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Caso Abierto - La Opinión de Murcia

Investigación

El hombre que mató a cuchilladas a su hermana en Churra, abocado al psiquiátrico

Los forenses concluyen que Francisco V. M. presenta una esquizofrenia paranoide, unida a un delirio místico religioso | Se definía como "un hombre de Dios" y difundía de forma obsesiva textos sobre Jehová

Policías en la calle de Churra donde se produjo el crimen, en agosto de 2020; en la foto pequeña, Francisco. / Juan Carlos Caval

Francisco V. M., el hombre que mató a cuchilladas a su hermana en Churra en verano de 2020 y a continuación se fue a escuchar misa, está abocado al psiquiátrico penitenciario, después de que el examen forense en profundidad que se le practicó, tras entregarse, concluyese que presenta una grave alteración psíquica, informan fuentes cercanas al caso.

En concreto, los profesionales del Instituto de Medicina Legal de Murcia que se entrevistaron con Francisco determinaron que sufre una esquizofrenia paranoide, unida a un delirio místico religioso. Los forenses realizan, con estas personas, varias entrevistas, así como exploraciones psicopatológicas, y comprueban si existen antecedentes de enfermedad mental, en ella o en su familia.

Este hombre vivía en la calle Arizona con su madre, y fue en esa casa donde se produjo el crimen, en agosto de 2020, en una de las visitas que la víctima, una mujer de 47 años de edad, solía hacer a su progenitora. Fue otra hermana del acusado y víctima la que daba la voz de alarma a Emergencias: Francisco había atacado con un cuchillo de cocina a la otra mujer, que se encontraba tendida en un charco de sangre, malherida. Cuando llegaron los sanitarios a la casa, la víctima estaba muerta. Su hermana ya manifestó entonces que el autor del crimen había sido Francisco, que había escapado del lugar, por lo que la Policía activó el protocolo para dar con su paradero y proceder a su arresto. No se produjo como tal: el sospechoso se entregó horas después.

Cuando fue llevado al Juzgado de Guardia, en la Ciudad de la Justicia de Murcia, Francisco relató que solía discutir con su hermana porque ella tenía la costumbre de lavar la ropa en casa de la madre de ambos, y él temía que la mujer, de más de 90 años, pudiese contagiarse de coronavirus, pandemia que había estallado en España cinco meses antes del crimen. 

"Examina tu corazón"

Que Francisco podría padecer problemas mentales algo que los investigadores de la Policía Nacional tuvieron presente desde el primer momento. En sus redes sociales, el vecino subía textos del Antiguo Testamento (‘yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados’, del Libro de Isaías) y del Nuevo, y escribía textos religiosos. Junto al Padre Nuestro, por ejemplo, aconsejaba: «Examina tu corazón: vives con resentimientos, celos, rencores, sentimientos negativos... ¿te cuesta perdonar? Dios no se cansa de perdonar, no te canses tú».

Asimismo, apuntaba que es preferible «morir antes que pecar», y que «las tentaciones están presentes en todo momento, nuestra alma es débil y cae; pero, con la fortaleza y gracia de Dios, con su fuerza, salimos vencedores en esta batalla espiritual». El hombre, que llevaría años interesado por la religión, también copiaba trozos del Apocalipsis junto a fotos de su propio rostro, y publicaba citas de Paulo Coelho.

Pese a su enfermedad, Francisco V. M. sí puede ser juzgado, aunque previsiblemente su condena no sea de prisión, sino de internamiento en un centro especializado. Es lo que pasó recientemente en el caso del míster murciano que mató a su padre a cuchilladas en Madrid, en el del vecino que acabó con la vida de su madre al golpearla brutalmente con una báscula o en el del joven que cosió a cuchilladas a su padre en su portal de Juan Carlos I y huyó. Todos admitieron lo que hicieron, todos fueron condenados y todos ellos, como quedó constancia en la vista oral, sufrían una aguda alteración psíquica y, cuando ocurrieron los hechos, tenía gravemente mermadas sus facultades.

Por eso todas las condenas pasan por el internamiento en un psiquiátrico penitenciario. En España solo hay dos: uno en Sevilla y otro en Foncalent (Alicante). 

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