A mediados de agosto de 2020, Rosalía, la mujer atacada brutalmente con un martillo en Cartagena a manos de su esposo, expiraba en el Virgen de la Arrixaca de Murcia, donde permanecía ingresada desde la agresión, a finales de julio. Ahora, Juan M. G., el agresor confeso de Rosalía, que fue detenido por la Policía el mismo día del ataque, tras llamar él mismo a Emergencias, ha denunciado a los médicos que desconectaron el soporte vital de la paciente, así como a los dos hermanos de la mujer, que autorizaron «la precipitación de su muerte», tal y como se lee en la denuncia presentada por el abogado del hombre ante la Fiscalía, a la que ha tenido acceso este diario. El Juzgado de Violencia Sobre la Mujer N.º 1 de Cartagena mantiene a Juan M. G. investigado por un delito de asesinato, que se prevé sea juzgado por un jurado popular. 

Su defensa, no obstante, apunta que el fallecimiento de Rosalía «no se originó por las lesiones sufridas», sino porque la desconectaron de la máquina que la mantenía con vida en el hospital. Algo que se hizo, sostiene el letrado, sin contar con la opinión de la hija en común de la víctima y el presunto asesino, que admitió, el día de los hechos, ser el autor del ataque. 

Asegura la defensa de Juan M. G. que «no consta en la causa que la paciente presentara ausencia de reflejos cefálicos», así como que «no consta que los médicos practicasen el encefalograma con resultado plano, demostrativo de inactividad bioeléctrica cerebral».

En el escrito dirigido al Ministerio Público, el abogado indica que la muerte de Rosalía «se produjo al intubar a la paciente con un instrumento contaminado», En este sentido, alude a una infección bacteriana «que afectó severamente a sus pulmones, contribuyendo así de forma notable a su fallecimiento».