José Luis tiene 51 años y vive en la calle. En agosto de 2020 entró en un bar de Murcia, él dice que porque vio que la persiana estaba rota, con intención de buscar algo de comida. No solo no la encontró, sino que, al dejar sus huellas por el local, ha acabado imputado por robar con fuerza en las cosas: el fiscal pide para él dos años entre rejas. 

El dueño del bar afirma que se llevaron nada menos que 30 botellas de bebidas alcohólicas, en concreto: doce de whisky, once de ginebra, cuatro de vodka y tres de ron. José Luis insiste en que no hay forma humana de que él cargase con un botín semejante, el cual no ha aparecido. 

"Soy un indigente, pero no soy un ladrón", dice el hombre, que está a la espera de que se fije la fecha de la vista oral

«Lo único que tenía era hambre. Hambre y frío», alega el mendigo, natural de Molina de Segura, que deambula por las calles de Murcia. Aquella noche, en la plaza Jaime Campmany, «vi la puerta abierta y pensé ‘voy a ver si puedo encontrar algo de comer’. No soy ningún delincuente, entré a buscar algo que pudiera servirme de ayuda», es su argumento, tal y como explica a esta redacción su abogado, Álvaro Ortiz.

Álvaro Ortiz, abogado. L.O.

«Él ha reconocido que entró; que, como estaba abierto, se vio obligado a hacerlo. Y pidió perdón», subraya el letrado murciano, que admite que su cliente «estuvo husmeando, tocó botellas, tocó la barra… cuando llegó la Policía Científica de la Policía Nacional, descubrió sus huellas».

Sin ingresos y sin familia

José Luis fue detenido y llevado al Juzgado de Guardia. Con Ortiz como abogado de oficio, el hombre explicó que, aquella noche, él estaba durmiendo en la puerta del bar y, cuando se percató de que el establecimiento estaba abierto, tras haber sido objeto de un asalto, entró «a ver si había algo de comida». En su declaración judicial admitió que tocó las botellas que vio, pero reiteró que no se llevó nada.  

"Entró, estuvo husmeando, tocó la barra... y por eso la Científica descubrió sus huellas en el local"

El hombre también detalló en el Juzgado de Guardia que su hogar era la vía pública, que no tenía trabajo y, por tanto, cero ingresos. Apuntó que únicamente su madre le había ayudado alguna vez.

El molinense llegó a ser declarado en rebeldía: al vivir en la calle, no había un domicilio en el que localizarle y mandarle las citaciones. Ahora él y su letrado están a la espera de que se fije la fecha de la vista oral.

Ortiz insiste en que José Luis «simplemente estaba ahí en el momento equivocado». «Él no tiene nada que ver con los hechos, se metió ahí buscando algo de comida. Lo encontraron en el momento equivocado donde no debía estar», tiene claro el defensor.

Además, el abogado murciano explica que «resulta inverosímil que una persona como él, sin hogar, sin recursos, sin ningún tipo de apoyo ni ayuda familiar, pueda ser capaz de sustraer treinta botellas de un local del centro de Murcia sin ser visto». 

El escrito de acusación del Ministerio Público apunta que el molinense «forzó la puerta del local, penetró en su interior y se apoderó de 550 euros en metálico y de diversas bebidas alcohólicas, por importe de 434 euros». Ahora falta fijar la fecha del juicio. 

«Soy un indigente, pero no soy un ladrón», concluye José Luis.