Tribunales

El sargento condenado a 19 años de cárcel por violar a una agente sigue destinado en un cuartel en Murcia

Aunque el Supremo confirmó la pena de prisión, por el momento el hombre sigue libre

Una mujer, agente de la Guardia Civil, con el tricornio y el uniforme junto a compañeros.

Una mujer, agente de la Guardia Civil, con el tricornio y el uniforme junto a compañeros. / MINISTERIO DEL INTERIOR

Ana Lucas

Ana Lucas

Óscar M.G., condenado a 19 años de cárcel por violar y obligar a abortar a una subordinada cuando él era sargento en el cuartel de la Guardia Civil de Molina de Segura, continúa destinado en un puesto de la Benemérita en la Región. En concreto, en el de la localidad murciana de Torreagüera.

Tras tener conocimiento de la sentencia, ratificada por el Tribunal Supremo, Óscar M.G. se cogió una baja, indican fuentes cercanas.

La razón por la que este violador condenado no está aún entre rejas se debe a que el Supremo, tras confirmar la resolución, ha de remitir al tribunal que dictó la sentencia para que proceda a ejecutar la misma. Cuando esto ocurre, detallan fuentes judiciales, el juez que dicta la sentencia condenatoria previsiblemente concederá un plazo prudencial para el ingreso en prisión voluntario. Este plazo normalmente es de cinco a diez días.

Este periódico se puso en contacto en varias ocasiones tanto con la Guardia Civil de la Región como con la sede del Instituto Armado en la capital de España para preguntar por qué este condenado no está aún fuera del Cuerpo, pero no ha obtenido respuesta.

La Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) apoyó y asesoró en todo momento a la víctima e hizo público el caso en rueda de prensa en 2016. Hasta el presente año 2024 no ha habido sentencia firme.

"No me vas a joder la vida"

La Sala explica en su sentencia que las conductas de uno y otro tipo se produjeron “no de forma aislada, sino sostenida en el tiempo; siempre, desde luego, operando sobre una misma subordinada y aprovechando el acusado la ocasión que le brindaba la relación de superioridad jerárquica sobre ella, llegando a obtener el sometimiento de la víctima a sus requerimientos sexuales mediante repetidos actos de trato degradante, insultos, amenazas e incluso maltratos físicos de obra”.

Uno de los ejemplos más claros del maltrato psicológico y de las amenazas, según explica el Alto Tribunal, es el que se dio la mañana del 10 de julio de 2012, cuando la agente se dio cuenta de que estaba embarazada.

Ese mismo día, el sargento acudió a su casa: "Se dirigieron a la cocina, donde [la mujer] le contó llorando lo que sucedía; la respuesta del acusado fue de enfado, empujando a la [víctima] contra el azulejo de la pared de la cocina, poniendo las manos en su pecho, a la vez que le decía: 'No me vas a joder la vida, ni vas a joder a mi familia, eso lo sacas de ahí, lo quiero fuera de ahí'".

Un pañuelo con semen

Un día, decidió llevársela, supuestamente de patrulla, a un descampado, donde se desabrochó el pantalón e intentó forzarla a hacerle una felación. Ante su resistencia, le golpeó la cabeza contra el volante, y, ya de vuelta en el cuartel, "fue al despacho [de la víctima] y le lanzó a su mesa un pañuelo con semen a la vez que le increpaba: 'Mira lo que te has perdido, marrana'".