01 de octubre de 2014
01.10.2014
Análisis

¿Por qué Windows 10 y no 9?

Microsoft buscaba un golpe de efecto con la nueva versión del sistema, más versátil en la era multiplataforma

02.10.2014 | 08:40
Captura de pantalla de Windows 10.

Microsoft sorprendió a todos en su rueda de prensa del martes, en la que presentó la nueva versión de su sistema operativo. No fue tanto por las funciones y diseño de Windows 10, que también, sino por el nombre, al menos durante los primeros minutos. ¿Acaso no se había dado cuenta Microsoft de que se ha saltado una versión?", se preguntaban muchos, con sorna, en Twitter. "Esto sí que es innovar y mirar al futuro", bromeaban otros.

Windows 10 tiene un poco de lo que ha venido desarrollando Microsoft en los últimos años con Windows 8 y Windows Phone, pero con un enfoque mucho más acertado en esta era táctil y multidispositivo. Windows 8 ya llegó con esa pretensión, aunque algo tarde y con varios errores que ahora se pretenden corregir.

La "interfaz Metro" y el clásico escritorio se integran mucho mejor e irán combinándose a medida que el usuario toque la pantalla o utilice un ratón. No estará segmentado y resultará incómodo a veces, como pasa con el actual sistema operativo de la compañía.

Por otra parte, el nuevo Windows tendrá una tienda de aplicaciones única para cualquier dispositivo que lo use (PC, tablet o smartphone) y, entre otras novedades destacadas, recuperará el muy demandado y siempre popular botón de inicio.

El nuevo sistema operativo de Microsoft deja atrás las carencias de la versión RT y los fallos de concepto generales, y también unificará el ecosistema de todos los dispositivos en los que quiera estar presente Microsoft. Es, esperemos, el sucesor que Windows 8 se merecía. Pero, un momento... Si es su sucesor, ¿por qué se llama Windows 10?

Esta es la respuesta oficial de Microsoft a la cuestión: "Es un cambio tan grande, que justifica una nueva forma de hacer las cosas. Incluyendo un nuevo nombre".

La compañía no ha añadido mucho más y parece que no veremos ningún Windows 9. Microsoft buscaba un golpe de efecto, una llamada de atención y, por qué no, un nuevo comienzo para un sistema operativo que ha ido perdiendo peso. El 10 es un número redondo, es un sobresaliente en las notas, la máxima puntuación en una competición... ¡Es el número que llevaba en la camiseta Oliver Atom!

-Al fin y al cabo, el marketing en este tipo de cosas, en los nombres de los productos, juega un papel importante. Una marca tiene que transmitir fuerza, consistencia o actualidad, dependiendo de lo que busque la compañía. No es extraño que Microsoft recurra a reinvenciones sorprendentes de nombres. Ya lo hizo con la segunda Xbox, que se llamó Xbox 360 y no "Xbox 2"; se dice que para no estar en una posición de desventaja con respecto a Sony, cuya nueva consola y principal competencia se llamaba PlayStation 3.

Veremos si cuando llegue en 2015, el nuevo Windows consigue convertirse en un campeón, en un sector cada vez más dominado por los dispositivos móviles, los ecosistemas basados en la nube y en el que hay rivales a batir tan fuertes como iOS y Android. El nuevo nombre parece una declaración de intenciones.

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