13 de mayo de 2020
13.05.2020
La Opinión de Murcia
Mascotas
Derecho animal

Los que nadie quiere, los más queridos

13.05.2020 | 04:00
Los que nadie quiere, los más queridos

El mundo de los animales está lleno de contrastes. Se dan situaciones paradójicas que a nivel psicológico me llaman poderosamente la atención. Una de ellas es que existen animales a los que no quiere nadie, que son víctimas del rechazo y la exclusión social. Esto puede suceder por el hecho de pertenecer a una determinada especie, raza o bien por vivir en la calle. Animales que son indiferentes para la mayoría de la sociedad, que no son contemplados como lo que realmente son, seres sintientes que sufren y aprecian el amor. Son tratados con desprecio, humillados, se encuentran desprotegidos a nivel legal, incluso en ocasiones son víctimas de determinadas prácticas ejercidas por la Administración, que atentan contra su vida y su dignidad.

No obstante, dichos animales a los que apenas nadie quiere, suelen contar con el apoyo incondicional muchas veces de una sola persona, que se ocupa de ellos y de su bienestar. Esa persona es capaz de darles muchísimo más de lo que la mayor parte de los seres humanos podemos llegar a soñar. Hay alguien que les quiere, que les cuida, que se preocupa día y noche por ellos pensando en cómo estarán.

Hay alguien que está a su lado y que dispone del amor más infinito que se puede entregar. Por ello, paradójicamente nos encontramos con animales a los que nadie quiere y sin embargo, probablemente sean los seres más queridos del planeta. Porque las personas que ayudan a este tipo de animales les aman de una manera tan pura, limpia, valiente e intensa, que hace que dicho vínculo se caracterice por la autenticidad de esa relación y que a pesar de no ser queridos por casi nadie, cuenten con el privilegio de tener a alguien que sabe amar de verdad.

Ejemplo de este tipo de animales serían las razas de perros mal llamadas PPP (Perros Potencialmente Peligrosos), las colonias felinas o las colonias de aves urbanas. Animales que sufren las consecuencias más duras de la sociedad enferma en la que vivimos, donde imperan las relaciones basadas en el interés y donde existen muy pocas personas que sean capaces de amar sin condición y de saber ver que sólo hay un lenguaje universal y es el del corazón.

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