19 de enero de 2020
19.01.2020
Mascotas
Arca de Noé

¿Cómo se sentiría una persona encerrada en la jungla de un zoo?

19.01.2020 | 04:00
¿Cómo se sentiría una persona encerrada en la jungla de un zoo?

Ota Benga fue un africano perteneciente a la etnia pigmea de los Batwa del Congo. Capturado y esclavizado en 1904, fue expuesto en la Exposición Universal de St. Louis, en Estados Unidos, y encerrado en una jaula del zoológico neoyorkino del Bronx junto a un orangután.

A principios del siglo XX la teoría de la evolución de las especies de Darwin tenía partidarios capaces de hacer cualquier cosa por defender la misma. Uno de ellos fue Samuel Verner que no dudó en viajar a África y capturar a Ota, un pigmeo cuya mujer e hijos habían sido asesinados. Su objetivo era mostrarlo en la exposición antes citada, como el eslabón perdido entre humanos y primates.
Ota fue trasladado y expuesto allí junto a indios, filipinos y otros muchos seres humanos ¿Y cómo respondió el público? Pues con la máxima expectación, 20 millones de personas acudieron al evento y se dejaron en taquilla más de 25 millones de dólares de la época.
Finalizada la exposición, llegó la hora de ver qué se hacía con todos ellos. En el caso de Ota, la decisión fue trasladarlo al zoo de Nueva York y encerrarlo en una jaula junto a un orangután amaestrado de nombre Dohong. Sus vecinos de barrotes serían, a un lado los chimpancés, y, al otro, un gorila llamado Dinah.
Según el New York Times, más de cuarenta millones de personas pasaron delante de su jaula sólo para verlo hasta que, afortunadamente, varias organizaciones humanitarias comenzaron a denunciar el trato vejatorio que todo aquello suponía para él. Finalmente, en septiembre de 1906 Ota fue liberado. El asilo religioso de Howard Colored le ofreció, por primera vez, un lugar digno donde vivir. Se arreglaron sus dientes afilados típicos de los pigmeos, se le proporcionó ropa, educación e, incluso, se le buscó un trabajo en una fábrica de tabaco.
Sin embargo, a sus 32 años Ota ya estaba destrozado mentalmente. Así, el 20 de marzo de 1916, realizó un ritual ancestral de despedida, prendió fuego a una hoguera, bailó una danza tradicional de su tribu y, tras ello, se quitó la vida de un tiro.
Sirvan estas letras como humilde homenaje a su recuerdo, como denuncia de su terrible historia y, salvando las infinitas distancias que cada uno quiera poner, como reflexión sobre lo que pueden llegar a sentir algunos animales expuestos en zoos.

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