16 de marzo de 2019
16.03.2019
Mascotas
Si ellos hablaran

País de cerdos

16.03.2019 | 20:18
País de cerdos

Los animales no son sillas. No pueden ponerse y quitarse a nuestro antojo. Por eso, cuando muchos municipios que nada hicieron por evitar la presencia de cerdos vietnamitas se quejan ahora y dicen que quieren quitarlos, siempre me pregunto lo mismo: ¿Por qué? y ¿para qué?

Ya saben que fue el actor George Clooney el que, al posar en una foto con un cerdo vietnamita, provocó la compra masiva de estos animales. Sin embargo, yo creo que, en general, la gente los compraba para aliviar su complejo de inferioridad y presumir de algo. El problema es que, años más tarde, muchos han acabado abandonados. Por eso, resulta ahora tan fácil verlos correteando por cualquier ciudad mientras todo el mundo se pregunta qué hacer con ellos y, sobre todo, qué peligros entrañan.

Se habla, por ejemplo, de la posibilidad de que sean agresivos o puedan transmitir enfermedades pero, que se sepa, estos cerdos nunca atacan. Son más bien animales discretos que mantienen una cierta distancia con los humanos, lo que, por cierto, a su vez, evita también esos posibles contagios.

Por otro lado, la gente se queja también de que ensucian la ciudad pero, salvo que rompan bolsas de basura que no estén en contenedores, sólo genera suciedad sus excrementos que, además, son biodegradables. En este caso, son otros cerdos los que las ensucian la ciudad pero, me temo que esos caminan a dos patas.

Por último, y esto es lo más peliagudo, se habla de que pueden ser un peligro para la circulación, pero no más que un perro o un gato. De todas formas, esos peligros podrían paliarse colocando señales que advirtieran de su presencia y, eso sí, reforzando vallados para evitar su acceso a carreteras.

Ahora bien, la pregunta es, si no se retiran, ¿qué se puede hacer con ellos? Pues, precisamente, convertirlos en un atractivo turístico. Verán, constituyen una seña singular en las ciudades en las que viven y, si se controlan sanitariamente, se hace un programa de esterilización, se arreglan los espacios que habitan, se coloca cartelería explicativa sobre sus costumbres y se crean itinerarios específicos para verlos, muchas personas acudirían a verlos.

Piénsenlo, al fin y al cabo, los humanos, por nuestra parte los compramos y los abandonamos. Y ellos, fuertes, tozudos y mucho más inteligentes que muchos de nosotros, han decidido quedarse. Cuanto antes lo asumamos, mejor para todos.

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