Joaquín G. V., el acusado de matar a su anciana tía en su domicilio de Abarán el pasado año 2019, se enfrenta no solo a un delito de asesinato: la Fiscalía también lo acusa de una violación consumada, de allanamiento de morada y otra agresión sexual en grado de tentativa cometida contra la mujer, Maruja, que tenía 82 años cuando la mataron en su casa. El Ministerio Público pide para el encausado, de 40 años de edad, quince años de cárcel por la violación, dos por el allanamiento de morada, nueve por la agresión sexual en grado de tentativa y prisión permanente revisable por el asesinato, según se lee en la calificación fiscal del caso. 

Tiene claro la Fiscalía que Joaquín violó a Maruja en enero y que tres meses después, en abril, cogió una copia de las llaves de su casa (copia que tenía su madre), entró y, navaja en mano, quiso tener sexo con ella. Al negarse la mujer, le asestó tres cuchilladas en el cuello. Tras matarla, le puso un pañuelo en la zona de los cortes, para ocultar las heridas y que se pensase que la señora falleció por causas naturales, y cambió la colcha de la cama manchada de sangre por otra limpia. Dejó la cama hecha y la habitación ordenada. Y se fue.

El sujeto está en prisión provisional, aunque recientemente pedía al juez salir de la cárcel. Alegaba que el ADN hallado en la mano de la difunta no es suyo y que no se hallaron sus huellas en el domicilio. La Audiencia Provincial, al desestimar su recurso, recuerda que al principio, cuando hallaron a la octogenaria muerta, se llegó a pensar en un deceso natural, por lo que la vivienda fue limpiada y el escenario del crimen, por ende, contaminado.

También detalla que aún no se ha hecho el informe forense sobre la personalidad del sospechoso y que existe un riesgo de fuga: cuenta con el apoyo de sus padres, que podrían ayudarle a escapar, y hay que tener en cuenta la pena a la que se enfrenta: la máxima que contempla el Código Penal español.