España es el país europeo donde más asociaciones animalistas existen y donde más ha cambiado la sociedad a favor de los derechos de los animales.

Sin embargo, seguimos siendo el país en el que más casos de malos tratos y abandonos se producen. Buena culpa de ello la tiene la cultura, la educación y todas esas personas que siguen creyendo que los animales son propiedades cuyas vidas les pertenecen.

Además, nuestros gobernantes y las leyes que emanan de los mismos tienen la insana costumbre de ir siempre muy por detrás del sentir social y de esa famosa legislación europea que, aunque a menudo esgrimen para no bajar impuestos, siempre olvidan a la hora de mejorar los derechos de los animales.

Actualmente, 33 países europeos tienen firmada la prohibición, total y absoluta, de usar animales salvajes en espectáculos públicos itinerantes. En todos esos países, evidentemente, no hay circos con animales.

De idéntica forma han legislado otros 17 países del resto del mundo pero ¿qué ha ocurrido mientras tanto en España?

Aquí, pese a todas protestas que se han realizado en contra del uso de animales en los mismos y a los muchos pronunciamientos políticos que han condenado la existencia de éstos, los circos siguen pudiendo actuar con animales en cualquier punto de nuestro país.

Es cierto que 9 comunidades autónomas y cerca de 200 municipios españoles han prohibido los circos con animales en sus territorios pero, en la práctica, no pueden hacerlo. Son meros pronunciamientos de escaso valor jurídico, dado que el rango de las normas que han aprobado prohibiéndolos tiene un carácter autonómico o local y, para poder imponerlas, deberían tener, al menos, el mismo carácter nacional que la ley que los autoriza.

¿Por qué ocurre eso? ¿Tienen menos sensibilidad los diputados nacionales que los concejales locales, aunque pertenezcan a los mismos partidos?

Actualmente, entre las restricciones del covid y una mayor concienciación ciudadana al respecto, ya no hay circos con animales porque nadie acude a ellos. Murieron solos por falta de público e interés. Por eso, cuando en un futuro nuestros políticos nacionales por fin decidan aprobar dicha prohibición en el Congreso de los Diputados, si es que alguna vez lo hacen, ya no hará falta. Una vez más, España habrá llegado tarde a la hora de proteger a los animales.