Tribunales
Las claves del pacto de conformidad del crimen del trastero de Totana
Su abogado celebra que "se le ha quitado el agravante de parentesco" y reducido la pena respecto a lo que inicialmente pedía la fiscal

El juez Del Olmo, junto a la letrada de la Administración de Justicia Mª Carmen Delgado, en el juicio por el crimen de Totana. / Juan Carlos Caval
Johan Styven P. O., el joven que mató a cuchilladas a su exnovia, Claudia, y ocultó su cuerpo en un habitáculo del garaje porque ella no quería continuar con la relación sentimental, ha sido condenado a tantos años de cárcel como ahora tiene en el DNI: 22 años. El asunto se despachó en los tribunales en una sola sesión de juicio, al producirse un acuerdo de conformidad entre la Fiscalía, la acusación particular (ejercida por la familia de la víctima) y la defensa del procesado.
La Fiscalía pedía en principio para él una pena 25 años de prisión por un asesinato consumado, perpetrado con alevosía y ensañamiento, con la agravante de parentesco y enmarcado dentro de la lacra de la violencia de género. Con el pacto alcanzado entre las partes, la condena se quedaba en 22, al retirar el agravante de parentesco, algo que celebraba, en el exterior de la Audiencia, su abogado defensor, José María Caballero Salinas.

Johan Styven entrelaza los dedos, a la derecha de su abogado, Caballero Salinas, en su juicio en la Audiencia Provincial. / Juan Carlos Caval
Además, se le reconoce una atenuante de confesión que reduce levemente su pena. Cumplirá tres años menos que los que reclamaba el Ministerio Público para él en sus conclusiones provisionales. Si cumple íntegramente los 22 años encerrado, saldrá de la cárcel cuando tenga 44.
Las claves de la pena
El pacto hecho público, y que daba lugar a que el jurado popular se conformase y disolviese sin hacer nada, contempla para el sujeto, además de la pena de cárcel, una década en régimen de libertad vigilada cuando salga de prisión.
Johan Styven abrió la boca para decir “sí” dos veces cuando Del Olmo le preguntó si había firmado el escrito que leyó la letrada
La pena de 22 años entre rejas es por asesinato, que se diferencia del homicidio por la presencia de agravantes que aumentan la gravedad del delito.
Una vez que esté fuera, pesará sobre él una orden que le prohíbe aproximarse o comunicarse por medio algunos con los familiares de su víctima durante esa década. Ha de indemnizar tanto a los padres de la menor como a sus hermanos.
Aunque la condena incluye el pago de las costas, el abogado que defendió los intereses de la familia de Claudia, Raúl Pardo-Geijo, dijo en la sala que renunciaba a que le abonase los gastos.
De negro y esquivo
El encausado era trasladado desde el penal (en el que estaba, hasta este jueves, en régimen de prisión preventiva) hasta el tribunal de la Sección Tercera de la Audiencia, presidido por el magistrado Juan Del Olmo. Dos agentes de la Policía Nacional lo custodiaron hasta la sala, en la cuarta planta del Palacio, donde entró en silencio, esposado por delante y vestido de riguroso negro.
En el banquillo, sentado a la derecha de su abogado, José María Caballero Salinas, el sujeto, que se ha dejado perilla y está más delgado que cuando perpetró el crimen, trataba de girarse y dar la espalda a los medios de comunicación congregados en la sala, a fin de que no captasen su rostro. Sin éxito.
"¿Alguna objeción?"
Johan abrió la boca para decir “sí” dos veces cuando Del Olmo le preguntó si había firmado el escrito que leyó la letrada y si estaba de acuerdo. “Reconozco por lo que se me acusa”, apuntó. “¿Tiene alguna objeción o aclaración?”, cuestionó el magistrado. El asesino no tenía ninguna. Del Olmo explicó entonces que se procedería a la resolución del jurado, dada la conformidad. Los miembros del tirbunal popular abandonaron la sala.
El crimen impactó a la Región y al conjunto del país. Claudia Abigail, de 17 años de edad, encontró la muerte a manos de su expareja tras una encerrona: el joven la convenció para, una vez haber terminado el noviazgo, bajar juntos al garaje para buscar sus cosas.
La mató en el interior del mismo trastero, la cosió a cuchilladas (le propinó hasta 79) y, tras cometer el crimen, y ocultar el cuerpo bajo unos colchones, Johan Styven primero subió a la azotea de su casa, para esconder el arma y grabarse con el móvil; luego volvió a su domicilio y cenó con su madre. El cuerpo de la menor fue encontrado horas después y el sujeto detenido.
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