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Caso Abierto - La Opinión de Murcia

Asesinatos

Arranca el juicio del asesinato de la octogenaria de Abarán: "Me gustan las viejas"

"Si tienen tiempo y tienen Netflix, les aconsejo que vean el documental de Dolores Vázquez", dice al jurado el abogado de Joaquín G. V., que dice ser inocente y se enfrenta a prisión permanente revisable por un crimen, a cuchilladas, acontecido en abril de hace tres años

Joaquín G. V., este jueves en el banquillo de la Audiencia, donde se sienta acusado de asesinar a su tía abuela. / ISRAEL SÁNCHEZ

"Lo único que les pido es que miren las pruebas y verán que es inocente", dijo a los miembros del jurado Pablo Martínez, abogado de Joaquín G. V., el acusado de matar a su octogenaria tía abuela, Maruja, en su domicilio de Abarán en abril de hace tres años, que este jueves se sentaba en el banquillo de la Audiencia Provincial de Murcia. "En ningún momento maté a nadie ni violé a nadie", subrayó, en su declaración, donde el fiscal leyó en voz alta algunos mensajes, que el individuo admitió haber mandado a otra vecina, en los que se jactaba de haber forzado sexualmente a la anciana y llegaba a afirmar: "Me gustan las viejas". Aunque este jueves, en el Palacio de Justicia, negaba deseos sexuales hacia mujeres mayores: "Ya tenía relaciones yo y no era con ancianas".

El fiscal pide para él la pena máxima que hay en España: la prisión permanente revisable. Es la primera vez que en la comunidad murciana se solicita esta pena. Sin embargo, su defensor no solo confía en la inocencia de su cliente, sino que asegura que hay pruebas de que no pudo cometer el crimen.  

El procesado, que salió de la cárcel hace unos meses tras depositar una fianza de 6.000 euros, está acusado de acuchillar hasta la muerte a Maruja en un crimen en el que la Fiscalía ve un móvil sexual

Tiene claro el fiscal, Diego Francisco Molina, que Joaquín, la noche del asesinato, y tras llevar un rato viendo porno, cogió una copia de las llaves de su casa (copia que tenía su madre), entró y, navaja en mano, quiso acostarse con ella. Al negarse la mujer, le asestó tres cuchilladas en el cuello. Tras matarla, le puso un pañuelo en la zona de los cortes, para ocultar las heridas y que se pensase que la señora falleció por causas naturales, y cambió la colcha de la cama manchada de sangre por otra limpia. Dejó la cama hecha y la habitación ordenada. Y se marchó. "Nunca he colocado una navaja en el cuello, ni a mi tia ni a nadie", hizo hincapié el sujeto.

"No sé si han estado ustedes en una matanza: ahí salta sangre", apuntó Pablo Martínez, que aseguró que "nadie limpió la escena del crimen".

"La Constitución española dice que todos tenemos derecho a una defensa", dejó claro el letrado, que citó el caso de Dolores Vázquez para aludir que se llevó "al banquillo a una persona que era inocente. Y un jurado como ustedes la condenó. Si tienen tiempo y tienen Netflix, les aconsejo que vean su documental".

Martínez también recordó que hace unos días titular del Juzgado de Instrucción Nº 4 de Cieza archivaba el procedimiento por acoso que se seguía contra Joaquín por hostigar a su tía abuela.

Diez minutos antes de las doce del mediodía comenzó a declarar el acusado, que aseguró que no solía visitar a Maruja, desde que un sábado por la mañana "compré droga y había quedado con unos amigos para tomar una cerveza, subí, empezó a hablarme, me ofreció un refresco y me dijo que me esperara. Yo tenía ganas de consumir, entré al baño y me metí una raya". "Entró ella y me pilló consumiendo, me dijo que era una vergüenza para la familia y que no volviese más", subrayó.

"Me ponía mucho"

Joaquín manifestó que "jamás" hizo una insinuación sexual a su tía abuela, pues "yo a mi tía la respetaba". Sobre la copia de las llaves de Maruja que guardaba su madre, destacó que "esas llaves no las he visto en mi vida", por lo que no pudo cogerlas para entrar en el domicilio.

Admitió, a preguntas del fiscal, haber tenido conversaciones por mensajería instantánea con otra mujer, vecina del pueblo y esposa de su primo lejano, donde dijo cosas "para acostarme con ella". En algunos mensajes a esa mujer, leídos por el fiscal en la sala y que Joaquín reconoció que había escrito, el sujeto contaba a su amiga que había ido al domicilio de Maruja, se había abalanzado sobre ella y le había quitado el sostén. "Me va a denunciar, estoy 'jiñao'", dice a la mujer. "Me tiré encima", continuaban los mensajes, para relatar que había penetrado a la anciana contra la voluntad de esta porque "me ponía mucho". "Me gustan las viejas", escribió el individuo, que también apuntó entonces que Maruja lloraba mientras él la forzaba.

"Solía ver vídeos porno, vídeos de mecánica y entrevistas con políticos", declara el procesado

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No obstante, "faltan trozos" de la conversación, "están borradas muchas partes", argumentó Joaquín, sin decir cuáles. "Son fanfarronadas, mi objetivo era acostarme con ella (con su amiga), y por eso le dije que me había acostado con su suegra. Como si hubiera tenido que decir que maté a Kennedy". "Esos WhatsApp los escribí con el único fin de acostarme con la mujer de mi primo", dejó claro.

"¿Me puede usted decir qué falta?", le preguntó el fiscal, y el acusado recalcó que "faltan trozos y usted lo sabe, y se sabe", para apuntar que "son conversaciones privadas entre dos personas".

"Yo pensaba darle celos", continuó, y Molina le cuestionó si pensaba darle celos admitiendo haber forzado a una anciana. "He escrito los WhatsApp, eso lo he escrito yo, pero no puedo hacerme cargo de una conversación que tiene cuatro líneas". "Pero en ningún momento maté a nadie ni violé a nadie", insistió.

"Esa conversación es una conversación entre ella y mía (sic), no se corresponde con la realidad. Lo he escrito, claro", precisó Joaquín, ante la insistencia del fiscal. "Nuestras conversaciones no eran muy normales, nosotros llevábamos un rollo", testificó, para tratar de justificar los mensajes.

Sobre por qué no declaró en el juzgado cuando fue detenido, Joaquín espetó: "Tenías cosas más importantes que eso". El fiscal cuestionó qué cosas más importantes había, y el sujeto clamó que "esto es un disparate lo que están haciendo conmigo". La jueza intervino para recordar que en ese momento el individuo tenía derecho a no declarar. Luego su letrado defensor, en su turno, aprovechó para hacerle comentar que sus abogados de oficio le aconsejaron que no declarase.

El día del crimen, según él, se duchó, cenó y se puso "con el teléfono, en el comedor". Ahí estuvo "toda la noche, viendo la tele, hasta las doce que me fui a la cama". "Estuve con mi madre viendo el debate electoral", rememoró.

El acusado se mostró tenso en muchos momentos mientras contestaba al fiscal. "No puede usted contestar con esa agresividad", llegó a cortarle la jueza.

"Solía ver vídeos porno, vídeos de mecánica y entrevistas con políticos", apuntó el procesado, sobre su actividad en Internet. El fiscal fue leyendo su rastro digital y reveló que buscó contactos gais en Molina y en Hellín, que fue entrando en Facebook y que llegó a llamar a una ex. Sobre los periodos sin actividad en el teléfono, reiteró que estaba viendo el debate en la tele. La última búsqueda del día, ya en su cuarto, una entrevista a Abascal en Antena 3. "¿Por qué buscó esa entrevista en Google?", quiso saber Molina. "Curiosidad, me gustan los políticos", respondió.

"Me pongo a ver porno en mi teléfono móvil, como el que ve un vídeo de mecánica. No hay ningún delito en ver porno", sentenció Joaquín, que hizo hincapié en que "nadie, solo yo" cogía su móvil. "No salí de casa de mis padres, mi teléfono lo corrobora", aseveró.

Admitió que una vez mostró su pene a una familiar mayor, su tía abuela Caridad, pero porque él tenía complejo de que sus genitales eran pequeños, no con intención sexual. "Usted me quiere condenar sí o sí y no es así", dijo al fiscal.

Sobre por qué no fue al entierro de Maruja, apuntó que "por un trauma" tras fallecer su primo de leucemia. "No soporto la muerte, por lo que sea, tengo ese problema y me produce ansiedad".

A preguntas de su letrado defensor, Joaquín reconoció haber estado "cuatro meses en un centro de Cartagena" por problemas con la droga, pero que "es una cosa vergonzosa" y la familia quiso ocultarlo a los vecinos del pueblo.

Pablo Martínez también recordó que, cuando estaba detenido y tenía derecho a una llamada, en vez de llamar a un abogado, "llamé a mi jefe, para decirle que iba a llegar un poco más tarde".

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