a quedar bien en Murcia, ¿y yo cómo voy a quedar en la mía?». Le dije: «Yo no te he dicho lo que tienes que votar tú, sino lo que voy a votar yo».

Después del hecho consumado, ¿Valcárcel u otros dirigentes les afearon la conducta? Valcárcel, no. Me dijo: «Anda, que eres un rebelde». Y yo le dije: «A lo mejor a ti también te gustaría serlo». Y sonrió. A Garre y a mí, después de esto, nos recibió Aznar, entonces presidente nacional, y nos dijo que habíamos cumplido con nuestra obligación.

O sea, deduzco que Aznar no les felicitó, pero les avaló. Nos dijo que lo que habíamos hecho era lo que marcaba la Constitución.

¿Esa reunión fue a instancias de ustedes o de Aznar? Fifti fifti.

Visto que la posición de ustedes cayó muy bien en Murcia, pregunté en varias ocasiones a Valcárcel si había sido él en el fondo quienes les había instado a votar ´no´. Y también me respondía con una sonrisa, como dando a entender que ni sí ni no. ¿Cree que Valcárcel protagonizó en Murcia a su favor la rebeldía de ustedes? No, pero tampoco se opuso radicalmente.

Ha pasado mucho tiempo de aquello. ¿Cómo son ahora sus relaciones con Garre? Esto es como lo de los novios. Las distancias separan cuando el roce no es continuo.

No sé si como novios, pero ustedes fueron políticamente una pareja de hecho. Íbamos, veníamos, comíamos juntos, subíamos, bajábamos... Visitábamos los mismos bares y restaurantes. Mi relación de amistad con él será inquebrantable.

¿Esa distancia actual se inició cuando a él lo nombró Valcárcel presidente de la Comunidad? Me alegré mucho. Uno de los primeros lugares a que se desplazó fue a Abanilla, y lo celebramos.

Pero ya no se les veía tan juntos como antes de su presidencia. Nunca he estado en el entorno del Ejecutivo. En la etapa de Garre hubo un momento, es verdad, en que empecé a no entender determinadas decisiones, determinadas declaraciones, determinadas actuaciones. Me pareció que se alejaba del principio de lealtad. Todos somos ´yo y mis circunstancias´. Hay que ser agradecido con las personas que te ayudan.

¿Cree que Garre fue desleal a quien lo nombró? No me atrevo a emplear tan duro calificativo, pero sí puedo decir que no terminó de entender que estaba donde estaba gracias a lo que estaba.

Cuando Garre fue presidente tuvo oportunidad de acentuar la política hidrológica. ¿Cómo lo valora en ese aspecto? Hizo una política continuista con la que se desarrollaba anteriormente. Tampoco creo que tuviera que hacer otra cosa.

El otro día hizo una prepresentación de su nuevo partido y dijo que en el Congreso hay que ir a liarla. Él ha tenido la vara. Podía haber actuado como ahora dice que hay que actuar.

¿Cree que la rebeldía de Garre frente al PP se limita a aquella votación en la que deduzco de lo que le escucho que fue inducido por usted? Siempre ha estado, como todos y como yo mismo, en la línea del PP.

¿En algún momento, en la primera etapa de su presidencia, le dijo a usted si había aceptado el cargo de modo provisional o que pensaba revalidarlo? Nunca me dijo nada al respecto.

¿Usted qué percibía? Es legítimo que alguien quiera aspirar a lo máximo en política. Pero yo creo que mi amigo Alberto, ya lo ha sido todo, y lo ha sido todo con el PP.

Después de ser presidente, Garre aparece liderando una opción distinta al PP. ¿Usted qué piensa? Creo que nos situamos ya en edades en las que no estamos para escalar picos de montaña.

Quizá es que el PP ha sido injusto tras su presidencia, y se desentendió de él. Parecía como aislado y solo. Tanto como hemos estado todos los que hemos salido de la primera fila.

¿Cree que el error del PP fue no hacerlo senador o diputado regional? El error es por parte de Alberto. Tenía que haber hablado con claridad en aquellos momentos.

Hay quienes aseguran que se lo dijeron muy claro: «Tú vas a estar un año de presidente y después vendrá otro». Y que él no entendió el mensaje. No sé.

¿Garre no le ha llamado para intentar integrarlo en su partido? No.

¿Y por qué no se llaman si son tan amigos? Siento un poco de tristeza por no seguir contando con él en el partido. Nuestro partido, el partido en el que ambos hemos tenido importantes cargos de responsabilidad política.

Si él no lo ha llamado ¿por qué no lo ha hecho usted? A un amigo se le intenta sacar de los errores, si uno cree que los comete el otro. Es verdad. Pero en política no son así las cosas.

¿Qué clase de amigos son esos que no hablan de lo importante? Yo estoy donde he estado siempre. No me he movido. Sigo estando con los regantes, como en la manifestación.

Allí estaba también Garre. ¿Se saludaron? No, no lo he visto.

La corrupción. Garre parece que se sintió sensibilizado por ese problema, que afecta al PP. ¿Comparte esa inquietud? Mi lema, antes, ahora y siempre es: el que la haga, que la pague. Yo no voy a defender a ningún corrupto. Pero mientras no se demuestre la culpabilidad, todo el mundo es inocente.

Bien, ya que no habla con Garre, hágalo a través de mí. ¿Qué le diría, después de que esta semana haya vuelto a anunciar la creación de un nuevo partido? Desde el punto de vista personal, le deseo el mejor de los futuros. Políticamente, no puede desearle ningún tipo de éxito. Lo que no entiendo es que empiece, a su edad, a hacer carrera. Ser revolucionario está bien cuando tienes veinte años.

¿Le produce algún sentimiento que el gesto de aquella votación parlamentaria esté siendo puesto en su haber y en favor de su nuevo partido y del suyo no se acuerde nadie? Yo no lo hice para que me lo agradecieran. Agradecimiento y reconocimiento ya lo tuve de la sociedad murciana, de la gente auténtica del campo, de mis paisanos de Abanilla... No necesito nada más. Y sigo a disposición de mi partido.

Supongo que en el PP habrá gente afectada por la deserción de Garre, que será un competidor político. Pero en su caso ¿también está personalmente afectado? Claro. Hemos trabajado juntos durante mucho tiempo, y no es agradable que ahora se presente por otra opción. Nunca creí que esto pudiera llegar, de ahí mi estado de angustia.

Usted que una vez fue un diputado rebelde a causa del agua, ¿qué me dice de la actitud de Teodoro García y Ascensión Carreño en relación al tasazo? Cada diputado tiene su propio criterio. No son situaciones comparables.

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