La fractura de cadera es una lesión cada vez más frecuente, debido al aumento de la esperanza de vida y, al consecuente, envejecimiento de la población. De hecho, se prevé que antes de 2050 se alcancen las 2.000 millones de personas mayores de 65 años.

Esta grave lesión “suele ser consecuencia de 2 factores modificables, tanto en hombres como en mujeres, que se relacionan con el 90% de los casos y que habitualmente afectan a las personas de edad avanzada: la pérdida del equilibrio y la descalcificación de los huesos (osteoporosis)”, tal y como explican desde el Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología del Hospital Quirónsalud de Murcia.

¿Pero hay alguna forma de prevenir una fractura de cadera? Se puede evitar mejorando la cantidad y calidad ósea desde etapas tempranas, promoviendo la actividad física, evitando carencias nutricionales, abandonando hábitos tóxicos y favoreciendo la síntesis adecuada de vitamina D, a través de una exposición solar suficiente.

¿Cuándo hay que operarse de la cadera?

Por tratarse de una fractura dolorosa, que incapacita completamente al paciente para su movilización independiente, se recomienda que se haga “una intervención rápida y segura, para reducir al máximo las complicaciones médicas y quirúrgicas y facilitar la recuperación funcional, de forma que el paciente consiga regresar a su situación previa en el menor tiempo posible”, indica el doctor Franciso Cebrián del Hospital Quirónsalud de Murcia.

De hecho, los médicos expertos en este tipo de lesiones consideran necesario operar en las primeras 48 horas y preferiblemente en las primeras 24 horas, tras el ingreso, en pacientes clínicamente estables. Del mismo modo, en aquellos casos que se considere que no son aptos para una intervención precoz, se recomienda esperar a que sean valorados por un médico internista o geriatra.

Retrasar la operación de cadera puede prolongar el dolor e incomodidad del paciente, “aumentando la incidencia de complicaciones debidas a la inmovilización tales como las úlceras por decúbito, complicaciones tromboembólicas, infecciones urinarias, complicaciones respiratorias, el delirio y la mortalidad”. Además, retrasar la cirugía aumenta la estancia hospitalaria, retrasa el inicio de la rehabilitación, aumenta el nivel de dependencia y reduce las posibilidades de retorno del paciente al domicilio. El doctor Cebrián aclara que “tampoco puede ser una carrera por llegar antes al quirófano, ya que también se ha demostrado que en pacientes inestables, se obtienen mejores resultados ajustando el tratamiento médico para optimizar el estado del paciente antes de realizar una intervención quirúrgica de tal magnitud”.

El tratamiento quirúrgico precoz es vital para la posterior recuperación de la funcionalidad

Por otra parte, aunque en la actualidad el tratamiento más óptimo para la casi totalidad de las fracturas de cadera es la intervención quirúrgica, existe alguna excepción como “las fracturas intracapsulares impactadas en valgo en pacientes con una baja demanda funcional en las que se procura una sedestación y deambulación temprana consiguiente buen resultado en muchos casos sin las consecuencias de una intervención quirúrgica”, afirma el especialista del Hospital Quirónsalud de Murcia. “El tipo de tratamiento -continúa- depende siempre de diferentes factores como son las características de la fractura y la edad y la situación funcional del paciente”.

Objetivo de la operación de cadera: sacar al paciente de la cama

Las fracturas de cadera producen un fuerte dolor en actividades cotidianas como el aseo y vestido personal, además de sangrado e impotencia funcional con dependencia absoluta para caminar. En muchos casos el paciente acaba encamado, una situación que si se prolonga suele ser sinónimo de desorientación, delirio, mayor riesgo de úlceras cutáneas, así como de complicaciones respiratorias y vasculares como la trombosis venosa y pulmonar. Por eso, el doctor Cebrián insiste en que “el objetivo primordial de la cirugía es dotar de la estabilidad suficiente al hueso para sacar al paciente de la cama. El control del dolor y el sangrado con la operación, nos permite iniciar la sedestación del paciente en las primeras 24-48 horas, así como iniciar la deambulación asistida en la mayoría de los casos”.

¿En qué consiste la intervención?

La operación de cadera se realiza frecuentemente con una anestesia raquídea, en cuanto al tipo de intervención que se realiza, depende de la ubicación de la lesión dentro del área de la cadera.

Si la fractura se produce en el cuello o la cabeza del fémur, se sustituye la cadera por implantes protésicos, porque el daño biológico derivado de la afectación de los vasos intracapsulares hace inviable la consolidación del hueso roto.

Si por el contrario, la fractura se produce fuera de la cápsula articular, “constituyen un problema mecánico y no biológico, por lo que la operación consiste en implantar un sistema de fijación ósea u osteosíntesis (clavos intramedulares, placas de bloqueo, tornillos dinámicos) para estabilizar la fractura y que se pueda consolidar progresivamente”, concluye el traumatólogo de Quirónsalud Murcia. Este tipo de fractura suele ser el más frecuente.

Un implante protésico de cadera puede permitir una recuperación funcional completa.

Principales complicaciones de la operación de cadera

Después de una intervención de cadera, las principales complicaciones que pueden surgir son el retardo o ausencia de consolidación de la fractura, fallos de los sistemas de fijación o movilizaciones derivadas de una mala calidad ósea o deficiente reducción, la luxación protésica y la infección de la herida quirúrgica.

El doctor indica que “la mayoría de lesionados son personas de edad avanzada, con múltiples patologías y terapias farmacológicas. Es un error considerar la fractura de cadera como una entidad aislada, pues realmente supone una fuerte agresión al equilibrio inestable de su organismo”. En estos casos el papel del geriatra es primordial y su desempeño está orientado principalmente a la estabilización de los pacientes en espera de cirugía, ajuste de la polimedicación, prevención y tratamiento de las complicaciones médicas. También deben colaborar en la recuperación funcional, el tratamiento de la osteoporosis y planificación de la situación al alta.

Cuidados y rehabilitación tras la intervención de cadera

Es fundamental que la cura y cuidados de la herida quirúrgica se produzca por personal cualificado. Del mismo modo, es importante recurrir a la inyección de heparinas para evitar la trombosis venosa.

En cuanto a los ejercicios de rehabilitación, desde el Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología del Hospital Quirónsalud de Murcia señalan que “deben ir dirigidos a la recuperación rápida de la movilidad del paciente, que deberá estar el mayor tiempo posible fuera de la cama, ya sea sentado o caminando con ayuda de andadores según su tolerancia, estado físico y mental”.

La valoración por médicos rehabilitadores y el trabajo de los fisioterapeutas tiene un impacto positivo, de gran envergadura, en la recuperación funcional de los pacientes que se basa en recomendaciones posturales del miembro intervenido, fortalecimiento muscular, ayudas al equilibrio y reeducación de la marcha, entrenamiento en las actividades de la vida diaria, y en definitiva, promover diferentes capacidades para que el paciente pueda encontrar en su lugar de residencia y desenvolverse con garantías.