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Raíces y alas
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Blog Raíces y alas - ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

ANTONIO BALSALOBRE MARTÍNEZ

Miembro del Colectivo de Estudios Locales Trascieza, perteneciente al Club Atalaya-Ateneo de la Villa de Cieza, colabora activamente en las publicaciones que edita esta asociación. Participa, además, en el periódico digital LAtalaya. "Columnista de la La Opinión de Murcia”.

Sobre este blog de Murcia

Este blog se ocupa principalmente de temas de actualidad. Sin embargo, haciendo buena la máxima de que nada humano nos es ajeno, hablaremos un poco de todo: de lo humano, de lo divino, de nuestro entorno más cercano, de tierras lejanas, de hechos que se pierden en el tiempo, de nosotros, de los demá...


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  • 08
    Septiembre
    2017

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    Murcia

    ¿Y si las urnas las cargara el diablo?

    En cualquier referéndum que se precie, se suelen poner los resultados antes que las urnas. Lo recuerda el Roto en una de sus magníficas viñetas y lo confirma la historia. En los tres o cuatro que organizó Franco para darle cierto aire de legalidad a su régimen, el veredicto estaba claro de antemano. Votar afirmativamente era decir algo así como : “Sí, que se quede el dictador”; y negativamente. “No, que no se vaya”. Ironías aparte, lo que propone Puigdemont en su intento de golpe de estado institucional viene a ser algo parecido. Todo está dispuesto para que en el simulacro de consulta del 1-O, sea cual sea la legalidad que se vulnere y los derechos democráticos que se pisoteen, se pueda proclamar una hipotética independencia.

    Cuesta entender cómo un partido de “orden” como la antigua Convergencia, máximo exponente de la burguesía catalana y de las clases acomodadas, ha podido meterse en este embrollo surrealista-independentista que supera cualquier elucubración paronoico-crítica daliniana. Sorprende además que lo haya hecho arrastrada por la CUP, que a elucubraciones y a diarreas mentales no hay quien le gane. No sé cómo hay todavía gente que llama antisistema y anticapitalista a esta formación. No he visto a diputados más integrados que ellos en la madre de todos los sistemas: el nacionalismo. Y si me apuran, puesto que van de la mano de la derecha catalana, del nacionalismo burgués.

    Si no fuera por el inmenso dolor causado por la barbarie terrorista en las Ramblas y porque resulta imprevisible lo que pueda pasar el 1-O, podría uno echarse unas risas a cuenta de la farsa en que unos y otros nos han metido. Un esperpento digno de Valle-Inclán donde se magnifica una realidad deformada y grotesca y se degradan algunos valores elementales. La instrumentalización política por parte de ciertos sectores independentistas de la manifestación de condena del terrorismo tras los atentados yihadistas del pasado 17 de agosto podría ser el botón de muestra de una de las partes. La sobreactuación del gobierno del PP, que siempre jugó al anticatalanismo, desatando a veces incluso pasiones malsanas para ganar votos en el resto de España, el de la otra. Incluso el comisario Trapero, tan pulcro y transparente en sus primeras comparecencias, acabó sumándose a la ceremonia de la confusión con declaraciones cuando menos contradictorias y con ataques furibundos contra la prensa.

    La realidad política catalana está tan emponzoñada que no va a ser fácil encontrar a quienes la “desemponzoñen”. No tanto porque se produzca un choque de trenes por arriba. Los políticos profesionales siempre encuentran acomodo entre las ruinas de las batallas. Sino por el ya más que previsible encontronazo que se va a producir por abajo. Si Puigdemont se empeña, como parece, en poner urnas ilegales por la fuerza, y Rajoy cumple su promesa de retirarlas también por la fuerza, aquí puede pasar cualquier cosa. Que nadie se rasgue las vestiduras después si se desata la violencia entre familiares, entre vecinos, entre amigos, entre ciudadanos, entre territorios. Vencido el tiempo de la política, si es que alguna vez lo hubo, sólo queda el de la confrontación, el de la riña de gatos, el del goyesco duelo a garrotazos. Cuanto más se acerca el 1-O, más se aleja la ponderación, el equilibrio, y menos espacio queda para la equidistancia. Pero que nadie se llame a engaño. Al final, todos tendremos que tomar partido, “partido hasta mancharnos”.

    Nos es verdad que las urnas y los referendos sean sólo un instrumento democrático. También los fascismos los han utilizado para “legitimar” dictaduras cruentas. Y estados y gobiernos poco democráticos los utilizan como atajos para promulgar leyes injustas o imponerse por la vía de los hechos consumados. Por eso resulta lamentable, y por qué no decirlo, descorazonador, que Pablo Iglesias defienda la legitimidad de este referéndum ilegal, unilateral y sin garantías, que aunque no sea el que desea, es el que los independentistas quieren llevar a cabo.

    Ante el mayor desafío que tiene ahora mismo la sociedad española, que ha dejado lamentablemente en un segundo plano el del desempleo y la precariedad laboral, sólo queda poner encima de la mesa medidas políticas. Mientras tanto, cuidado, porque estas urnas de la discordia las podría cargar el diablo.

     

     

     

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