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Ciencia y sociedad

La gran ilusión verde: cómo la industria cárnica y láctea enmascara su impacto climático

El 98% de las promesas de sostenibilidad de los gigantes del sector son pura fachada, calcada a la de las grandes petroleras para retrasar la acción climática, según un amplio estudio

Comprando en un supermercado

Comprando en un supermercado / Eduardo Parra/Europa Press

EDUARDO MARTÍNEZ DE LA FE/T21

EDUARDO MARTÍNEZ DE LA FE/T21

Madrid

Las mayores multinacionales de la carne y los lácteos, cuyo modelo de negocio es uno de los motores principales del calentamiento global, están vendiendo un espejismo a consumidores e inversores con un único objetivo: proteger sus márgenes de beneficio e impedir cualquier regulación urgente sobre su impacto ambiental.

Cada vez es más habitual encontrar en los supermercados envases de carne y productos lácteos adornados con promesas de sostenibilidad, neutralidad de carbono o respeto por el medio ambiente. Ante la creciente preocupación ciudadana por la crisis climática, las grandes corporaciones del sector han desplegado una intensa estrategia de comunicación para proyectar una imagen de responsabilidad ecológica. Sin embargo, un análisis profundo de estas campañas revela que la inmensa mayoría de estas afirmaciones no son más que un lavado de imagen verde o greenwashing.

El sector de la agricultura animal es uno de los principales motores del calentamiento global, siendo responsable de al menos el 16,5% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. A pesar de este impacto desproporcionado, las empresas no parecen dispuestas a acometer cambios estructurales.

Esquema de la ilusión verde

Esquema de la ilusión verde / IA/T21

Ecoblanqueo empresarial

Un reciente estudio publicado en la revista científica PLOS Climate analizó de forma exhaustiva 1.233 afirmaciones medioambientales publicadas en los informes de sostenibilidad y páginas web de las 33 mayores empresas cárnicas y lácteas del mundo. Las conclusiones del equipo investigador son demoledoras: el 98% de estas declaraciones pueden catalogarse directamente como ecoblanqueo.

La táctica principal de estas corporaciones consiste en lanzar grandes promesas hacia el futuro que resultan imposibles de verificar en el presente. De hecho, el 38% de los mensajes analizados eran compromisos a largo plazo, como alcanzar las "cero emisiones netas" para el año 2040 o 2050. Sin presentar hojas de ruta claras para descarbonizar su cadena de producción, más de la mitad de las empresas que prometen neutralidad climática fían su éxito a la polémica compensación de carbono, en lugar de reducir de forma efectiva sus emisiones corporativas. La falta de rigor y transparencia es tal que, de las más de mil afirmaciones estudiadas, las corporaciones solo pudieron aportar literatura científica revisada por pares para respaldar tres de ellas.

Referencia

Environmental claims, climate promises, and ‘greenwashing’ by meat and dairy companies. Bach, M. et al. PLOS Climate, 5(4), e0000773; (2026). DOI:https://doi.org/10.1371/journal.pclm.0000773

Espejismo de sostenibilidad

El estudio destaca cómo empresas líderes publicitan a bombo y platillo programas piloto en un puñado de granjas o mejoras operativas marginales, como la sustitución de una caldera en una fábrica o la reducción de milímetros en la cinta de envasado. Estas maniobras sirven para desviar la atención de sus mayores fuentes de emisiones globales, las cuales siguen creciendo de la mano de su expansión comercial.

Un ejemplo paradigmático es el del gigante cárnico JBS, cuyas emisiones superan a las de un país entero como Italia. La compañía lanzó una multimillonaria campaña asegurando que alcanzaría las emisiones netas cero en 2040, lo que recientemente le ha valido una demanda por fraude por parte de la Fiscal General del Estado de Nueva York al carecer de un plan viable e intenciones reales de lograrlo.

Calcando a las petroleras

La investigación evidencia que la industria de la carne y los lácteos está calcando la estrategia histórica de las grandes petroleras. Mediante el uso sistemático del ecoblanqueo y el uso de lenguaje vago ("productores sostenibles"), estas empresas logran apaciguar a inversores y consumidores.

Así, mantienen su reputación social para operar mientras retrasan activamente la adopción de medidas y regulaciones climáticas urgentes, vendiendo una falsa sensación de progreso en un momento crítico para el planeta.

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