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Miquel Carceller, profesor: "No es que los chicos de hoy sean peores, es que no se les ha exigido; no se les ha preparado"

El jefe de estudios del instituto El Joncar de Barcelona y profesor de Historia vocacional, vería con buenos ojos que se alargara dos años la etapa en la escuela, "por una cuestión de madurez"

Miquel Carceller, profesor No es que los chicos de hoy sean peores, es que no se les ha exigido; no se les ha preparado

Miquel Carceller, profesor No es que los chicos de hoy sean peores, es que no se les ha exigido; no se les ha preparado

Helena López

-¿Está bien diseñado un sistema que envía a niños de 12 años al instituto?

-Personalmente, yo alargaría la etapa en la escuela. Haría que vinieran al instituto dos años más tarde, como se hacía antes. Por una cuestión de madurez. Un porcentaje elevado de alumnos no está suficientemente maduro como para adaptarse de golpe a un universo absolutamente diferente, en el que van por su cuenta y donde, a nivel de aprendizaje, no llegan con la base que se le empezará a exigir.

-A sus ojos, ¿la primaria se tendría que parecer más a la secundaria, para preparar la transición, o al revés?

-Sin que suene a crítica al profesorado de primaria, la primaria se tendría que parecer más a la secundaria. Mirándolo a largo plazo, la misión de un centro educativo es preparar a los niños para que cuando lleguen al mundo adulto sean competentes. Si lo que hacemos es que el instituto se acerque a la primaria tendremos menos años para preparar a los niños para ese mundo adulto, profesional o laboral. Hoy en día gradúa gente que no está nada preparado para lo que se encontrarán. Están demasiado guiados y el mundo de fuera, nos guste o no, no es así.

-¿Habla de nivel académico o de competencias?

-Hablo de todo. De espabilarse. Un ejemplo son los apuntes. Tomar apuntes, que durante años ha estado demonizado, no es que te haga competente en esa materia, es que te hace competente para estar con un nivel de atención mínimo, algo que cada vez cuesta más. Y con ese nivel de atención eres capaz de escuchar al profesor, de interiorizarlo y traducirlo en unos apuntes. Eso te lo encontrarás en el mundo laboral. Si, por ejemplo, en sexto se comenzara a potenciar la toma de apuntes, por el hábito, cuando llegaran al instituto no sería la primera vez que tienen que intentar escuchar y transcribir una idea.

-¿Se encuentran eso, que llegan a primero de ESO y no saben tomar apuntes?

-¡Y a primero de Bachillerato! En El Joncar hemos empezado a tirar hacia atrás. Han salido las dos primeras promociones de segundo de Bachillerato, hemos hecho balance y a partir de ahí hemos intentado solucionar los problemas desde el principio. Pero nuestro principio son los 12 años y es primero de ESO y quizá es tarde. Yo no digo que lo hagan mal en primaria, vamos todos de la mano, pero si empiezas con 10 y no con 12, con 12 no empiezas desde cero.

-Si tanta gente coincide en el diagnóstico, ¿por qué cree que no se mueve nada?

-Creo que está cambiando, también en primaria. El problema es el miedo a que los niños se frustren. Si comparas el material que se usaba en un sexto de EGB con un sexto de primaria, está a años luz; ¡y a nivel de evolución humana no hemos ido atrás! Por tanto, es algo cultural. Si tú ahora pides a un grupo, y eso me ha pasado a mí, no en la ESO, en Bachillerato, que se lean un artículo de tres caras, te responden que es imposible, que no pueden. Desde pequeños les tendríamos que acostumbrar a un cierto hábito de lectura, a hacer tareas menos atractivas y más metódicas pero que les vayan preparando. Incluso cuestiones de memorización. Se trataría de entrarlos un poco más en primaria para que cuando lleguen al instituto podamos tirar un poco más de ellos. ¡Yo quiero que sean competentes!

-¿El alumnado que llega a 1º de ESO ahora es menos competente que hace 10 años?

-Sí. Rotundamente sí. Con diferencia. Lo veo en el instituto y lo veo en la universidad. Hago clase en la facultad, en el grado y en doctorado y, comparativamente con sus paralelos de hace cinco o 10 años, es un sí rotundo en los tres niveles. Y no se trata del 'cualquier tiempo pasado fue mejor'. Es así. Y no son cognitivamente peores. No es que no tengan aptitudes, es que no se les ha exigido. No se les ha preparado.

-Pero, ¿por qué?

-Porque creían que no lo necesitaban, que necesitaban otras virtudes, por no frustrarles... Y la disminución de la exigencia ha hecho disminuir la competencia. A menos exigencia, menos competencia.

-Admitir eso, como sociedad, es admitir un fracaso.

-Pero no es un fracaso. Se ha intentado enseñar de otra manera con toda la buena intención del mundo, seguro, pero no ha acabado de funcionar. No pasa nada, para y vuelve a empezar. Si no, estamos tirando la pelota hacia adelante esperando que se solucione solo. Los deberes, por ejemplo. Los deberes son un palo para el alumno y para las familias, pero te enseñan que tienes una obligación con una fecha límite. Al quitar los deberes, se pierde ese sentido de responsabilidad.

-Una de las cosas que impacta en el salto al instituto es la pérdida de peso de la figura del tutor. Quizá haría falta más acompañamiento...

-¡Ya se hace! Existe la figura de las orientadoras y las cotutorias. Nosotros no somos ni mucho menos el único centro que hace cotutorías. El grupo clase, que son 30, tiene dos tutores. Así cada tutor no tiene 30, tiene 15, lo que hace más fácil el seguimiento. Y además hay una orientadora referente que también está encima. Esa atención más emocional sí se ha ido mejorando con los años y eso no tiene que tirar atrás. Eso es una mejora. Tiene que estar; pero no puedes dejar de hacer Matemáticas para hacer una hora extra de eso. ¡Tienen que estar las dos!

-Otra de las cuestiones que aflora al hablar sobre el salto al instituto es el papel de los profesores de secundaria. La frustración que genera en un sector del cuerpo enseñar a niños más inmaduros... las reticencias para aceptar el papel de cuidados, necesarios cuando hablamos de una etapa obligatoria.

-Totalmente de acuerdo. Pero, ¿por qué tiene que ser algo dicotómico? ¿Por qué el profesor de secundaria tiene que elegir entre impartir clase y cuidar? No es ni blanco ni negro. Puedo entender las dos partes. A un profesor normalmente le gusta dar clase, y dar clase lo incluye todo. Incluye escuchar al alumnado, hacer una actividad, reír e impartir. El problema es que a veces todas las otras partes se han comido casi entera la de impartir docencia puramente; la transmisión de conocimientos. Y no hace falta que lo sea todo, pero tiene que haber una parte de eso.

-Entonces, ¿la urgencia es apretar más en la primaria?

-Todos tenemos una parte de responsabilidad. El problema principal que yo veo hoy en día, que es transversal, es una disminución galopante de comprensión lectora que afecta a todas las materias. Esa comprensión lectora no es solo una responsabilidad del profesorado de primaria que enseña a leer, pero si ahí se aprieta un poco antes, nosotros podremos apretar un poco antes, también. Si antes podíamos exigir leer unos textos y ahora renunciamos porque creemos que no los entenderán y vamos a una versión simplificada, lo estamos haciendo mal. Tenemos que darles la versión compleja y que se peleen con ella. Tenemos que remar todos. Aquí en primero de ESO hacíamos dos horas a la semana de cápsulas, que eran muy chulas porque podían ser de cualquier cosa que les interesara, de juegos de rol, pero este año hemos quitado las dos horas de cápsulas y se las hemos dado una a catalán y una a matemáticas.

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