VISITA DE LEÓN XIV
Croquetas, soufflé de 1839 y un rosado que "le gustó mucho": así fue la cena privada del Papa en Madrid
El Pontífice cenó este domingo en el Palacio Episcopal un menú elaborado por el bicentenario restaurante madrileño, con producto español, vinos leoneses y un servicio dirigido por Abel Valverde

Croquetas Lhardy. / Archivo
Andrea San Martín
El Papa León XIV no cenó anoche en Madrid un menú cualquiera. Sobre la mesa del Palacio Episcopal desfilaron algunas de las recetas más reconocibles de la tradición española: jamón ibérico, croquetas de cocido, gazpacho con centollo, mero del Cantábrico y el histórico soufflé de Lhardy, uno de los restaurantes más emblemáticos de la capital.
La cena, servida en la residencia del cardenal arzobispo de Madrid, don José Cobo, tuvo sabor castizo, producto de excelencia y un fuerte componente simbólico: mostrar al Pontífice una parte de la identidad gastronómica española a través de una casa fundada en 1839 y ligada desde hace casi dos siglos a la vida social, política y cultural de Madrid.
"La idea era ofrecer una comida con arraigo, muy representativa de la tradición española, pero desde la elegancia y el respeto que requería una ocasión así", explica a El Periódico de España Abel Valverde, director de los restaurantes Desde 1911 y Lhardy, y de Pescaderías Coruñesas. "Fue una oportunidad única", sostienen desde la Real Academia de Gastronomía que, a través de esta propuesta, ha tenido la ocasión de mostrar al Santo Padre cómo la gastronomía española ejerce como "vehículo de cultura, identidad y hospoitalidad", subraya.
Croquetas, gazpacho y soufflé: la España más reconocible en la mesa
La cena se celebró en la residencia del cardenal arzobispo de Madrid, don José Cobo, anfitrión de una velada que buscaba mostrar al Pontífice una fotografía gastronómica de España: recetas reconocibles, producto de excelencia y algunos bocados muy ligados a la tradición madrileña.
El arranque fue de alta despensa: jamón ibérico de Huelva, salmón ahumado ecológico de Pescaderías Coruñesas y las famosas croquetas de cocido de Lhardy, una de las elaboraciones más identificables de la casa.
Después llegaron la ensaladilla de quisquilla de Motril, la tortilla de patata y un gazpacho con txangurro de centollo gallego. Como principal, el equipo sirvió mero del Cantábrico a la parrilla con verduras. Y, para terminar, el soufflé de Lhardy, ese postre que forma parte de la liturgia gastronómica del restaurante.

Fachada de Lhardy, considerado el primer restaurante de lujo de Madrid. / ALBA VIGARAY
"Fue un desafío y un honor", resume Valverde. "Ocasiones como esta hay pocas, al margen de si uno es creyente o no. Por la personalidad del Papa y por la importancia del servicio público que representa, era una experiencia única".
El servicio estuvo formado por unos 17 trabajadores de Lhardy, Desde 1911 y Pescaderías Coruñesas. La cena comenzó tras finalizar el encuentro del Papa con la sociedad civil en el Movistar Arena, sobre las 19:30 horas, y terminó en torno a las 21:30, sin llegar a las dos horas.
Según Valverde, el Papa León XIV se mostró cercano y quiso saludar personalmente a los asistentes. "Fue muy amable y quiso honrar a todos con un saludo, y eso para el equipo fue algo muy emocionante", añade.
El brindis leonés y el gesto final al Papa
También hubo protagonismo para los vinos leoneses. Se sirvieron tres referencias: el rosado Trapera 2024, de la D.O. León; el tinto Ultreia Villegas 2023, de la D.O. Bierzo; y el blanco Cuvée Lhardy 2024, elaborado con godello por Raúl Pérez, también en la D.O. Bierzo. "Le gustó mucho el rosado", apunta Valverde.
La familia García, propietaria de Pescaderías Coruñesas y al frente de Lhardy desde 2021, quiso además tener un gesto con el Pontífice. Diego García y Paloma García le entregaron, en nombre de la casa, un delantal vinculado a la historia de la pescadería.
El detalle cerró una noche en la que Madrid enseñó al Papa una parte de su identidad más reconocible: la de los restaurantes históricos, el producto bien tratado y las recetas que sobreviven al paso del tiempo. Anoche, esa memoria salió de la Carrera de San Jerónimo para instalarse durante unas horas en el Palacio Episcopal. Y lo hizo en forma de croqueta, gazpacho, mero, vinos del Bierzo y soufflé.
Fuente: El Periódico de España
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