21 de diciembre de 2019
21.12.2019
Mascotas
Pensamientos animalistas

La vida tras las rejas

21.12.2019 | 16:51
La vida tras las rejas

A la mayor parte de la gente y sobre todo a los niños, les encanta ir a ver a los animales, admirar su belleza y poder acercarse a ellos. Sin embargo, poca gente va más allá y pocos padres y madres enseñan a esos menores lo que hay detrás de cualquier actividad o afición, en el que un animal está expuesto para disfrute de los humanos. Es muy importante que empecemos a ponernos en el lugar del que está al otro lado. Para ello, haremos un ejercicio muy sencillo que consiste en imaginarnos nuestra vida a través de unas rejas. Visualizarnos a nosotros mismos, viviendo permanentemente encerrados en un espacio acotado por unos barrotes, que nos impiden relacionarnos con los demás o llevar a cabo las acciones propias de la especie a la que pertenecemos, como por ejemplo jugar, cazar, correr... actividades que son imprescindibles para el correcto desarrollo de los animales y para garantizar su bienestar. Imagina que llegas a golpearte contra esos barrotes y contra las paredes de tu celda, intentando salir, intentando escapar. Que esas rejas te separan del mundo y de la felicidad a la que tienes derecho. Si para los humanos el método de castigo más punitivo es el hecho de estar encerrado en una cárcel, ¿por qué les hacemos lo mismo a los animales sin que hayan hecho nada malo, ni supongan ningún tipo de amenaza para la sociedad?

La privación de estímulos causa daños muy graves a nivel psicológico, y esto se hace evidente cuando encontramos a felinos dando vueltas en círculos en su jaula sin parar o a cualquier otro animal con estereotipias.

Además, todo esto cobra especial relevancia en el caso de los niños que aprenden que el maltrato animal está justificado, cuando supone un beneficio para los humanos. Por eso, es muy importante enseñarles a empatizar y a entender que no tiene nada de divertido ni de agradable ver a animales sufrir encerrados de por vida tras las rejas, día tras día y año tras año de su insoportable y dolorosa vida, convertida en un auténtico calvario bajo la excusa de que mientras tengan comida y agua todo es válido.

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