Tribunales
Un maltratador de Murcia se cambia de sexo en el registro, acosa de nuevo a su ex y acaba en prisión
Antonio alega ser mujer para evitar un juicio por violencia de género, se comprueba que legalmente modificó su género a femenino hace dos años, su caso pasa a un juzgado de instrucción y esta persona acaba en el módulo de hombres de la cárcel de Campos del Río

Prisión de Campos del Río, donde Antonio, legalmente mujer, fue mandado. / Marcial Guillén
Un maltratador condenado que se cambió de sexo en el registro y desde 2023 es oficialmente mujer continuó acosando a su expareja e ingresó el pasado miércoles en un módulo de hombres del penal de Campos del Río, el más grande de la Región de Murcia, tal y como informan fuentes judiciales.
Se da la circunstancia de que, después de ser inscrito oficialmente como fémina, el maltratador (que no ha modificado ni su nombre de varón ni su aspecto físico y luce hasta bigote) volvió a ser condenado en dos ocasiones por los juzgados de violencia de género de Murcia, y ninguna de esas veces él comunicó que se había inscrito como mujer.
Esta persona, que tiene por nombre Antonio, cambió de género legalmente tras la aprobación de la Ley Trans, que entró en vigor en el mes de marzo de hace dos años, tras su publicación en el Boletín Oficial del Estado (BOE).
Cabe recordar que la normativa permite cambiar el sexo en el Registro Civil sin ningún requisito, más que el deseo expreso de la persona solicitante. No es imprescindible ni hormonación ni cirugía de reasignación de sexo ni siquiera cambio de nombre: este sujeto no habría hecho nada de eso, solamente inscribirse como mujer. Con esta condición, la de fémina, Antonio continuó delinquiendo.
El individuo volvió a pasar por los juzgados de la capital murciana esta semana, después de que su expareja, de la cual tenía una orden de alejamiento, pusiera en conocimiento de las autoridades que el hombre estaba atosigándola.
Antonio continuó delinquiendo tras inscribirse como fémina y quebrantó el alejamiento fijado
Desde que fue condenado por última vez, el pasado mes de octubre, por el Juzgado de Violencia sobre la Mujer Nº 2 de Murcia, Antonio llevaba puesto un dispositivo de seguimiento electrónico, los cuales cuentan con un GPS. El condenado ha de llevar consigo la pulsera -que se coloca donde él desee, en la muñeca o el tobillo- y uno de los dispositivos, mientras que su víctima tiene otro.
Cuando el agresor entra en las áreas de exclusión determinadas de acuerdo a la orden judicial y se acerca a la víctima más de lo permitido, salta la alarma y llega al centro de control Cometa. Este recurso (operativo las 24 horas y coordinador con los órganos judiciales, el Ministerio Fiscal y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad) no dejaba de reportar avisos por culpa de este individuo.
Llevaba una pulsera que sonaba cada día porque frecuentaba las zonas por las que se movía su expareja
«Desde octubre, podían sonar 20 o 30 alarmas todos los días», afirman fuentes judiciales. El sospechoso frecuentaba las zonas por las que sabía que se movería su pareja. No solamente su vivienda.
Dijo no ser varón
La gota que colmó el vaso fue que la víctima leyó, en un estado de WhatsApp de su maltratador, un mensaje en el que expresaba que deseaba verla sufrir. La mujer dio la voz de alarma y Antonio fue arrestado y puesto a disposición del Juzgado con competencias en violencia de género.
Fue en los pasillos de la Ciudad de la Justicia, y en presencia de su abogada, cuando el procesado expresó que no podía comparecer ante ese órgano, puesto que él no era un hombre. Ante esta afirmación, los profesionales judiciales procedieron a comprobar en el registro si lo que él decía era cierto, y corroboraron que esta persona había cambiado su sexo registral a femenino. Ante este panorama, el Juzgado de Violencia sobre la Mujer se inhibió al Juzgado de Instrucción Nº 5 de Murcia.
Por el asunto del quebrantamiento de la orden que le prohibía aproximarse a su ex (según él, su amiga), se le ofreció una conformidad y se negó a ello. No obstante, se da la circunstancia de que Antonio tenía una requisitoria por otro asunto, por lo que la jueza de instrucción lo mandó a la cárcel. Una vez ahí, los profesionales de la penitenciaría determinaron que su sitio era el módulo de hombres.
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