Una conocida multinacional que tiene la patente para clonar animales se ha sorprendido al comprobar que la mayoría de personas que desean acceder a sus servicios son propietarios de afamados caballos de altísimo valor en el mercado.

Por un lado, el resultado. Clonar a tu animal de compañía no es tan fácil como realizar un calco y ponerlo a caminar. Una vez creado en el laboratorio, hay que educarlo y criarlo exactamente igual que el originario. De otra forma, tendrá el mismo físico pero nada más.

Sin embargo, los animales desarrollan una conexión con sus dueños que no se puede replicar. Es un mundo invisible lleno de matices que la ingeniería, por mucho que lo intente, no es capaz de descifrar. Son demasiados los factores que influyen, incluidos nosotros mismos. Al fin y al cabo, según pasa el tiempo y las circunstancias, nosotros tampoco somos iguales, ¿cómo conseguir, entonces, tratarlos igual, tener la misma paciencia, o consentirles las mismas cosas a ambos? Es imposible.

Por otro lado, está también el precio. Se habla de un coste aproximado de cien mil euros por cada clonación. Evidentemente, ante la escasa demanda, la multinacional está haciendo todo tipo de campañas de marketing. Ha llegado, incluso, a organizar sorteos cuyo premio es la clonación de nuestro animal.

Es una pena que derrochen esfuerzos en un imposible como ese. En realidad, mientras en los albergues vivan animales abandonados esperando una adopción, nadie reclamará sus servicios. Es normal. La gente sabe que, cuando das cariño y amor incondicional a un animal, aunque su aspecto no se parezca en nada al perro o al gato que tuvimos anteriormente, nuestros ojos acaban siempre viendo en su corazón a aquel amigo que un mal día nos abandonó.