La sed de venganza por unos acontecimientos que sucedieron hace más de un lustro estuvo a punto de convertirse en un estallido de violencia este lunes en Cartagena, municipio que fue escenario de disparos al aire, un apuñalamiento y una calma tensa que obligó a la Policía Nacional a emplearse a fondo, para evitar que la tensión contenida se convirtiese en una agresión explícita.

Minutos después de las cuatro de la tarde, Emergencias recibía una llamada para alertar de que se estaban escuchando detonaciones en la Villalba, en la ciudad portuaria. La misma barriada donde, este lunes por la mañana, se producía un suceso: una persona era acuchillada en la cara

Dicen los vecinos que la Villalba no es "una zona mala" y no quieren que se equipare su barrio a otros tristemente conocidos por el narcotráfico y los tiroteos, como Las 600. Sí admiten los residentes que, de un tiempo a esta parte, se han mudado a la zona algunas familias que pueden resultar conflictivas.

Todo lo que ocurrió este lunes, indican fuentes cercanas al caso, vino por una reyerta que se produjo hace más de seis años, en el marco de una pelea de gallos. Entonces, una mujer tuvo que irse del municipio. La misma mujer que habría regresado ahora, y se habría visto implicada en la riña a navajazos de la mañana, indican fuentes cercanas al caso.

Agentes de la Policía Nacional, este lunes por la tarde en el operativo en Villalba, Cartagena. Iván Urquízar

En cuanto a los tiros de la tarde, serían represalias por el incidente con arma blanca acontecido horas antes. Debido a que se trataba de familias conflictivas, se puso en marcha un amplio despliegue de seguridad, integrado por una veintena de policías nacionales. La prioridad: localizar a la persona que había disparado y garantizar la seguridad. Esta persona sería pariente de la persona acuchillada en el rostro por la mañana. 

Vecinos se asomaban a las ventanas, alarmados por la gran presencia policial, que se centraba en custodiar la entrada de la calle Lentisco. Algunos agentes, muchos miembros de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR), motoristas y dos ‘zetas’, iban fuertemente armados, con armas largas. En la vía pública, donde había allegados de las personas directamente implicadas en el enfrentamiento, reinaba una calma tensa.